Quizá ya estaría muerta. O alguno de ustedes. Nunca sabremos quiénes.

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Quizá a estas alturas de la vida yo estaría ya muerta, y ustedes no leerían este texto, evidentemente, porque no existiría. Nunca se habría escrito. O quizá el muerto alguno de ustedes, y las palabras estarían pero faltarían lectores.

Quizá, en una España con venta libre de armas, faltaríamos unos cuantos. Imposible predecir quiénes. Los asesinados por ese compañero de trabajo que un día entró a la oficina con dos rifles semiautomáticos. O el fallecido de un tiro certero en la cabeza disparado por un conductor que se sintió agraviado en un ceda el paso. O la presentadora de televisión con un fan al que no respondía los mensajes en las redes sociales y se tomó la venganza disparándole a la puerta de su casa. O el articulista al que algunos consideraban demasiado rojo-progre.

Algunos faltaríamos. Puede que algunos de nuestros hijos, porque un adolescente confundido y rebotado con el mundo pudo comprar armas y entrar en la escuela para dejar para la posteridad la huella de su enfado con el mundo.

¿Cuántas de las personas que nos rodean en el día a día habrían sacado su arma para vomitar su rabia? El odio es una pequeña angustia encallada en el estómago que se va convirtiendo en una bola de plomo cada vez más y más pesada. Nunca sabremos cuándo terminará estallando. Ni por qué.

Las armas de fuego se han convertido en la causa principal de fallecimiento de niños y adolescentes en Estados Unidos, superando a los accidentes de coche. Se producen dos tiroteos masivos cada día, y dos asesinatos en masa -cuatro más muertos- al mes. En lo que llevamos de 2022 han fallecido por disparos más de 17.200 personas. según Gun Violence Archive. Un negocio que reporta ventas por dos millones de dólares al mes y que ha constituido a su alrededor a uno de los grupos de presión más poderosos del país, el gran inversor del Partido Republicano, cuyos componentes no osan levantar media palabra contra ellos.

Tras el ataque a la escuela de Uvalde, donde fueron asesinados 19 niños y 2 profesoras, siguió un pico de ventas de armas, como siempre tras un tiroteo masivo, por consumidores preocupados de que se dictase alguna ley restrictiva con la compra de armas de gran capacidad.

 Uvalde, Texas, U.S. 24, mayo, 2022.  REUTERS/Marco Bello
Uvalde, Texas, U.S. 24, mayo, 2022. REUTERS/Marco Bello

¿Queremos un país así? El derecho a defenderse portando un arma conlleva que todo el mundo tenga acceso a armas, y nos llevaría a entrar en una espiral de violencia. ¿Quiénes de nosotros seguiríamos vivos para entonces?

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