Cinco razones para no dormir nunca en este Parador

Eduardo Loren
Parador de Santo Estevo.

Alejado del mundanal ruido, un monasterio benedictino reina en el corazón de Galicia, en pleno centro de la Ribeira Sacra. La magia recorre este espacio natural de espectacular belleza en el que confluyen los ríos Miño y Sil. Allí se encuentra desde hace 15 años el Parador de Santo Estevo. El edificio que alberga este hotel de cuatro estrellas y 77 habitaciones fue declarado Monumento Histórico Artístico en el año 1923.

Dormir en este peculiar lugar resulta toda una experiencia no apta para todos los públicos, he aquí las cinco razones por las que quizás no deberías alojarte nunca allí:

1. Si prefieres la comida basura

Parador de Santo Estevo.

Si eres un amante de la comida basura de ciertas cadenas de restaurantes, seguro que no te gusta nada la oferta gastronómica que tiene este Parador.

Bajo una impresionante bóveda de piedra de 14 metros de altura, el restaurante Dos Abades, ubicado en las antiguas caballerizas del monasterio, ofrece excepcionales platos tradicionales de Galicia. El resultado es espectacular: los usuarios de El Tenedor le dan una valoración de 9,1 puntos sobre 10.

El monasterio está rodeado de un bosque de robles y castaños. Por eso, uno de los productos locales protagonistas en su cocina es precisamente la castaña y uno de sus platos estrella son los huevos rotos con salteado de castañas pilongas y chorizo de manzana. Tampoco se puede dejar de probar el pulpo a la parrilla con salteado de grelos, así como postres como la bica de Castro Caldelas y las filloas. Obviamente, no hay mejor compañía para la comida que los vinos de la denominación de origen Ribeira Sacra. Aquí puedes ver más platos de la carta

2. Si te asusta la oscuridad

Parador de Santo Estevo.

Si se llega por la noche al Parador a través las sinuosas carreteras de Galicia, los viajeros apenas verán nada a través de las ventanillas del coche. Todo es oscuridad en ese frondoso bosque de la Ribeira Sacra en el que no se escucha ningún ruido. De repente, aparece como de la nada el monasterio de Santo...

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