Por qué debemos envidiar tanto a Portugal

(Photo: NurPhoto via Getty Images)

“Señor primer ministro, cuente con nuestra colaboración. Todo lo que podamos, ayudaremos. Le deseo coraje, nervios de acero y mucha suerte. Porque su suerte es nuestra suerte”. La imagen se ha compartido miles de veces en redes sociales y su eco se ha escuchado este jueves en el Congresos de los Diputados de España. Son palabras del líder de la oposición portuguesa, Rui Rio, que ofreció un apoyo sin reservas al primer ministro del país, Antonio Costa, en la gestión en la crisis del coronavirus. 

Una imagen muy diferente a la que se vive en España, donde la oposición centra sus energías en luchar contra el Gobierno y no en la lucha contra la pandemia.

No es lo único que los españoles podrían envidiar de Portugal: el país ha logrado atrincherarse mucho más y mejor que sus vecinos frente a la pandemia del coronavirus y su primer ministro ha sido el que, de forma más alta y clara, ha denunciado la insolidaridad de Europa estas últimas semanas.  

 

Pero el “milagro” portugués viene de antes: los lusos dejaron boquiabiertas a las instituciones europeas con su recuperación de la crisis de 2008, bajando impuestos y reduciendo el paro. Además es uno de los pocos países europeos que ha fintado a la ultraderecha mediante un Gobierno socialista apoyado por ecologistas y comunistas. 

Una oposición que apoya al Gobierno

Las palabras de Rui Rio, líder del partido de la oposición PSD, han sido virales en España. Sorprenden por la contundencia con la que muestra su apoyo a Antonio Costa en la crisis del coronavirus y evidencia una clase política que prioriza el bienestar de las ciudadanos a los intereses particulares. 

Unas medidas contra el coronavirus que sorprendieron y ahora hacen efecto

Aunque aún no se ha llegado al pico de contagios, Portugal es el octavo país de la UE en personas infectadas. Algo que llama la atención teniendo en cuenta que España ha sido uno de los países con más casos entre los 27 estados y los separa una frontera de unos 1.200 kilómetros. 

Influyen varios factores en esta diferencia entre un país y otro, además de la evidente disparidad en volumen de la población y de que allí el primer caso se detectó el 2 de marzo y ya contaban con los precedentes de otros países. 

El Gobierno portugués decretó el estado de alerta sólo 11 días después de confirmarse el primer caso, con unas medidas duras que en un principio sorprendieron dado que la Covid-19 aún no había golpeado con fuerza al país. Todos los centros de enseñanza suspendieron entonces su clases y se decretó el cierre de bares, discotecas y centros de ocio. Sólo cinco días después se decretó el “estado de emergencia”, que suponía el cierre de comercios no esenciales y el confinamiento general de la población. 

A día de hoy, Portugal tiene al menos 15.000 infectados y 435 fallecidos. 

Se reguló a los inmigrantes

En línea con muchas de sus políticas sociales y viendo lo que se les venía encima con la pandemia, el Ejecutivo de Costa decidió a finales de marzo regularizar a todos los inmigrantes que habían solicitado el permiso de residencia y ampliar los visados expirados hasta el 30 de junio. “Es importante garantizar los derechos de los más vulnerables y es un deber de la sociedad en tiempos de crisis asegurar a los inmigrantes el acceso a la salud y la seguridad social”, argumentó el ministro de Administración Interna. 

Además, para que no se expanda el virus por las cárceles, el Gobierno ha decretado que se puedan perdonar parcialmente las penas de prisión inferiores a dos años siempre que no sean delitos graves. Inspección de Trabajo, además, tendrá poderes para anular despidos ilegales y el Gobierno ha aprobado una ley que suspende el pago de los alquileres durante el estado de emergencia para familias y negocios en los que caigan los ingresos. 

Un Gobierno “chapuza” que sorprendió

Estas medidas vienen de un modelo de Gobierno portugués conocido ya como la geringonça (chapuza). Las últimas elecciones dieron la victoria de nuevo al líder socialista y primer ministro, Antonio Costa, pero sin mayoría absoluta. Tuvo que pactar con los socios con los que ya había gobernado los últimos cuatro años: los ecologistas y los comunistas. Eso llevó a un segundo mandato de la geringonça. No sólo eso: la extrema derecha portuguesa ni siquiera tiene representación parlamentaria, algo que pasaba también en España hasta hace poco. 

Los partidos de izquierdas dejaron de lado sus históricas diferencias para hacer frente, desde 2015, a las duras políticas de austeridad de la derecha y de Europa. 

De ahí que, años después y sin que nadie lo esperase, Portugal sorprendiese a las instituciones europeas cuando el país creció hasta un 3%, bajó la tasa de desempleo y aumentó sus exportaciones con una receta antiausteridad (dentro de lo que se podía).

Tras pedir en 2014 un rescate de casi 80 millones de euros y con durísimas condiciones de la troika —FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo—, el Gobierno —que entonces era conservador— intentó cumplirlo a base de despidos, recortes de salarios, cancelación de días festivos... Llegando hasta un 16% de desempleo en 2013. 

Fue en 2015 cuando Costa llegó al poder con un gobierno socialista en minoría. Eludió los dictados más duros de la Troika, devolvió el préstamo y creó empleo. Restauró una jornada laboral de 35 horas semanales para empleados públicos, se recuperaron las pensiones y se aumentó el salario mínimo.

Los retos que tiene por delante...

El FMI ha alertado de la repercusión económica que tendrá la crisis del coronavirus, afectando así a todos los países de Europa. Portugal no se queda fuera y el “milagro” puede venirse abajo en cuestión de meses.

De momento Antonio Costa ha sido el líder europeo que más ha dado la cara para una política común de la unión, tachando de “miserable” el insolidario discurso del ministro de finanzas holandés. 

“Si no nos respetamos todos, los unos a los otros, y si no comprendemos que ante un desafío común tenemos que responder en común entonces nadie ha comprendido lo que es la UE”, aseguró Costa. Como dice el grupo de rock gallego Siniestro Total, “menos mal que nos queda Portugal”.  

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