Caldo de cebolla y bacon, trucos para un solomillo Wellington rico

Hay recetas con un nombre de lo más sonoro, que nos retrotraen a épocas pasadas, bandejas doradas y mesas llenas de candelabros. Es el caso del solomillo Wellington, que no es ni más ni menos que un solomillo de vacuno o de buey envuelto en masa de hojaldre y horneado. El apellido del plato sugiere que el Duque de Wellington tuvo algo que ver en su aparición, aunque esto no está del todo claro. Nos referimos a Arthur Wellesley, primer Duque de Wellington y gloria nacional inglesa que acabó derrotando a Napoleón en la batalla de Waterloo. Eso sí, no está claro si se apropió de la receta para celebrar su triunfo militar o si el plato se llama así debido a que se lo comía en plan empanada entre batalla y batalla. Hay fuentes que dicen que el nombre podría venir de su similitud con las botas de el duque llevaba... Esto ocurrió a principios del siglo XIX y el plato como tal no vuelve a aparecer con ese nombre hasta principios del siglo XX en recetarios y libros de cocina.

El solomillo Wellington, un clásico no tan difícil de hacer. Foto: Getty Creative

Dudas sobre su origen aparte, el solomillo Wellington es uno de esos platos más grandes que la vida y ha seducido a chefs de todo el mundo desde siempre. Uno de ellos es Javier Aranda, con dos estrellas Michelin por sus restaurantes Gaytán (Madrid) y Retama (Ciudad Real) y que nos cuenta cuáles son sus claves para que nos quede estupendísimo.

Ingredientes:

Un solomillo de vaca entre 600 y 800 gramos

100 gramos de leche entera

100 gramos de aceite de girasol

100 mililitros de vino blanco

Un par de cebollas

Bacon para cubrir el solomillo

Queso parmesano

Un huevo

Un vasito de leche

Sal

Preparación:

Lo primero que hacemos es limpiar “el solomillo, que debe tener un peso entre 600 gramos y 800 gramos para que sea suficiente para cuatro personas. Le quitamos la grasa y las telillas”, explica Aranda.

A continuación, hay que preparar la masa del hojaldre. “Ponemos a hervir la leche, el aceite y el vino blanco y cuando estén en ebullición, añadimos la harina poco a poco para ir generando la masa. Añadimos un pellizcos de sal y amasamos hasta que obtengamos una masa totalmente homogénea”, cuenta Aranda. “Ahora hay que dejar que esta masa repose durante unos 40 minutos.

La clave es que la carne quede jugosa y el exterior crujiente. Foto: Getty Creative

Por otro lado, ponemos a cocer un par de cebollas en abundante agua. “Ese caldo de cebolla que se genera nos interesa para ponerlo a hervir y sumergir el solomillo durante unos segundos por ambos lados. Esto va a hacer que la carne adquiera un punto muy interesante”, explica el chef.

A continuación, “secamos la carne para quitarle la humedad del caldo y lo envolvemos en bacon en tiras y espolvoreamos con queso parmesano”, dice Aranda. Es el momento de estirar bien la masa de hojaldre y envolver totalmente el solomillo, que debe quedar totalmente cubierto.

“Antes de meterlo en el horno, batimos un huevo y lo mezclamos con un vasito de leche para pincelar el hojaldre y que nos quede dorado”. Con el horno previamente precalentado a 220 grados, metemos el solomillo y lo dejamos “unos 20 minutos” a esa misma temperatura hasta que el hojaldre esté totalmente hecho. Hay que dejarlo reposar durante un cuarto de hora antes de comerlo. Bastante más fácil de lo que parece y muy rico. Aquí va la versión de Gordon Ramsey por si aún quedan dudas. Quedan todas resueltas en menos de tres minutos.

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