Por qué nos cuesta tanto entender bien el mensaje de Rafael Nadal

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Rafael Nadal, durante una de las muchas ruedas de prensa que dio en Roland Garros. (Photo by Antonio Borga/Eurasia Sport Images/Getty Images)
Rafael Nadal, durante una de las muchas ruedas de prensa que dio en Roland Garros. (Photo by Antonio Borga/Eurasia Sport Images/Getty Images)

Tras quince minutos de rueda de prensa, llegó la primera pregunta sobre tenis, que Rafa Nadal recibió con la lógica alegría. España lleva aproximadamente una semana preguntándose si el mallorquín seguirá jugando o si se retirará y en este segundo caso cuándo anunciará la noticia. Buena parte de la culpa ha sido del propio Nadal. Sinceramente, no ha sido claro. Que hablara de retirada después del partido contra Shapovalov en Roma tenía sentido. Que lo hiciera justo antes del partido de cuartos de final contra Novak Djokovic nos descolocó a todos.

Desde hace años, el mensaje de Rafa Nadal ha sido "estoy lesionado, me duele una barbaridad, no me puedo curar... pero vamos a intentarlo". Este último año, el mensaje se ha intensificado con un punto negativista que ha calado profundamente entre la afición. Buena parte de los análisis de hoy lunes en la prensa no tienen tanto que ver con el partido ante Ruud, su significancia histórica y la rotundidad con la que se produjo el triunfo -como si todo eso ya lo diéramos por hecho- sino con el dolor, la lesión y la fecha en la que Nadal debería retirarse.

Da la sensación de que se ha mezclado esta angustia con una cierta rutina para opacar algo la celebración y el debate deportivo. Se ha visto más admiración, incluso más empatía, que euforia propiamente dicha. Es raro porque, en esencia, el mensaje de Nadal es el mismo que hace un año: "lo hacemos y ya vemos". Este "día a día" no es nuevo. Vale, la situación ha empeorado, está claro que Rafa cada mes se desespera más con las consecuencias sobre su vida diaria, pero lo que en realidad nos está diciendo ahora es lo que nos decía hace un año cuando se ausentó de las pistas: no sé cuánto voy a poder aguantar así.

Y eso, que a nosotros nos da pie a reflexiones profundas, a investigaciones sobre anuncios en ruedas de prensa y a posibles calendarios de futuro, a él le deja como estaba: en la búsqueda de sus propios límites. En la conciencia de que cada momento puede ser el último sin que eso implique que tiene necesariamente que serlo. Nadal nos está avisando que vivamos cada partido, cada torneo, cada triunfo como algo único, algo definitivo en sí mismo. Que no pensemos en el futuro porque lo mismo no hay futuro. Que no tiene sentido el optimismo ni lo tiene el pesimismo. El pie tiene sus propios planes.

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¿Y qué estamos haciendo nosotros? Justo lo contrario. Proyectar continuamente. Imaginar qué pasará con Nadal en Wimbledon, qué pasará con Nadal en el US Open, qué pasará con Nadal el año que viene. Darle vueltas a si lo mejor es que se retire o si lo mejor es que aguante. Intentando leer entre líneas cualquier declaración suya o de su entorno para ver si eso le aleja o le acerca al próximo torneo. Es humano y ya digo que, en parte, lo ha incentivado el propio jugador, que ya debería saber cómo funciona esto. Ahora bien, no es lo que en realidad está diciendo Rafa y además es una pena.

Es una pena que no sepamos agarrar el momento y disfrutarlo por sí mismo, sino que estemos con nuestra mentalidad vertical entre el pasado y el futuro. El triunfo de Nadal en Roland Garros, ya digo, ha tenido mucho más de historia -el lugar de Rafa entre los mejores deportistas de la historia del tenis, de la historia de España, de la historia del mundo...- y de anticipo que de vivencia en presente. No sabemos lo que nos queda de Rafa ni cuánto tiempo aguantará... pero es que él tampoco lo sabe. No hay un secreto que nos esté ocultando y que tengamos que descifrar. No. Hay exactamente lo que dice: "Puede ser el último... y puede que no".

Precisamente por eso, nos descoloca también que en Roma hable de no llegar a Roland Garros y en Roland Garros hable de intentar estar en Wimbledon. Nos descoloca porque no es lógico, pero esa falta de lógica es la base de todo el caso: una lesión no tiene lógica, un dolor no tiene lógica. Juegas tres rondas de maravilla y en la cuarta no eres capaz de moverte. Rafa ya ha dicho que no va a jugar infiltrado y desde luego no debería hacerlo -las posibilidades de un mal apoyo y una nueva lesión se multiplican-, a partir de ahí solo queda esperar y ver.

Lo que pasa es que al aficionado, lo de esperar le cuesta y lo de ver le parece de cobardes. Lo mismo nos pasa a los analistas. No quedará más remedio si no queremos vivir en una montaña rusa. Todo lo que venga, bienvenido sea, sin darle más vueltas ni buscar más narrativas. Carpe diem en estado puro. Cerrar los ojos y confiar en que Rafa nos siga sorprendiendo como lleva haciendo diecinueve años.

Vídeo | Reacciones al triunfo de Rafa Nadal: "Rafa-Garros"

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