Que no te líen: nos guste o no, aún sabemos muy poco sobre la nueva variante del COVID-19

Javier Peláez
·4 min de lectura
Más de una docena de países han cancelado sus vuelos con Reino Unido
Más de una docena de países han cancelado sus vuelos con Reino Unido

El pasado sábado, el gobierno británico confirmaba la aparición de una nueva cepa del virus SARS-CoV-2, y desde entonces, a pesar de que apenas contamos con estudios sobre esta nueva variante surgida en el mes de septiembre, los acontecimientos se han sucedido a un ritmo vertiginoso. Docenas de países han cancelado los vuelos procedentes o con destino Reino Unido, las restricciones de movimiento y cuarentenas en numerosas ciudades británicas se han multiplicado y las redes sociales se han llenado de conjeturas y predicciones sobre cómo afectará esta imprevista noticia a un año que ya era de los más complicados y dramáticos que se recuerdan. Nuevamente, es un buen momento para frenar, reflexionar y poner un poco de orden y calma sobre lo que realmente sabemos (y sobre todo lo que no sabemos) antes de disparar todas las alarmas.

Aún no sabemos demasiado sobre esta variante por lo que, en ocasiones, nos encontramos dando palos de ciego. “Cuando los científicos decimos que todavía no lo sabemos significa precisamente eso: que no lo sabemos, ni para bien, ni para mal... simplemente no lo sabemos”, me explicaba hace meses un amigo investigador. Es una frase obvia, sí, pero no deberíamos olvidarla en un año, anómalo y dramático, en el que es comprensible que cualquier incertidumbre despierte temor.

Así pues, empecemos por lo básico. Los virus mutan, lo hacen constantemente y sus mutaciones no tienen ninguna intención, son simples errores al copiarse. El coronavirus posee un genoma ARN con una enzima que se encarga de copiarlo (la ARN polimerasa). Sin embargo, no es demasiado eficaz y en este proceso se introducen errores en cada copia a los que llamamos mutaciones. Estas mutaciones no están dirigidas, no tienen un objetivo o una finalidad concreta, ni siquiera buscan hacer más daño o contagiar más, simplemente son errores al copiarse. Desde nuestro punto de vista humano, la inmensa mayoría de estas mutaciones nos resultan indiferentes puesto que no afectan en nada al contagio o virulencia del virus.

Tal y como explica el catedrático en Microbiología por la Universidad de Navarra, Ignacio López-Goñi, “los coronavirus poseen una enzima que repara algunos de los errores que va introduciendo su ARN polimerasa. Es la razón por la cual, el SARS-CoV-2 parece ser bastante más estable que otros virus con genoma ARN. Se ha calculado que este coronavirus acumula una media de dos mutaciones al mes”. Desde su inicio en Wuhan, hemos conseguido detectar algunas de estas variantes, cada una con ligeras diferencias con respecto al genoma originario.

La nueva mutación del Reino Unido, ni siquiera es la primera que conocemos, recordemos que ya desde marzo venimos detectando variantes, como la D614G “que contenía el cambio de un aminoácido de la proteína de espícula del virus”. Esta mutación sí representó un cambio importante puesto que, como afirma el catedrático de Inmunología Ignacio J. Molina “dio como resultado un virus con mayor capacidad de transmisión que el original, al infectar de manera más eficiente. Tanto es así, que para el mes de junio casi todos los virus circulantes en Europa ya eran de esta variante”. Sin ir más lejos, este verano se originó en España una variante del coronavirus SARS-CoV-2 llamada 20A.EU1; se caracteriza por la mutación A222V en la espícula del virus pero no hay evidencias de que sea más letal o más infectiva.

La nueva variante surgida en el sureste de Inglaterra, se conoce provisionalmente como VUI 202012/01 (que significa “Variante bajo investigación” y las cifras se corresponden con el año, 2020, el mes de diciembre, y el 01 es el número de variante).

Al igual que la variante detectada en marzo, los estudios epidemiológicos publicados hasta el momento parecen indicar que es más infectiva, aunque no parece ser más virulenta o letal. “En este momento no hay datos que indiquen un aumento de la gravedad de la infección, por lo que decir que esta variante es más virulenta no es correcto”, subraya López-Goñi.

De hecho, aunque las primeras investigaciones apunten a que se transmite de manera más efectiva, aún no son definitivas y sería conveniente esperar a más estudios. No sabemos cuál es su verdadera capacidad de transmisión y aunque se estima que puede ser alta, cuando observamos las cifras de letalidad, tampoco parece haber evidencias de que desarrolle una enfermedad más peligrosa. Esto sí parece seguro: esta nueva variante, se detectó por primera vez en septiembre, y aunque su expansión ha sido rápida, no está acompañada de mayores índices de mortalidad o complicaciones en los hospitales.

Además, es importante tener en cuenta que podría ser menos contagiosa de lo que parece, ya que las variantes anteriores surgieron en meses donde la curva era baja (con prevalencias de pocos casos por 100.000 habitantes), mientras que esta nueva mutación llega en un periodo de curva alta, lo cual ayuda a su transmisión.

Doce largos meses de 2020 nos han hecho muy susceptibles a cualquier cambio o noticia de última hora, y es comprensible viendo cómo ha ido el año… pero no es conveniente dejarse confundir con titulares, afirmaciones, tweets o videos de youtube que interpretan de manera pesimista el “aún no sabemos”.

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