¿Qué más pudo hacer Jessica para no caer acribillada a balazos?

Jessica hizo todo lo que pudo para huir del hombre que finalmente terminaría acribillándola a balazos delante de su hijo y del resto de compañeros del colegio, un crimen que la ha dejado en muerte cerebral.

Cuando las palizas se hicieron insoportables y ella fue capaz de reunir el valor, Jessica denunció a su marido y padre de su hijo. Para protegerse, y proteger al niño, se cambió de casa y de pueblo. Se cambió su trabajo. Cerraba siempre la puerta con llave y se había acostumbrado a caminar vigilando su espalda, oteando cada vuelta de la esquina, inspeccionando el portal. Vivía muerta de miedo. ¿Se imaginan lo que es eso? ¿Se imaginan lo que es pensar cada segundo de tu vida en que él puede aparecer, en cualquier momento y en cualquier lugar, para hacerte daño?

Jessica tenía sólo 28 años, pero temía que él acabara matándola.

Jessica, en una imagen de Twitter, con su pareja y el hijo de ambos.

Por eso, cuando, tras unos meses de relativa calma, él incumplió la orden de alejamiento y volvió a llamarla, repetida e insistentemente, ella lo volvió a denunciar, y la policía lo llevó detenido. Pero ni siquiera llegó a ingresar en los calabozos de comisaría. El juez le tomó declaración y lo dejó en libertad. Podía haberlo mandado a la cárcel, la ley lo contempla, pero no lo hizo.

Horas después, con una pistola que aún no se sabe de dónde ha sacado, se plantó ante el colegio de Jessica, y delante del hijo de ambos, -delante también de todos los niños, de sus padres y de los profesores- le pegó cinco tiros. Sin pensárselo.

¿Qué más podía haber hecho Jessica para protegerse? Nada más. No podía hacer nada más.

Por eso su asesinato –porque mientras escribo esto está cerebralmente muerta- es el fracaso de toda la sociedad, que tenía que protegerla de su asesino. El fracaso político y policial. Pero también el fracaso de los que nos llaman feminazis, los que le ríen las gracias a los machistas, de los que hablan de denuncias falsas –infinitamente menores que en cualquier otro tipo de delito- o culpabilizan a las mujeres acosadas por callar, o por ceder, o por llevar mucho escote.

No olvidemos nunca que el caso de Jessica -está crítica, con el cerebro seriamente afectado- empieza en la estructura de una sociedad patricarcal a través de la cual algunos hombres van escalando en cosificación y violencia contra la mujer.

 

 

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