¿Qué es una recesión y por qué EE. UU. dice que todavía no la ve cerca?

Con una caída interanual del 0,9% en el segundo trimestre de 2022, Estados Unidos acumuló dos trimestres consecutivos en terreno negativo. Según la definición común usada por el mercado, el país entró en recesión. Sin embargo, para el presidente Joe Biden todavía no están dadas las condiciones para hablar de este fenómeno. Lo explicamos.

La recesión vista como dos trimestres consecutivos de contracción económica es un concepto de larga data utilizado por analistas de todo el mundo. Pero no está escrito en piedra.

En Estados Unidos, el Producto Interno Bruto (PIB), que calcula el valor de la producción nacional de bienes y servicios, se contrajo en 0,9% en el segundo trimestre de este año frente al mismo periodo de 2021.

Se trata de la segunda caída en línea después de la del primer trimestre de 1,6%, un escenario que, para lo más apegados a la regla tradicional, implicaría una recesión, es decir, que la economía cerró un ciclo de crecimiento para iniciar uno de decadencia.

No obstante, la definición más ampliamente aceptada en ese país es la de la Oficina Nacional de Investigación Económica, un grupo de economistas sin fines de lucro que cree que una recesión la produce "una disminución significativa en la actividad económica que se extiende a lo largo de unos pocos meses”.

Más allá de dos trimestres de descensos, este comité evalúa una amplia gama de factores antes de declarar públicamente la muerte de un periodo de expansión económica y el nacimiento de una recesión. Para la Casa Blanca y la Reserva Federal, el de Estados Unidos no es el caso.

¿Recesión o no?

El presidente Joe Biden y los funcionarios del Banco Central coinciden en que, en esos seis primeros meses de contracción, la alta inflación no es lo único que importa. Las empresas y otros empleadores agregaron la prodigiosa cifra de 2,7 millones de puestos de trabajo, más de lo que se ganó en la mayoría de los años anteriores a la pandemia.

Los salarios también están aumentando a un ritmo saludable y muchos empleadores aún luchan por atraer y retener suficiente fuerza laboral. Además, el gasto de los consumidores mantiene una tendencia al alza.

Esa solidez del mercado laboral es una razón clave por la cual la Reserva Federal viene aumentando fuertemente su tasa de interés, pues cree que la economía debería ser capaz de soportar intereses más altos sin necesidad de entrar en recesión. Muchos economistas, no obstante, dudan de esa afirmación.

La inflación está descontrolada, con más del 9% anual que la ponen en su peor marca en casi 41 años. Los rápidos aumentos de precios, particularmente de artículos esenciales como alimentos, gasolina y alquileres, han erosionado los ingresos de los estadounidenses y han llevado a una visión mucho más pesimista de la economía.

Recesión o no, la economía estadounidense no rueda como se quisiera. Muchas personas ahora se sienten más agobiadas económicamente, con aumentos salariales que no crecen al mismo ritmo que los precios de la canasta familiar.

Con una FED dispuesta a hacer todo a su alcance para frenar los precios, las tasas de interés son su mejor arma. Sin embargo, los tipos más altos alteran la disposición de las empresas a invertir, lo que podría ralentizar la contratación o conducir eventualmente a despidos.

Con menos empleos y un público más temeroso, el gasto se contraería. Y si eso pasara, se allanaría el camino para entrar en un verdadero periodo de recesión prolongada, el escenario que todos temen pero del que muchos todavía no se atreven a hablar.

Con AP, Reuters, EFE

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