Radiografía de la ‘generación de cristal’: “Con 26 años, mi contrato más largo ha sido de 5 meses”

“Lo de la ‘generación de cristal’ me sienta como una patada en el culo”, resumía hace unos meses Iván, de 22 años, en declaraciones a El HuffPost. “Quienes lo suelen decir son boomers, gente que luego pone el grito en el cielo porque utilicemos lenguaje inclusivo, o porque la protagonista de un videojuego sea lesbiana... Generación de cristal, vosotros”, replicaba por su parte Carlos, de 27. 

El término ‘generación de cristal’, acuñado por la filósofa Montserrat Nebrera hace una década, ha dado mucho juego últimamente para hablar de los jóvenes y adolescentes de hoy en día, para describir su supuesta fragilidad emocional ante los problemas, las crisis, y ante la vida misma. Ahora, resulta que son los mismos jóvenes los que se están reapropiando de este cliché para darle otro sentido. 

Esta es una de las conclusiones que se extrae del estudio ’Generación de Cristal. Más allá de la etiqueta’, elaborado por la Fundación SM a través del Observatorio de la Juventud en Iberoamérica y presentado este miércoles en Madrid. Según esta encuesta, realizada entre 1.600 participantes de 14 a 29 años de España, Chile, Brasil y México, la mitad de los jóvenes piensa que es un término adecuado para explicar su postura crítica ante las injusticias del mundo y aplicable al conjunto de la sociedad, aunque dos de cada tres lo entienden como una crítica hacia ellos. 

Ariana Pérez Coutado, politóloga y responsable de Investigación y Evaluación Educativa de la Fundación SM, explica que, asociada a la etiqueta ‘generación de cristal’, están las ideas de protección en exceso, poca tolerancia a la crítica, baja autoestima, pero también, y según se reivindican a sí mismos los jóvenes, reconocimiento de la importancia de la salud mental, sensibilidad hacia los problemas sociales y defensa de la diversidad. 

‘Si ser de cristal es mirar por la salud mental, sí, soy’

Pérez Coutado señala que el objetivo del sondeo no era aceptar ni rechazar el concepto, sino entender cómo los jóvenes se ven a sí mismos. Y lo que han descubierto es cierta ambivalencia, en cuanto al término y en cuanto a la propia generación de jóvenes, que reconoce sus contradicciones. 

“Los jóvenes asumen e incluso interiorizan los aspectos más negativos del concepto, y resignifican en positivo algunos”, apunta Pérez Coutado, que observa así la “capacidad de agencia” de esta generación. Algo así como decir “si ser de cristal implica la salud mental, de acuerdo, soy de cristal; si ser de cristal significa ser intolerante hacia comentarios contra las minorías, sí, soy de cristal; si ser de cristal es rechazar puestos de trabajo en condiciones indignas, vale, soy de cristal”, parafrasea. 

¿Por qué tengo que aguantar ciertas cosas que, efectivamente, mis padres han aguantado, pero que no estaban bien?Ana Howe

Ana Howe es miembro y asesora del Consejo de la Juventud, que ha colaborado en la realización del informe. A sus 26 años, cree que “los atributos que definen el término [generación de cristal] para nada son negativos”. Como el de dar importancia a la salud mental y emocional. “Menos mal que nos hemos dado cuenta y estamos despertando, y que nuestros niños están aprendiendo desde pequeños que la inteligencia emocional es necesaria para, por ejemplo, no declarar guerras”, apostilla.

“La resignificación del término es una especie de activismo, de reacción a un ataque”, afirma Howe. “Lo que se persigue con el término es estereotipar. Por algún motivo, interesa dar una imagen de los jóvenes que no es real. Pero ¿qué pasa si no quiero seguir con el sistema del que mis padres han participado?, ¿por qué tengo que aguantar ciertas cosas que, efectivamente, mis padres han aguantado, pero que no estaban bien?”, plantea.

“Un pensamiento crítico para poder sentar un mundo diferente”

Howe está convencida de que, “afortunadamente”, su generación tiene “un pensamiento crítico para poder sentar un mundo diferente”. Y además, recuerda, “estamos obligados a hacerlo: está la emergencia climática diciéndonos ‘o cambiáis el sistema, u os venís abajo’”. “A lo mejor hay que replantearse las tradiciones”, advierte. Por otro lado, la joven opina que quizás las generaciones mayores también deberían mirarse al espejo: “Se nos olvida que la juventud es un reflejo de la sociedad que tiene y de las generaciones previas”. 

Begoña González, colega de Ana Howe en el Consejo de la Juventud, tampoco rechaza de lleno la etiqueta. “Depende del sentido que se le da y cómo se utiliza, de si genera debate y lo que se permite que pase en ese diálogo”, comenta. O, dicho de otra manera: “Llámame frágil si quieres, pero déjame que te conteste y te cuente mi situación”. 

Llámame frágil si quieres, pero déjame que te conteste y te cuente mi situaciónBegoña González

Precisamente una de las cosas que echan en falta los jóvenes, según el estudio de Fundación SM, es una bidireccionalidad en el debate. Así, el 58% de los encuestados opina que los adultos se ven con “derecho a criticarnos por el mero hecho de ser jóvenes”, mientras que el 75% de los jóvenes considera que los adultos “rechazan que los y las jóvenes critiquemos su forma de pensar”. 

“Lo que pedimos no es un bono cultural, sino acceso al mercado”

El principal problema, apunta Ana Howe, es que “no se nos quiere escuchar”. “Para empezar, no estamos en los espacios; y cuando estamos, no se nos pregunta. Por alguna razón no se nos quiere escuchar. Y asumimos con humildad que tenemos menos experiencia, pero hay ámbitos en los que creemos que podemos aportar”, sostiene.

Para ilustrarlo, la joven utiliza un ejemplo muy claro: “Lo que pedimos no es un bono cultural de 400 euros, sino impulsos para el acceso al mercado laboral, a cualquier nivel”, lanza. “Soy experta en música y no me cogen en la FNAC para vender discos porque dicen que no soy comercial. Creo que hay que darle una vuelta a qué sistema estamos generando, los jóvenes tenemos una tasa de paro impresionante”, dice. Nada menos que un 30% en menores de 24 años, un 23% si la franja de edad se extiende a los 29.

Por alguna razón no se nos quiere escuchar

Begoña González, estudiante de Psicología, también tiene la sensación de que “hay un problema de diálogo” intergeneracional. “A veces no estamos en los mismos niveles de comunicación, no tenemos las mismas ideas [que los adultos]… a nivel mundial está habiendo mucha polarización y absolutismo, y así es más difícil que hablemos”, reconoce.  

Aprender a vivir en la incertidumbre

Uno de los datos más relevantes que muestra el estudio sobre la llamada ‘generación de cristal’ es que el 65% de los jóvenes considera que ha aprendido a vivir en la incertidumbre. La mitad de los participantes se sienten frustrados con la forma de vida que llevan, al no ser eso lo que hubieran elegido. Esto es, para Ariana Pérez Coutado: “Se adaptan, pero son críticos”. Están asistiendo al “desmantelamiento o agotamiento de un sistema”, dice. 

Según afirma durante la presentación Mayte Ortiz, directora de la Fundación SM, “que se hayan acostumbrado a moverse en contextos inseguros es más una muestra de valentía que de fragilidad”. Recuerda Ortiz que, ya en el último estudio sobre juventud de la Fundación, se descubrió que entre las prioridades de los jóvenes de hoy están la educación –por primera vez en los más de 30 años que se llevan elaborando estos estudios– y la familia. Consideran los expertos que los jóvenes citan estos dos pilares porque actualmente son su apoyo “para manejarse en la incertidumbre”. “Necesitan el soporte de la familia por su bienestar, y la educación para poder cumplir sus expectativas”, señala Ortiz. 

Que se hayan acostumbrado a moverse en contextos inseguros es más una muestra de valentía que de fragilidadMayte Ortiz

Según el reciente estudio sobre la generación de cristal, el 62% de los jóvenes cree que las anteriores generaciones tuvieron más oportunidades que ellos. Ariana Pérez Coutado apunta que los “modelos de vida lineales y ascendentes” que tuvieron nuestros padres resultan “menos alcanzables” para los jóvenes de hoy en día. Se observa una ruptura en las expectativas, al ver los jóvenes que las transiciones de la vida adulta tradicionales –estudio, trabajo, familia– no acaban de encajar con su realidad actual, y no siempre encuentran alternativas realizables y dignas. 

La crisis inacabada de 2008, la pandemia en 2020 y ahora una guerra a las puertas de Europa son muros contra los que se van dando los jóvenes cada vez que se animan a levantar la cabeza. “Son como ratitas en un experimento de indefensión aprendida”, ilustra Álvaro, miembro del Consejo de la Juventud. “Hagan lo que hagan, la corriente les va a dar”, abunda. “Están reaccionando a un entorno hostil, y al final se encuentran un precipicio”, dice. Él, que ya no se considera joven, ve cómo los mayores analizan a la generación menor “con una mente prejuiciosa, desde nuestros zapatos”. 

“Trabajé por 5 euros la hora gracias a un contacto”

Ana Howe relata su trayectoria laboral: “Con 23 años, tenía un grado superior de FP, una carrera y un máster, y tuve que trabajar por 5 euros la hora”. Cuenta que lo asumió y lo hizo, y además tuvo que sentirse ‘afortunada’: “Si conseguí ese trabajo fue gracias a un contacto”. “Soy musicóloga y profesora de Secundaria; con 26 años, mi contrato más largo ha sido de cinco meses”, incide. “Estoy buscando trabajo en la Casa del Libro, en la FNAC, en cualquier cafetería, pero no se me coge. No tengo ese contacto que tuve la otra vez para trabajar por 5 euros la hora”, lamenta. 

Considera la joven que “desde fuera es fácil criticar nuestra inactividad”. “Si tengo una formación y quiero aspirar a algo más que a poner cafés, luego me piden tres años de experiencia, y como no me cogen en ningún sitio tengo que completar esa experiencia con voluntariados, de forma gratuita”, se queja Howe. “En ese tiempo necesito que alguien me mantenga, pero los padres sólo nos pueden mantener hasta cierto punto. El resultado: tengo 26 años y, en total, he trabajado de ‘lo mío’ ocho meses”, concluye. “La generación que nos precede tendría que cuestionarse también esto”.

Se nos anima a ser nosotros mismos y a seguir nuestros sueños, pero se nos dice: si no eres analista digital… a ver a dónde llegas

Por suerte o por desgracia, Begoña González no ha incursionado todavía en el mundo laboral, pero ya se va haciendo una idea del panorama que le espera. ¿Es la Psicología una carrera con salidas? Depende. A González le da rabia, de nuevo, la contradicción con la que se topan muchos de los suyos: “Por un lado, se nos dice que seamos nosotros mismos, se anima a los jóvenes a descubrirse, a seguir sus sueños; por otro lado, se nos dice: si no eres analista digital, si haces música… a ver a dónde llegas”. 

Meritocracia y sufrimiento: otros datos del estudio

  • El informe ’Generación de Cristal. Más allá de la etiqueta’ revela que en España sigue muy presente el ideal de meritocracia: el 64% de los jóvenes sostiene que el esfuerzo es una garantía para lograr objetivos en la vida.

  • Tres de cada cinco jóvenes afirman haber sufrido emocionalmente por haber recibido comentarios sobre su aspecto físico, forma de ser o de pensar. Las diferencias entre género son notables: las chicas (63%) han experimentado más este malestar que los chicos (54%). 

  • Por otro lado, el 60% de los jóvenes cree que vivimos en una sociedad demasiado sensible y la gente se molesta por cualquier cosa. Sin embargo, al 64% de los participantes les molesta que se hagan chistes o bromas que ridiculizan o discriminan a las minorías, un porcentaje que se eleva al 75% en el caso de las chicas. 

  • Tres de cada cuatro jóvenes opinan que las crisis económicas, sanitarias y sociales dificultan a los jóvenes más que a los adultos las posibilidades de elección. Esa misma proporción (75%) afirma además que vivimos en sociedades en las que todo el mundo espera que le digan qué hacer y cómo hacerlo, de modo que la mitad evita tomar decisiones por miedo a equivocarse.

Related...