Reconstruido por primera vez el rostro de un hombre de hace 9.500 años

Reconstrucción facial

Reconstrucción facial basada en los restos encontrados dentro de la Calavera de Jericó.

Usando un cráneo impreso en 3D y el modelo de una mandíbula inferior masculina de otro yacimiento del Neolítico cercano a Jericó, los expertos forenses de RN-DS Partnership pudieron reconstruir la musculatura facial usando la reconstrucción digital de los restos del interior de la Calavera de Jericó, creando los pómulos, orejas y labios de yeso hasta llegar al hueso original de hace más de 9.000 años. 


10 de enero de 2016

 

 

Gracias a la concienzuda labor de los científicos, la Calavera de Jericó, uno de los objetos más importantes del Museo Británico, ha mostrado el rostro de un hombre cuyos restos fueron adornados y venerados, una de las prácticas rituales más antiguas, hace 9.500 años.

 

Vídeo: Puedes ver los pasos que siguieron los investigadores para reconstruir la cara del hombre de la Calavera de Jericó aquí

 

La Calavera de Jericó es también el retrato más antiguo de este museo, y, hasta hace poco, el más enigmático: una calavera humana incompleta cubierta de yeso deteriorado, con dos conchas en los huecos de los ojos que observan el exterior.

Ahora, gracias a las imágenes digitales, la impresión 3D y las técnicas de reconstrucción forenses, los especialistas han recreado la cara de la persona que escondía la Calavera de Jericó – y resulta que pertenecía a un hombre de algo más de 40 años con la nariz rota.

 

Para aprender más: Descubren a nuestro primer antecesor

 

Un descubrimiento sin precedentes

La Calavera de Jericó es una de las siete calaveras enyesadas y ornamentadas del Neolítico que extrajo la arqueóloga Kathleen Kenyon en 1953 del yacimiento de Tell es-Sultan, cerca de la moderna ciudad de Jericó. El descubrimiento, un hallazgo arqueológico que le proporcionó a Kenyon fama internacional, fue publicado por primera vez en National Geographic en diciembre de ese mismo año.

“Nos dimos cuenta con la emoción del descubrimiento que estábamos viendo el retrato de un hombre que vivió y murió hace más de 7.000 años” escribió Kenyon, describiéndole a los lectores de Geographic el momento en el que se dio a conocer la primera calavera. “Ningún arqueólogo [sic] había imaginado que esta obra de arte podía existir”.

Aunque diferían en algunos detalles, las siete calaveras habían sido rellenadas de arena para sujetar los huesos más delicados antes de aplicar el yeso húmedo para acentuar los rasgos faciales individuales, como orejas, mejillas y nariz. Utilizaron conchas pequeñas para representar los ojos, y aún quedaban restos de pintura en algunas de las calaveras.

Desde el descubrimiento de Kenyon, se han descubierto más de 50 calaveras como estas en yacimientos del Neolítico situados desde Oriente Medio hasta Turquía. Aunque los investigadores parecen estar de acuerdo en que estos objetos representan una forma primigenia de adoración a los antepasados, se sabe muy poco acerca de a quién y por qué se elegía hace cientos de años para ser inmortalizado en yeso.

Se han examinado otras calaveras enyesadas del Neolítico, pero los restos de esqueleto que esconde la Calavera de Jericó son los primeros impresos en 3D y reconstruidos pericialmente.

 

Galería de imágenes: Reconstrucción de la Calavera de Jericó

 

Separando el yeso del hueso – virtualmente

La Calavera de Jericó llegó al Museo Británico de Lóndres en 1954 y el resto de cráneos del Neolítico de Kenyon se repartieron por museos de todo el mundo para ser estudiadas. Sin embargo, los intentos para obtener más información de estos insólitos objetos fueron en vano.

El paso de los años ha borrado del recubrimiento de yeso muchos detalles físicos, y los escáneres de rayos X convencionales no conseguían diferenciar entre el hueso y el yeso debido a su similar densidad. El resultado era “una mancha blanca en una placa de rayos X”, explica Alexandra Fletcher, conservadora del Antiguo Oriente en la Fundación Raymond and Beverly Sackler, que además lideró el proyecto de reconstrucción para el Museo Británico.

 

Puedes visitar la reconstrucción 3D interactiva de la Calavera de Jericó, aquí

 

Fue en 2009 cuando por primera vez los investigadores pudieron, por fin, ver los restos humanos bajo el yeso, cuando la Calavera de Jericó pasó una micro TC. El escáner mostró un cráneo adulto (al que se le había quitado la mandíbula inferior), más probable de hombre que de mujer. Tenía el tabique roto y le faltaban los molares de la parte posterior. Se había perforado el cráneo por la parte trasera para poder rellenarlo de yeso, y los escáneres revelaron incluso huellas de hace 9.500 años de alguien que cerró este agujero con arcilla fina.

 

El retrato más antiguo del Museo Británico tiene nueva cara

En 2016 el Museo Británico creó un modelo 3D del cráneo usando los datos de la TC, permitiéndoles aprender más sobre el hombre del Neolítico encerrado en la Calavera de Jericó. Por ejemplo, mientras que los escáneres sugerían que podría tener la nariz rota, el modelo 3D demostró la gravedad de los daños.

El equipo de Fletcher decidió ir más allá, y creó un modelo de la calavera usando una impresora 3D. Después, contrataron al equipo de RN-DS Partnership, una empresa especializada en reconstrucción facial forense.

Usando el cráneo que habían impreso y el modelo de una mandíbula inferior masculina de otro yacimiento del Neolítico cercano a Jericó, los expertos forenses pudieron reconstruir la musculatura facial usando la reconstrucción digital de los restos del interior de la Calavera de Jericó, creando los pómulos, orejas y labios de yeso hasta llegar al hueso original de hace más de 9.000 años.

Es como si revirtiéramos el proceso que hicieron en el Neolítico”, explica Fletcher, orgullosa de que el retrato más antiguo del Museo Británico por fin tenga cara. 

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