Criticar que Rafael Nadal se vaya de fiesta es no entender nada de nada

·4 min de lectura
Rafael Nadal on the red carpet at the 17th Annual Taste of Tennis at the W Hotel on Lexington Ave in New York, NY on August 25, 2016.
Rafael Nadal, muy elegante, en una entrega de premios en Nueva York, en 2016.

Rafael Nadal está de vacaciones. A poco que hayan estado atentos, se habrán enterado ya. Estar de vacaciones implica poder disfrutar de tu tiempo libre como mejor entienda cada uno. Nadal, por ejemplo, se ha ido a Mallorca, a su lujosísimo yate para dedicarle un poco de tiempo al esquí acuático, a pilotar lanchas motoras y a mover las caderas en las discotecas. Todo lo que no puede hacer las otras cincuenta y una semanas del año. Obviamente, hay gente a la que no le ha gustado e inmediatamente ha esgrimido la teoría de la conspiración: "¿Pero no estaba lesionado, cómo puede divertirse si está lesionado?"

Las dos cosas no tienen nada que ver entre sí. Rafa Nadal tiene una lesión en el pie desde hace diecisiete años, tiempo que parece más que suficiente para poder haber determinado qué actividades le perjudican médicamente y qué actividades le resultan inocuas. Entendemos que, cuando le vemos haciendo algo, lo que sea, es algo consensuado desde hace lustros con sus doctores. La otra lesión de Rafa, la que le obligó a retirarse de Wimbledon, es un desgarro abdominal de siete milímetros y esto es lo que más polémica está causando. Al parecer, uno no puede pilotar una moto acuática ni bailar en una discoteca con un desgarro abdominal, dicen los indignados, y todo eso no sería, para ellos, sino una prueba más de que Nadal se retiró de Wimbledon cuando en realidad no tenía lesión ninguna.

Lo primero, insistir en que Nadal fingió una lesión en Londres empieza a rozar el ridículo. ¿Por qué demonios iba a querer voluntariamente sacar a 130 kph frente a un rival evidentemente inferior, tan inferior que incluso sacando a 130 kph le acabó ganando? La teoría la empezó a defender Fabio Fognini, aunque luego se acochinó en tablas y culpó, para variar, a la prensa de lo que era un post suyo en Instagram. John McEnroe añadió leña al fuego insinuando que, bueno, Nadal podría haber jugado las semifinales contra Kyrgios, pero que no quería perder contra el australiano.

¿Qué clase de argumentación es esa? Nadal tiene 36 años, ha ganado 22 grandes, está a dos partidos de ganar el 23º. Viene de la experiencia de ser inferior contra Zverev en Roland Garros y ver cómo el alemán se torcía el tobillo y se retiraba. ¿Cómo no te vas a presentar a una semifinal porque "te da corte"? ¿Te eliminas tú mismo por si acaso pierdes? La verdad es que de "Big Mac" uno espera análisis un poco más sólidos, pero en fin...

GUÍA | Los pasos que tienes que seguir para poder ver un tuit no disponible por tus preferencias de privacidad

Todo esto nos lleva a las vacaciones. Rafa Nadal se ha ido de vacaciones y no a un hospital. ¡Escándalo! Y no va en silla de ruedas. ¡Doble escándalo! Para más inri, el chico parece estar divirtiéndose, cosa que al periodista portugués José Morgado le escamó profundamente y lo hizo saber en redes sociales... aunque luego también reculó. A Morgado, prestigiosísimo periodista, le extrañaba que Nadal hiciera ejercicio con una rotura abdominal. O pareció que le extrañaba. Desde luego, como mínimo, abrió un debate al respecto o, más bien, continuó el abyecto debate anterior.

Con lo de la rotura, estamos como con lo del pie. Si hubiera alguna actividad que fuera a empeorar esa rotura, Nadal no la practicaría. Es de cajón. Dudar eso es un sinsentido. La rotura abdominal le permitió acabar un partido de cuatro horas y pico y entrenar al día siguiente a medio gas. No hablamos de una lesión inhabilitante, sino suficientemente molesta como para no poder hacer el movimiento del saque al cien por cien y tener serios problemas para pegar con fuerza el liftado de derecha. Punto. Con el suficiente descanso en esos movimientos concretos más las sesiones correspondientes de fisioterapia, eso se cerrará.

Lo último ha sido lo de las imágenes de Rafa bailando en una discoteca. Bueno, más que bailando, moviendo un poco las caderas y tal. Con unos amigos. "¿Cómo puede estar lesionado y bailar en una discoteca?" Bueno, ya digo, mientras no coja una raqueta y se ponga a estirar el recto abdominal para golpearle a una bola giratoria no hay problema ninguno. Ninguno. Bailar y divertirse no está contraindicado en esta lesión deportiva concreta. Son mundos completamente distintos.

Lo curioso de todo esto, además, es que a Nadal le acaban de acusar en España -bueno, los típicos debates de redes sociales que no van a ningún lado- de "exagerar el sufrimiento", de ser "una figura agónica". Bueno, ahora que está en un yate en el Mediterráneo y de copas con los amigos pasándoselo genial, toca acusarle de lo contrario. No nos ponemos de acuerdo. Ser una gran estrella exige un gran peaje en materia de escrutinio público, pero, sinceramente, lo que está pasando con Nadal en la última semana empieza a parecerme demasiado.

Vídeo | Roberto Bautista sucumbió ante Dominic Thiem en los octavos de final de Bastad

Otras historias que también te pueden interesar:

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente