La realidad impone un cambio en la naturaleza del G20

La realidad impone un cambio en la naturaleza del G20

El G20 es una institución multilateral destinada a gestionar la globalización desde su concepción, a finales de los años noventa, cuando se celebró la primera cumbre de líderes en noviembre de 2008, en Washington.

El anfitrión fue el presidente estadounidense George W. Bush, que estaba a punto de concluir su segundo mandato dejando el escenario a un recién elegido Barak Obama.

El mundo y su llamado orden global entraban en una era de turbulencias tras el verano de 2008 con la crisis de las hipotecas que desencadenó en la crisis financiera más grave que ha conocido el mundo desde el hundimiento de Wall Street en 1929, y la guerra relámpago de Rusia contra Georgia.

El G20 era, y sigue siendo, supuestamente una plataforma común para la gobernanza global que ahora reúne a los miembros del G7 tras la expulsión de Rusia del G8 en 2014, la UE y los países emergentes, los llamados BRICS, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

La intención de los líderes mundiales a principios del nuevo milenio era evitar una expansión caótica del mercado a nivel global a través de la creación de un foro para regular las cuestiones macroeconómicas, las grandes contradicciones políticas y los desequilibrios comerciales.

La idea era reducir la incompatibilidad del estado de derecho, los derechos sociales y los estándares medioambientales entre sus miembros para asegurar y controlar el ritmo acelerado de la globalización reduciendo las barreras legales entre bloques y países y elevar esos estándares en las normas emergentes

El resultado fue que los intereses de las democracias entraron en conflicto con los de sistemas autoritarios como los de China y Rusia. La crisis crediticia, la crisis de la deuda, las pandemias y la guerra de Ucrania han colocado a la globalización en punto muerto.

Las cosas han cambiado drásticamente desde que Xi Jinping se convirtió en presidente de la República Popular China. La política de puertas abiertas de Hu Jintao quedó definitivamente suprimida, como el mundo ha podido comprobar recientemente por televisión. Para sobrevivir, el G20 tiene que cambiar su naturaleza y prepararse para gestionar una Segunda Guerra Fría en lugar de una globalización ordenada.