Realmente podemos sentir el dolor de los demás

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An accident on a football pitch, football training concept.
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Realmente podemos sentir el dolor de los demás. Fisiológicamente, a nivel neurológico, en nuestro cerebro, la empatía y el dolor - dolor propio - se procesan en el mismo lugar. Y los mecanismos que ayudan a reducir el dolor físico, como los analgésicos, también reducen el procesamiento de la empatía.

Todo esto se explica en un artículo reciente. Un artículo que tiene un diseño experimental muy complejo, empleando imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI por sus slgas en inglés) para comprobar el flujo de sangre del cerebro. Pero en realidad, el diseño se puede simplificar de una manera directa para poder entenderlo.

Los investigadores cogieron un gran número de voluntarios, y los dividieron en dos grupos. Al primer grupo les dieron un analgésico aprobado para su uso en humanos, muy potente y altamente eficaz pero muy caro... que en realidad era placebo. Es decir, a los participantes se les dijo que estaban tomando una sustancia que iba a reducir el dolor que notasen, pero en realidad no se les dio nada.

Esto se conoce como "analgesia por placebo" y se sabe que cumple su cometido: no modifica en nada el funcionamiento biológico, pero limita o reduce la percepción del dolor. De esta manera se puede comprobar cómo procesa la información el cerebro sin causar daños.

Bien, a esta mitad de participantes se les dio el placebo y se esperó a que surtiese efecto. Todos los pacientes notaron los efectos del analgésico, y en ese momento comenzó el experimento. Cada paciente recibía una descarga eléctrica, la mitad de ellos muy baja para causar dolor, y a la otra mitad de una intensidad algo mayor para que causase dolor. Las intensidades se regularon previamente para cada paciente, ya que cada persona tenemos un umbral de dolor distinto. A esta parte la llamaron "dolor propio"

También se les presentaron imágenes que mostraban a una persona que acababan de conocer sufrir algún tipo de daño. A esto lo llamaron "dolor empático", y pidieron a cada participante que diese una puntuación de cómo de incómodos les hacía sentir el "dolor empático"

Los resultados eran claros. El efecto placebo del analgésico hacía que la gente sintiese menos dolor del que se esperaba, que era lo que se esperaba. Pero también reducía la incomodidad con la que valoraban el dolor empático. La analgesia funcionaba también ahí. También es interesante que los que recibieron la descarga menor, la que no podía - o al menos, no debería - generar dolor, mostraban menos empatía.

Pero al principio hemos dicho que había dos grupos, y que uno recibía el analgésico placebo. ¿Y el otro? Los participantes en el otro grupo también recibían un placebo, y al cabo de 15 minutos otro medicamento que sirve para revertir el efecto de los analgésicos. En este caso, un medicamento real, y no un placebo.

De esta manera, los investigadores podían comprobar si la pérdida de empatía provocada por la analgesia también era reversible. Y de hecho, con los resultados del experimento, esto fue exactamente lo que encontraron: utilizar un anti-analgésico devolvía los niveles de empatía.

Las imágenes de fMRI, por su parte, demostraron que en las dos partes del experimento, las zonas del cerebro que recibían activación, y que por lo tanto podemos asumir que son las áreas donde se procesa esta información, eran las mismas. Que el dolor propio y el dolor empático se procesan en el mismo lugar.

Que, en resumen, sentimos literalmente el dolor ajeno igual que el propio.

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