Rafuel: "El triunfo no está en los 'likes', sino en la gente que se guarda la receta"

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El 'influencer' gastronómico Rafuel. (Photo: MONEO)
El 'influencer' gastronómico Rafuel. (Photo: MONEO)

Toparse en Instagram con una de las publicaciones de Rafuel es salivar al instante. En apenas 30 segundos enseña a sus más de 668.000 seguidores a preparar desde arroces hasta postres, pasando por platos de cuchara de toda la vida.

Sencillez y cercanía son sus señas de Rafael Antolín. Lo de Rafuel viene de que en el pasado trabajó como comercial de petróleo; convertido desde 2012 en uno de los influencers gastronómicos más famosos y queridos. Tiene 65 años pero conecta muy bien con el público joven: el 15% de sus seguidores tiene entre 18 y 24 años y el 40%, entre 25 y 34.

Algo que nunca falta en su cocina es el jamón, uno de los alimentos que tampoco falla en las mesas navideñas de los españoles, por lo que hemos querido conocer sus secretos para triunfar con él.

“Un buen jamón hay que buscarlo directamente en la tienda. Nunca me llevo el jamón entero, me lo llevo siempre envasado al vacío en bolsitas de 100 gramos”, explica por teléfono a El HuffPost. “Si me lo llevo a casa para cortar tengo que hacerlo en tres o cuatro días porque si no se estropea. De la otra manera, disfruto más tiempo”, añade.

A la hora de comprarlo, él prefiere ir a mayoristas que por “supermarcas” y para servirlo, aconseja poner la bolsa a temperatura ambiente o, incluso, pasarla por un chorro de agua caliente en el grifo: “Y ya lo abro, lo oxigeno un poquito y ya lo tengo a punto para comer”.

Su receta por si sobra la tiene clara. “Dejarlo en la mesa y ya verás cómo se acaba”, dice antes de echarse a reír. Ya en serio, reconoce que hay una receta que le encanta, “que son cuatro patatas fritas, un huevo frito y un jamón ibérico. Para mí éste es el caviar del Mediterráneo, ¡que se pongan como quieran!”. Cómo no, vuelve a reírse.

Jamón aparte, el alimento imprescindible de la Navidad para él es bien distinto: “Navidad es estar con tus seres queridos, pero no tendrían que faltar tres o cuatro barras de turrón para, por lo menos verlo, aunque no lo quieras comer o haya otro postre”. Como recuerda, estos dulces han ido variando con el tiempo y, como le dijo un pastelero hace unos años, ahora “vender turrones es vender bombones baratos”.

Cuatro patatas fritas, un huevo frito y un jamón ibérico. Para mí éste es el caviar del Mediterráneo, ¡que se pongan como quieran!

Las navidades de su infancia sabían a sopa de galets: “Mi madre, que sabía muy bien lo que se hacía al dar de comer a nueve hermanos, ponía muchísima patata, muchísima pelota y era un plato único”.

A lo que no ve mucha lógica es a pegarse el atracón en los días navideños más señalados: “Yo si como mucho no me encuentro bien”. Misma opinión le parecen los menús degustación para cenar de los restaurantes.

Tampoco le ve sentido a regalar aparatos o utensilios sofisticados a los que sean cocinillas en estas fechas y se pone como ejemplo. “Hoy he hecho un vídeo de un foie, de un micuit, y lo he hecho con el horno a vapor. ¿Quieres creer que este horno lo encendí por última vez el año pasado para hacer el mismo micuit y nunca más? Lo compré porque una tienda vaciaba el escaparate y me hacía ilusión porque lo había visto en la escuela de cocina, pero acabas no utilizándolo. Creo que es el aparato más tonto que comprado en mi vida”, reflexiona. Por eso, apostaría por regalar un juego de paellas al foodie de la casa o renovarle una sartén que ya tenga machacada.

Sobre sus referentes entre fogones, enseguida menciona a Jesús Sánchez, de Cenador de Amós (Villaverde de Pontones, Cantabria): “Lo admiro, ya no como cocinero, sino como persona. Tiene tres estrellas Michelin, pero como si no tuviese ninguna, si tiene que limpiar un vaso, lo limpia. Trata muy bien a su gente y el problema de muchos de estos sitios es el mal trato que reciben los becarios”.

La receta de su éxito

Entre sus publicaciones más exitosas, recuerda “unos espaguetis con gambas, que salteaba las cabezas de gambas para hacer una salsita y las flambeaba. Tuvo más de tres millones de visualizaciones. También la tortilla de croissants, que tuvo una brutalidad. Y hace dos semanas hice una lubina al horno, a 200ºC en 10 minutos, con un poco de sal, y ha tenido un millón y medio de visualizaciones”.

En su opinión, Instagram, o al menos sus seguidores, lo que premian son las recetas más sencillas con productos más cercanos: “Si me pusiese a decir ‘necesitamos cilantro, pimienta de Madagascar de mano derecha entrando por la mano izquierda...’ pues a la segunda dices ’a tomar por saco, que esto yo no lo puedo hacer”.

“Cuando la receta es más sencilla, con producto cercanos y alcanzable al bolsillo de todos es triunfal. El triunfo no está en los likes o las visualizaciones, sino en la gente que se ha guardado la receta. Esta de la lubina la guardaron 25.000 personas. Para mí el éxito está en esto. Todo lo demás está bien, pero el éxito está en que la gente se guarde tu receta porque la encuentra sencilla y la ha entendido a la perfección”, agrega.

Si alcanzara el millón de seguidores —hito que espera lograr al cierre de 2022—, su respuesta a cómo lo celebraría deja ver que tiene cuerda para rato en redes sociales: “Si yo tuviera un millón de seguidores, estaría mirando el horizonte de los dos millones”.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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