¿A qué puede aspirar España en su reconstrucción?

Asier Martiarena
·4 min de lectura
digital transformation concept in business, disruption
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2021 estará marcado en sus primeros meses por la vacunación paulatina de la población para tratar de dejar atrás los capítulos más oscuros de la pandemia. Para lo que no hay antídoto, sin embargo, es para la politización de todos y cada uno de los temas de debate del país. Ni siquiera la comisión parlamentaria para la Reconstrucción Social y Económica de España se libró en 2020 de convertirse en arma arrojadiza entre partidos. Es cierto que el CIS hace años que no pregunta por la monarquía, pero tampoco estaría de más que sometiera a examen los objetivos partidistas a corto plazo que condicionan cualquier viso de recuperación cuando el país se enfrenta a su peor recesión desde la Guerra Civil. Para ello contará, a priori, con 140.000 millones de euros del fondo europeo. Ahora bien. ¿A qué los va a destinar el Gobierno? ¿Qué puntos débiles tiene? ¿Cuáles son los fuertes? ¿Dónde están las oportunidades de crecimiento?

A pesar de las pugnas y de la guerra de siglas, el dictamen de la Comisión para la Reconstrucción muestra una hoja de ruta que permitiría a España acortar, de una vez por todas, las distancias que presenta con el resto de los países miembros. Un plan que asiente las bases del crecimiento económico sobre un modelo diferente al del ladrillo y el turismo.

Para ello se apuesta por la investigación y el desarrollo. El famoso I+D+i del que tanto se jactan los partidos en campaña y del que poco se habla una vez superadas las elecciones. Esto es así porque así lo demuestran los datos. En época de pocas certezas económicas, el sector tecnológico es el que menos ha sufrido. Justo en donde España flojea más. Por eso es importante que el Congreso de los Diputados haya arrancado un acuerdo general para llegar paulatinamente en 2025 a una inversión del 2% del PIB en este campo. ¿Es mucho? ¿es poco? Pues las dos cosas. Es casi el doble de lo que se invierte ahora, pero muy lejos del 3,1% que invierte Suecia. Solo estamos mejor posicionados que Grecia, Bulgaria, Lituania, Polonia y Portugal.

Otra de las patas de la reconstrucción está encima de nuestras cabezas. Siendo España una potencia mundial de luz solar, lo que hay que hacer es dejar de invertir únicamente para que broncee a los turistas, y hacerlo para transformarlo en energía solar. España debería aspirar a ser el mayor laboratorio europeo de tecnologías eléctricas en el sector de la automoción o en el de los hogares y comunidades energéticamente inteligentes.

Esta es la zanahoria que cuelga del palo: Se espera que la energía solar se convierta en la mayor fuente de generación de electricidad en Europa para el año 2050. Lo ideal sería que la mayor parte de esa energía se generara en nuestras fronteras y se consumiera en base a tecnologías creadas y optimizadas también en nuestro país.

Es así como los partidos también han acordado, entre otros, desarrollar una Ley de start-ups y empresas innovadoras, promover una reforma de la Política Agrícola Común (PAC) que garantice la triple sostenibilidad económica, social y medioambiental durante el periodo 2021-2027 y desarrollar Planes de Impulso a la cadena de valor de la Industria de la Automoción.

Hay un mundo de posibilidades y promesas, pero para no perdernos en términos económicos, se puede resumir en el intento de que la actividad económica de España deje de ser periférica y se integre con la de Francia y Alemania. ¿Cómo? Básicamente siendo verdes, como ya ha quedado claro en párrafos anteriores, y digitales. Potenciar la digitalización de España ofrecerá muchas más oportunidades para atraer sectores líderes, empresas exportadoras y el despliegue de las famosas clouds.

Para entenderlo fácilmente piensen en qué sectores pararon totalmente durante el estado de alarma y cuáles no. Si se cambian los modelos de negocios y en caso de otra situación similar fueran más los sectores que no pararon... España sufrirá menos en futuras embestidas. Eso puede ayudar a que no dependemos de la estacionalidad, es decir, del buen tiempo. Porque el turismo va a tardar mucho en volver a ser lo que fue. Los turistas no viajan con tanta alegría. Menos aun cuando todavía hay riesgos constantes de rebrotes. Revertirlo permitiría a España ser menos vulnerable a los caprichos de los países que tiran de la locomotora europea.

Lo malo de todo esto es que los recursos que aportará la Unión Europea son limitados y escasos. Lo bueno es que hay posibilidad de ampliación para los países que vayan alcanzando los hitos fijados. Es decir, que trabajando todos a una en las grandes líneas, España tiene margen para el crecimiento. Más incluso que otros países miembros. Pero si las disputas constantes entre partidos retrasan la puesta en marcha del plan, la UE cortará el grifo y España pasará a ser un enfermo terminal en materia económica.

En vídeo | Borrell: Los fondos son la respiración asistida a una economía "en coma"

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