En la rebelde Nasiriya, la juventud iraquí planea boicotear las elecciones

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Anas no irá a votar en las legislativas del 10 de octubre en Irak porque, para él, las elecciones están "amañadas por las armas y el dinero". Este malestar es compartido por muchos jóvenes en Nasiriya, una ciudad pobre del sur de Irak convertida en epicentro de las protestas antigubernamentales.

El desierto se extiende hasta donde alcanza la vista y, en medio, se levanta esta ciudad rebelde. Con medio millón de habitantes en su mayoría chiitas, Nasiriya se encuentra en el eje viario que cruza Irak de norte a sur.

Más que otras urbes, se siente abandonada por Bagdad, 350 km al norte. La pobreza aquí no es una palabra vacía. Faltan infraestructuras y abundan los cortes de electricidad debido a la falta de inversión.

Dos años después del levantamiento popular de octubre de 2019, las protestas decayeron en Irak, pero en Nasiriya persiste el malestar.

Regularmente, los jóvenes organizan concentraciones en lugares públicos, mostrando retratos de los "mártires" caídos durante las manifestaciones.

En las calles, apenas hay carteles electorales y cuando aparecen son rápidamente dañados.

En Nasiriya los candidatos centran su campaña en las redes sociales.

Anas, de 21 años, forma parte del 40% de jóvenes iraquíes desempleados.

Recientemente diplomado en economía y gestión, alberga poca esperanzas de encontrar trabajo. Todavía menos de ver un verdadero cambio si vota en las elecciones anticipadas del 10 de octubre.

"En Irak, las elecciones están trucadas", asegura Anas, que critica la omnipresencia de armas y dinero en el escrutinio. "No puedo votar con una pistola en la sien", afirma.

- "Amigos muertos" -

Estos comicios son una concesión de las autoridades ante el malestar popular. Pero importantes figuras de la oposición optaron por boicotearlas.

Como buena parte de los jóvenes iraquíes, Anas se implicó políticamente en otoño de 2019 con ese inmenso e inédito movimiento de protesta en contra del poder y de la corrupción.

"Yo era alguien normal, iba a la facultad, enviaba mensajes a mi pareja, estudiaba", recuerda.

"Pero después de la revolución de octubre, sentí que tenía una responsabilidad, que tenía un lugar en la sociedad, que era escuchado", añade.

Pero las manifestaciones fueron reprimidas con sangre. Al menos 600 personas murieron y decenas de miles fueron heridas.

Las facciones armadas proiraníes, reagrupadas en el movimiento Hashd al Shaabi y actualmente integradas en el Estado, fueron acusadas por los militantes como responsables de la represión, así como de decenas de secuestros, asesinatos o intentos de asesinato contra figuras de estas manifestaciones.

En este contexto, es difícil hacer campaña. Muchos jóvenes rechazan el conjunto de la clase política, a la que reprochan estar conchabada con Estados Unidos o con el influyente vecino iraní.

"Es difícil para un candidato hacer campaña en Nasiriya, sobre todo después de octubre (de 2019) y de las masacres que tuvieron lugar", dice Haider Jaafar, de 23 años.

"Algunos opinan que cualquier candidato puede estar vinculado de cerca o de lejos al asesinato de sus amigos", añade.

Haider recuerda el 28 de noviembre de 2019 en el que 85 manifestantes murieron en Nasiriya, incluidos amigos suyos.

"A nuestra edad, no deberíamos ver amigos muertos, bañados en su propia sangre", lanza.

- Impunidad -

El gobierno prometió que "los responsables de las muertes de manifestantes rendirían cuentas en seis meses", argumenta. "No hemos visto nada", asegura.

Tras estudiar enfermería, Haider espera todavía un empleo en la sanidad pública y, mientras, ha decidido trabajar en la distribución de productos cosméticos.

"Pensábamos que las elecciones eran la única manera de cambiar las cosas", reconoce.

"¿Pero cómo podemos organizar un escrutinio con tantas armas en circulación sin ningún control y cuando los partidos tienen tanta influencia y amasan tanto dinero?", se pregunta.

Para Muntazer, estudiante de ingeniería médica en Azerbaiyán, los únicos con los que puede simpatizar son los candidatos independientes.

La nueva ley electoral debería beneficiarlos a expensas de los tradicionales bloques políticos del país.

"No importa que haya uno o diez independientes que ganen las elecciones, pero pueden convertirse en una herramienta de presión" en la Asamblea Nacional, confía Muntazer.

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