Qué puede pasar tras los bombardeos de Estados Unidos en Siria

En los más de 7 años que ya dura la guerra siria, el Gobierno de Assad ha lanzado numerosos barriles bomba contra la población civil, ha ordenado bombardeos sobre distintas localidades, ha cometido ejecuciones sumarias, detenciones arbitrarias, torturas e incluso varios ataques químicos anteriores al de Duma de hace apenas unos días que ha movilizado a Estados Unidos, Francia y Reino Unido. La ofensiva aérea de las tres potencias occidentales sobre el régimen sirio ha sorprendido porque hasta ahora ninguno de estos factores había sido una línea roja para Trump, Macron o May.

De hecho, el pasado 13 de abril la embajadora estadounidense ante Naciones Unidas, Nikki Haley, manifestó que Assad había atacado 50 veces a la población siria con su arsenal químico y en solo dos ocasiones este tipo de violencia encontró respuesta por parte de Estados Unidos. La gran pregunta que se hace todo el mundo es qué va a pasar ahora en Siria, algo difícil de adelantar hoy en día.

Uno de los lugares atacados por Estados Unidos (AP).

El escenario internacional vive una polarización en la que aparecen claramente definidos dos bandos y que tiene en Siria su gran tablero de juego (y en menor medida en Yemen). Por un lado, están Rusia e Irán, grandes soportes del régimen de Assad y responsables, gracias a su ayuda militar y económica, de que el presidente sirio haya sido capaz de ir recuperando territorios en los últimos meses hasta llegar a la posición ventajosa en la que hoy se encuentra (tiene en su poder las principales ciudades y regiones del país y su oposición cada vez es más residual).

Frente a ellos, se sitúan Estados Unidos, Arabia Saudí y las principales potencias europeas, que desde el comienzo del conflicto han armado y entrenado a los opositores y que desde hace meses tienen como objetivo primordial la desaparición del ISIS, que llegó a ocupar grandes franjas de territorio y que ahora ocupa un lugar secundario. Mientras que Rusia y Estados Unidos luchan por una influencia a nivel global, Irán y Arabia Saudí buscan el predominio regional, por lo que varios expertos ya han categorizado el conflicto en Siria como una nueva Guerra Fría.

Pese a que la política de Trump ha sido la de no intromisión en conflictos regionales, lo cierto es que el ataque sobre las instalaciones de Assad como represalia al ataque químico de Duma muestra que la Administración estadounidense no está dispuesta a permitir que Rusia e Irán se muevan a su antojo en Oriente Medio y actúen como quieran. Eso supondría que EE.UU. pierde influencia a nivel internacional, algo impensable para ellos.

Macron y Trump (Reuters)

Las amenazas y los cruces de acusaciones entre Washington y Moscú han subido de tono, pero cuidando siempre los límites. Los bombardeos aliados de estos días contra instalaciones del régimen fueron avisados previamente a Rusia, tal y como explicó Macron, y tuvieron especial cuidado en no dañar ninguna instalación rusa o iraní, lo que provocaría irremediablemente un conflicto diplomático grave.

Hasta el momento todos han enseñado sus cartas. Rusia e Irán quieren mantener por ahora a Assad y Estados Unidos y el resto quieren poner una serie de límites en el terreno que muestren que en cualquier momento pueden hacer uso de su fuerza si los aliados del Gobierno sirio cruzan la raya.

Los primeros saben que un nuevo ataque químico puede provocar una ofensiva de mayor intensidad por parte de Estados Unidos y los segundos conocen que el mantenimiento del régimen sirio es ahora mismo una línea roja para el eje Moscú-Teherán. Quizá por eso, ya solo piden con la boca pequeña la marcha de Assad y se empeñan en dulcificar los bombardeos contra Assad con una gran ofensiva diplomática.

Hace escasos días, Trump anunció su intención de retirar a los cerca de 2.000 soldados que aún permanecen en territorio sirio, aunque Francia asegura que han convencido al presidente para que reconsidere su posición en una clara maniobra de disuasión para el otro bando.

Un hombre sujeta una bandera y una foto de Assad en Damasco (AP).

Lo previsible en las próximas semanas es que el Ejército sirio continúe su avance por el territorio y siga recuperando lugares que hasta ahora estaban bajo dominio de los rebeldes y que Estados Unidos no haga más bombardeos salvo que se produzca un gran ataque contra población civil.

Mientras tanto, la política se decide en los despachos y es en el terreno de las sanciones económicas donde se está viendo una escalada de las tensiones, aunque por primera vez se habla de la posibilidad de un conflicto armado. De hecho, el embajador ruso en Naciones Unidas, Vasili Nebenzia, amenazó a Estados Unidos con la posibilidad “de una guerra” si Washington lanzaba su ataque contra Siria (algo que finalmente hizo). De momento el tablero de juego es Siria, pero la pelea entre las dos grandes potencias puede extenderse a otros lugares rápidamente.

Javier Taeño (@javiertaeno)