"Voy a ser la siguiente asesinada". El presagio de la chica de 20 años que se ha cumplido.

Tenía 20 años. Vivía aterrada. Sabía que su exnovio la iba a matar. Pero le decían que era una histérica. Al final la quemó viva. ¿Os imagináis cómo vivía esa chica? El pánico cada segundo de su vida. Y no la hemos protegido. Es #Terrorismomachista y deberíamos exigir que su apología (cualquier apología del machismo) sea considerada como la apología del terrorismo.

Andrea tenía sólo 20 años. La edad de ser feliz. De apurar despreocupadamente la juventud. Pero ella vivía aterrada. Con miedo cada momento de su vida, porque sabía que Víctor, su exnovio, la iba a matar. Sabía que él no pararía hasta acabar con su vida. Voy a ser la siguiente asesinada, le dijo a su madre. Voy a ser la siguiente asesinada. ¿Cómo llega una chica de tan sólo 20 años a esa terrible conclusión? ¿Qué infierno está siendo su vida?

Andrea denunció a Víctor. Le denunció después de que él intentara atropellarla. No soportaba que ella hubiera dejado la relación. Y a pesar de que su futuro asesino había maltratado también a su anterior novia, ni la policía ni el juzgado lo consideraron un caso grave. No le pusieron protección policial más que ocasionalmente, en horas y días al azar.

¡Ah! Y dictaron una ridícula orden de alejamiento -¿de qué narices sirve una orden de alejamiento que no se puede obligar a cumplir?- de 200 metros.

Le decían que era una histérica. Una loca. Ya sabéis. Cosas de mujeres. De brujas. De zorras. De putas. Cosas de feminazis y de denuncias falsas. Resentida. Odiadora de hombres.

Andrea Carballo con su -presunto- asesino (Facebook).
Andrea Carballo con su -presunto- asesino (Facebook).

Hasta que él la esperó a la salida de casa, a las seis de la mañana, cuando ella iba a trabajar, siempre acompañada, siempre con miedo. Siempre pensando en que él iba a aparecer para matarla. Era aún de noche, y Andrea estaba esperando a una amiga que la recogiera para ir juntas a un almacén de naranjas en el que trabajaban. Los vecinos cuentan que oyeron gritos. Alaridos. “Como de alguien a quien están matando”. Que él la arrastró varios metros del pelo, hasta que consiguió meterla en el coche. Condujo de forma endiablada. Andrea, muerta de miedo en el asiento del copiloto, intentando escapar. Él diciéndole, quizá, que iba a morir.

Minutos después se estrellaba contra el surtidor de una gasolinera. La quemó viva.

¿Os imagináis cómo vivía esa chica? El pánico cada segundo de su vida. Con tan sólo veinte años. Y no la hemos protegido. Es #Terrorismomachista y deberíamos exigir que su apología (cualquier apología del machismo) sea considerada como la apología del terrorismo.

Estamos metiendo en prisión a titiriteros o grupos musicales por frases y letras de canciones que los jueces y la fiscalía consideran que hacen apología terrorista. Pero nadie toma medidas contra ese ejército furibundo que insulta y desprestigia a cualquier mujer que se atreve a denunciar el machismo o la violencia de género. Esa masa social que perpetúa el patriarcado y que al final, en esa estructura de poder masculina, termina con el asesinato de decenas de mujeres cada año. ¿Por qué la violencia contra las mujeres no es considerada terrorismo y su incitación apología?

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