Qué mal suena putero, ¿verdad? Pero cuantos se lo merecen. Igual hay que decirlo más

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Qué mal suena putero, ¿verdad? Pero cuantos se lo merecen. Igual hay que decirlo más

Qué mal suena "putero", ¿verdad? Ay, no digas eso, putero, es como demasiado vergonzante. Vaya palabra más fea. No hace falta ser tan malhablada. Vale, putero no, pero sin embargo, estamos acostumbrados a utilizar "puta" con una facilidad pasmosamente fluida. Permítanme el vocabulario. Puta. Putada. Hija de puta. Y derivados. ¿Cuántas veces la han escuchado en los últimos días?

Porque a ellas podemos calificarlas. Son las putas las que tienen la culpa de todo. Los puteros sólo pasaban por allí. Incluso la RAE, el sancta santórum de nuestro lenguaje, los limpia y les da esplendor. Dice su diccionario que putero es un adjetivo malsonante que se emplea para definir a "un hombre: Que mantiene relaciones sexuales con prostitutas". Sin más. Mantienen relaciones sexuales con prostitutas como podrían mantenerlas con astronautas, economistas o gallinas de corral. Lo de pagar a cambio de ese sexo, y hacerlo a una estructura ilegal que en la mayoría de casos esclaviza a esas mujeres, o las ha secuestrado, o las aterroriza, o se aprovecha de su pobreza y vulnerabilidad, de eso, nada. Que los puteros compran el cuerpo de una mujer como el que compra un afeitado en húmedo y caliente. Dinero, por cierto, con mantienen el tercer negocio ilegal que más dinero mueve en el mundo, tras el de las armas y las drogas. Un negocio que cada año esclaviza a dos millones de mujeres y niñas en el mundo. Un negocio que mantiene a España como tercer país del mundo con más turismo de prostitución, sólo superado por Tailandia y Brasil. Y, aunque es imposible dar datos exactos, la Fiscalía General del Estado ha alertado varias veces que el proxenetismo es un negocio en constante expansión. El INE calcula que representa el 0,35 % del PIB, unos 4.100 millones de euros anuales.

Una media de tres de cada diez españoles han pagado por sexo alguna vez -según la ONU son un 39% y según el INE un 25%-, y es precisamente esta demanda la que engorda las redes de tráfico de seres humanos con fines de esclavitud sexual. Son los puteros los que fomentan que estas redes mafiosas secuestren a niñas en África, engañen a adolescentes en Europa del Este, aterroricen con vudú a chicas caribeñas.

Si eres mujer, joven -y niña, mejor- vives en un país pobre, o que está en guerra, no tienes trabajo, pasas hambre, y no ves esperanza en el futuro, que te ofrezcan un trabajo en Europa es el sueño al que te agarras con uñas y dientes para poder dar de comer a tu familia. Pero todo es mentira, y miles de adolescentes son captadas cada año trasladadas e introducidas en España para terminar en prostíbulos, explotadas por las mafias y compradas por los puteros. Ocho de cada diez mujeres prostituidas en España son víctimas de la trata.

Y los puteros cada vez las piden más jóvenes, más nuevas, más cambiantes. Se cansan de ver las mismas caras, de abusar siempre de las mismas mujeres.

Qué mal suena putero, ¿verdad? Pero cuantos se lo merecen. Igual hay que decirlo más

Y, quizá, en vez de decir que España es el país europeo que más prostitución demanda, podríamos decir que España es el país europeo en el que hay más puteros.

Y más rótulos de neon animándoles a entrar y consumir.

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