¿Quién controla a Zapatero cuando habla de Venezuela?

José Luis Rodríguez Zapatero habla durante una conferencia en el Centro de Convenciones del Ministerio de Relaciones Exteriores (MIREX), en Santo Domingo (República Dominicana). EFE/Pedro Bazil
José Luis Rodríguez Zapatero habla durante una conferencia en el Centro de Convenciones del Ministerio de Relaciones Exteriores (MIREX), en Santo Domingo (República Dominicana). EFE/Pedro Bazil

El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, lleva meses arrogándose el papel de mediador de Venezuela ante la comunidad internacional sin estar demasiado alineado con las tesis oficiales Moncloa. Al principio resultaba curioso, pero comprensible, teniendo en cuenta que su sustituto al frente del Ejecutivo pertenecía al Partido Popular cuyas líneas maestras en la política internacional distan mucho de las de los socialistas. Sin embargo, la situación ha virado hacia la tragicomedia tras los últimos acontecimientos acaecidos ya con Pedro Sánchez instalado en Moncloa.

Como recordarán los lectores, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, y el expresidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, protagonizaron la pasada semana un fuerte encontronazo en los medios por el tema de Venezuela. Refiriéndose a Almagro, Zapatero declaró en República Dominicana que “resulta insólito que alguien que dirige un organismo internacional desconozca las reglas básicas de la Carta de las Naciones Unidas y de la legislación que regula el uso de la fuerza, que solo puede ser autorizado por el Consejo Seguridad de la ONU en una serie de supuestos”.

La respuesta fue aún menos tibia: El secretario general de la OEA respondió señalando que “Zapatero tiene un problema muy grande de comprensión y que podemos definirlo de distintas categorías. Mi consejo, es un consejo nada más: que no sea imbécil”.

La arenga fue recogida por todos los medios viniendo a ser una especie de prólogo de un conflicto internacional, y el Gobierno del PSOE no tuvo más remedio que salir al rescate. Por lo menos intentarlo. Así la Secretaria de Estado de Comunicación emitió un comunicado en el que afirma que “se puede discrepar sobre el fondo de un asunto, pero no se debe perder el respeto y entrar en el terreno de los insultos personales. Y menos aún cuando se trata de un expresidente del Gobierno de España”.

Viendo el fracaso de la nota de prensa, el PSOE intentó ayer que el Senado aprobara una declaración institucional en defensa de Zapatero. Las declaraciones institucionales requieren del respaldo unánime de todos los grupos para que puedan ser leídas ante el pleno, pero PP, ERC y PDeCAT se negaron: segundo fracaso.

Pero en la realidad la culpa es del propio PSOE. O de Zapatero, si se prefiere. Porque el rumbo que ha tomado el expresidente no es del agrado de Sánchez, y parece que no se lo ha hecho saber. O eso o que Zapatero ha hecho oídos sordos. Por eso los intentos por defenderlo han sido poco menos que una pantomima carentes de denuedo alguno ya que, según reflejan medios como El Confidencial Digital, varios líderes internacionales y embajadores han sido contactados para dejarles claro que el expresidente “no representa” a España en su interlocución con Maduro. “Nosotros no tenemos nada que ver con la mediación que hace entre el equipo de Maduro y la oposición. Y no estamos muy por la labor de meternos en medio de esa gestión”, han señalado.

Si Zapatero ha decidido seguir por libre y no seguir las tesis del Gobierno español también tendrá que apechugar con la soledad. “Ahora, el mensaje a transmitir es que Zapatero ejerce una mediación a título meramente personal. No representa a nadie y menos, al Gobierno”, señalan desde el ministerio de Exteriores.

¿Pero qué tiene Zapatero con Maduro? Es una pregunta difícil de contestar aunque se rumorea la posible existencia de intereses comerciales por venta de fragatas. El caso es que la prensa oficialista venezolana se vuelca con sus visitas en las que la propia Delcy Rodríguez – vicepresidenta de la República- se dirige a él como “mi Príncipe”. Una imagen a la que el Gobierno de Sánchez no quiere que le asocien.

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