La razón que condena a Marine Le Pen a ser una eterna perdedora

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Las elecciones regionales francesas, cuya segunda vuelta se ha celebrado este 27 de junio, han vuelto a constatar las dificultades que tiene la Agrupación Nacional, el partido de extrema derecha liderado por Marine Le Pen, de transformar todo su apoyo popular en cargos de responsabilidad en las instituciones.

Pese a que desde hace años las encuestas machaconamente sitúan a la formación en las posiciones de cabeza, los comicios muestran las limitaciones del partido. Y la principal es ese cordón sanitario acordado por el resto de fuerzas que hasta ahora han hecho imposible su asalto al poder.

Marine Le Pen tras la derrota en las regionales de la Agrupación Nacional. (Photo by GEOFFROY VAN DER HASSELT/AFP via Getty Images)
Marine Le Pen tras la derrota en las regionales de la Agrupación Nacional. (Photo by GEOFFROY VAN DER HASSELT/AFP via Getty Images)

Hace ya una década que Marine Le Pen se convirtió en la presidenta de la Agrupación Nacional, entonces Frente Nacional, en sustitución de su padre. Se la describía como más moderada, lo que teóricamente abría el camino para llegar a un electorado más amplio y así evitar el rechazo que producía la formación en amplias capas sociales. Sin embargo, pese a que el partido ha sido capaz de atraer a más votantes, lo cierto es que su líder no ha hecho más que acumular derrotas año tras año.

Cierto es que consigue liderar las encuestas e incluso puede llegar a ser la fuerza más votada en las primeras vueltas, pero en la práctica alcanzar las instituciones es una quimera porque todas las fuerzas políticas, desde la derecha tradicional hasta la extrema izquierda, están comprometidas en evitar que la Agrupación Nacional gobierne. 

Por eso, han sido frecuentes los pactos o los llamamientos a votar al enemigo clásico para evitar que la extrema derecha alcance importantes cotas de poder. Y así, en solitario, el partido siempre queda lejos de llegar a gobernar en regiones, alcaldías o el propio país.

Los ejemplos han sido numerosos. De momento son dos las elecciones presidenciales en las que ha concurrido Marine Le Pen, las terceras serán las de 2022, y en ambas se ha encontrado con un muro.

En las primeras, las de 2012, mejoró los resultados de su padre (17,9% de los votos), pero se quedó a diez puntos y 3 millones de votos de poder concurrir en la segunda vuelta. 

En las de 2017 mejoró sus prestaciones (21,3%) y sí se coló en la contienda decisiva, pero entonces fue arrasada por Macron (66,1% frente a 33,9%). 

Y pese a que las de 2022 se presentaban como una batalla nuevamente entre ambos, la holgada victoria de la derecha clásica de Los Republicanos en las elecciones regionales muestra que el partido está muy abierto y que incluso Le Pen podría quedar fuera nuevamente de la segunda vuelta.

Las presidenciales en Francia de 2022 están muy abiertas. (Photo by LUDOVIC MARIN/POOL/AFP via Getty Images)
Las presidenciales en Francia de 2022 están muy abiertas. (Photo by LUDOVIC MARIN/POOL/AFP via Getty Images)

Eso en lo que se refiere a las presidenciales porque en las regionales el baño de realidad ha sido más sonado. Han sido dos los procesos en los que Le Pen era la líder del partido y los dos se han saldado de la misma manera: sin que la Agrupación Nacional consiguiera gobernar en ninguna región.

En el 2015 la formación se impuso en primera vuelta, sin embargo en la segunda quedó muy por detrás de las listas unitarias de la derecha y la izquierda por otro lado y no consiguió el bastón de mando en ninguna de las plazas en las que había liderado en primera vuelta.

En el 2021 ha ocurrido algo similar. Las encuestas le daban el dominio en seis regiones, pero solo logró vencer en una de ellas en primera vuelta (Provenza-Alpes-Costa Azul) y en la segunda fue derrotada, quedando seis plazas en manos de Los Republicanos, cinco en socialistas y Córcega dominada por los nacionalistas. La Agrupación Nacional otra vez de vacío en una constante que siempre se repite y que incluso ya es capaz de desmovilizar a sus votantes (la abstención ha superado el 60% en estos comicios).

Difícil la llegada al Elíseo

Estos resultados son la nueva constatación de que la formación de Marine Le Pen tiene muy difícil alcanzar el poder. No cabe duda que el sistema a dos vueltas le perjudica porque el cordón sanitario actúa de una manera muy efectiva y coarta los apoyos.

El engranaje en este sentido es perfecto. No importa que la Agrupación Nacional venza en primera vuelta porque siempre en la segunda el resto se van a unir para evitar su victoria. La única manera que tendría de burlar esta situación es obteniendo más del 50% de los votos, una quimera en un país en el que hay numerosas opciones políticas.

Descartada la mayoría absoluta que solo pasaría por ensanchar su base aún más (algo harto complicado), la otra opción es que los demás partidos estén por la labor de pactar, igual que ha ocurrido en países como España, donde Vox ha conseguido llegar a acuerdos con el PP o Ciudadanos. 

La foto de Colón de la derecha española junto a la ultraderecha es imposible en Francia. (Photo credit should read OSCAR DEL POZO/AFP/Getty Images)
La foto de Colón de la derecha española junto a la ultraderecha es imposible en Francia. (Photo credit should read OSCAR DEL POZO/AFP/Getty Images)

Sin embargo, en Francia esta posibilidad parece lejana, ya que este partido fue fundado en 1972, hace casi 50 años, y nunca hasta ahora ha ocurrido, habiéndose producido en estas décadas gobiernos tanto conservadores como progresistas. Así, nadie ha dudado en animar a votar en contra de la extrema derecha. 

Muy significativos fueron los comicios del 2002 cuando el padre de Marine se metió en segunda vuelta y los socialistas pidieron a sus votantes que apoyaran a la derecha tradicional. El resultado fue de récord: Chirac sacó un 82,2% de los votos.

Por tanto no parece sencillo que la situación cambie, mientras que el clan Le Pen sigue sumando derrotas. La próxima cita es en 2022 y a día de hoy las posibilidades de que la Agrupación Nacional llegue al Elíseo son ínfimas.

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