"Morimos minuto a minuto": lo que le sucede al cuerpo humano en la cima del Everest

Alcanzar el punto más alto del planeta, unos 8,848 metros sobre el nivel del mar, en la frontera entre Nepal y China, tiene durísimas consecuencias para el organismo humano. Allí 11 montañistas fallecieron recientemente durante un atasco sin precedentes, demostrando una vez más que no por gusto se la conoce como 'zona de la muerte'.

(AP Photo/Rizza Alee)

Año tras año, el Monte Everest atrae a cientos de aventureros dispuestos a estudiar y entrenar. Normalmente, las expediciones llegan a la cima en tres etapas: acampan en una base ubicada a 5,364 metros, una altura que disminuye el oxígeno en un 50%, y luego van subiendo cientos de metros en cada instancia.

Para el cuerpo humano, habituado a la vida a nivel del mar, funcionar normalmente a esas alturas implica un enorme riesgo. “Uno empieza a morir minuto a minuto, célula a célula, debido a la carencia de oxígeno”, señala Business Insider.

Crédito: PRAKASH MATHEMA/AFP/Getty Images

¿Qué le puede suceder al organismo en el Monte Everest?

El primer y gran obstáculo de los exploradores es el déficit de oxígeno. Según Jeremy Windsor, un médico que subió al Everest en 2007, en la 'zona de la muerte' los escaladores sobreviven solo con una cuarta parte del oxígeno necesario al nivel del mar. Estos resultados, obtenidos a partir de muestras de sangre tomadas a cuatro alpinistas, son comparables con los que presentan pacientes al borde de la muerte.

La carencia de oxígeno implica el riesgo de sufrir un ataque cardíaco. Otra de las consecuencias es que el cuerpo empiece a generar más hemoglobina, una proteína en los glóbulos rojos que transporta oxígeno desde los pulmones al resto del cuerpo y que en grandes cantidades puede espesar la sangre y dificultar el bombeo del corazón. En extremo esto podría provocar una hemorragia cerebral o acumulación de líquido en los pulmones.

A esta condición se la conoce como edema pulmonar de gran altitud (EPGA) y entre sus síntomas se incluyen fatiga, una sensación de asfixia por la noche, debilidad y una tos persistente que de tan severa puede romper o separar costillas.

Ante la falta de oxígeno el cerebro puede hincharse y provocar un edema cerebral de gran altitud (ECGA), que implica náuseas, vómitos, y deterioro del juicio. También puede provocar lo que algunos expertos consideran como psicosis de gran altitud que hacen que un alpinista se desoriente y sufra confusión.

A consecuencia del EPGA y el ECGA, los escaladores pueden también perder el apetito.

"Los humanos comienzan a deteriorarse. Dormir se vuelve un problema. Se registra una pérdida de masa muscular, una pérdida de peso", explica el doctor Peter Hackett a PBS.

La alimentación juega un papel fundamental para sobrevivir en el Everest. A mayor altura, la digestión se desacelera, el intestino se vuelve hipóxico y no puede enviar nutrientes a los músculos. El cuerpo comienza a querer más azúcares y se le hace más difícil digerir las proteínas.

Los montañistas también deben enfrentarse a temperaturas excesivamente frías, hasta el punto de congelación, y estar preparados para el calor. “En el Everest, la nieve y el hielo actúan como un reflector gigante del resplandor del sol. El potencial de quemaduras solares es particularmente grande en el glaciar Khumbu y el valle Cwm Occidental, cerca del campamento base, donde las temperaturas diurnas pueden alcanzar los 32 grados”, dijo Jon Kedrowski, geógrafo y escalador, a CNN.

Además, la constante luminosidad de la nieve puede causar ceguera temporal o romper capilares en los ojos. El debilitamiento y los problemas de visión, a su vez, pueden causar caídas accidentales.

Arriba, donde cada minuto cuenta

El 22 de mayo, unos 250 escaladores quedaron atascados en un intento por llegar a la cima de la montaña. “Estas horas extra no planificadas en la zona de la muerte hicieron la diferencia entre la vida y la muerte para 11 personas”, indica Bussiness Insider.