Meg Ryan, de novia de América a estrella olvidada

Valeria Martínez
·8 min de lectura

Les propongo un juego: si les recuerdo el nombre de Meg Ryan, ¿cuál es la película más reciente que recuerdan de ella? Y no vale decir Kate & Leopold, Prueba de vida o Tienes un e-mail, que las tres tienen casi veinte años. Cuesta pensar un título ¿verdad? Pues si te pasa como a mí probablemente te suene que hizo un par de películas protagonizadas por mujeres y compartió protagonismo con Antonio Banderas en una ocasión, pero todas fueron tan previsibles que ni recuerdo de qué iban.

Esta mujer que dejó momentos adorables en la comedia romántica y fue novia de América antes que Julia Roberts, cumple 59 años prácticamente desaparecida del mapa hollywoodense. ¿Cómo llegamos a este punto de no saber nada de ella?

Dario Cantatore; Gtres
Dario Cantatore; Gtres

Cualquiera que haya crecido entre los 80s y 90s tiene grabada en su retina cinéfila muchos de los momentos inolvidables que Meg Ryan dejó plasmados en la gran pantalla. Ella solita conquistó al mundo como la vecina de al lado más cercana del cine capaz de fingir un orgasmo en un café rodeada de extraños. En sus mejores años en la industria del cine representaba la imagen de super estrella accesible gracias a personajes que destacaban por su naturalidad y espontaneidad, como fue el caso de Cuando Harry conoció a Sally (1989), Algo para recordar (1993), City of angels (1997) o Tienes un e-mail (1998). Sin embargo algo pasó porque a partir del nuevo siglo su nombre comenzó a desaparecer de la cartelera. ¿Y si les digo que en España llevamos más de diez años sin verla en la gran pantalla? Su último estreno en cines fue en 2008 con Mi novio es un ladrón (la de Antonio Banderas) y a pesar de haber debutado como directora en 2015 con Ithaca, la película no ha llegado todavía.

Ni siquiera le podemos seguir la pista por redes sociales. Su perfil de Instagram es todo un misterio. Con medio millón de seguidores apenas se dedica a subir imágenes del pasado, alguna que otra imagen de agencia o posados de revistas y a celebrar la victoria de Joe Biden en las elecciones presidenciales. Pero de su día a día no sabemos nada. No publica nada.

Y es que en el caso de esta actriz nacida un 19 de noviembre de 1961 muchas estrellas se alinearon para colisionar al mismo tiempo: fracasos de taquilla, retoques estéticos que la dejaron sin expresión y un affaire que dio un vuelco a su imagen pública como novia de América. Y es ahora, visto con la lejanía que otorga el paso del tiempo, que podemos ver qué injusta fue la industria con ella.

Meg conoció las mieles del éxito en 1986 gracias a un papel secundario en Top Gun, para luego disfrutarlo como protagonista tres años más tarde a raíz de Cuando Harry conoció a Sally. Aunque la crítica había aplaudido otros de sus trabajos menores, fue con esta comedia junto a Billy Crystal que logró plantarse en Hollywood con un éxito de taquilla y de crítica bajo el brazo. La aceptación continuó hasta explotar de nuevo de la mano de Tom Hanks con el homenaje romántico a Un asunto de amor en Algo para recordar, que en 1993 se hacía con una recaudación de 188€ millones ($227 millones) cuando había costado 17€ millones ($21 millones) en hacerse. El éxito siguió, así como el ascenso de su fama y su caché, pero el nuevo siglo no le puso las cosas fáciles.

Para ser más claros: su último éxito de taquilla fue hace 22 años con Tienes un e-mail. También fue su última película aplaudida por la crítica. Más de uno pensará que Kate & Leopold ocupa ese lugar, pero lo cierto es que no. El drama romántico sobre el duque de Hugh Jackman que viaja a través del tiempo recibió críticas muy tibias y la taquilla no fue para tirar cohetes. Hizo 63€ millones ($76 millones) cuando la película costó 40€ millones ($48 millones) (sin contar los gastos de marketing). Tienes un e-mail cosechó 207€ millones ($250 millones) y costó 54€ millones ($65 millones).

Su sueldo había subido a las ocho cifras - pasó de cobrar 8.7€ millones ($10.5 millones) por Tienes un e-mail a subir su caché a los 12.4€ millones ($15 millones) para Prueba de vida (2000) y Kate & Leopold (2001)- y el éxito la había asentado como una de las actrices más importantes de Hollywood, pero en el año 2001 todo comenzó a hundirse.

Meg Ryan y Russell Crowe en el cartel promocional de Prueba de vida
Meg Ryan y Russell Crowe en el cartel promocional de Prueba de vida

Retrocedamos en el tiempo: corría el año 2000 y Meg Ryan era conocida como esa vecina de al lado adorable, un poco pasota pero que no rompe un plato, además de madre de un niño de 8 años y esposa de Dennis Quaid. Y de repente esa imagen pública se desmoronó a raíz de darse a conocer que había mantenido un affaire con su compañero de Prueba de vida, Russell Crowe.

De repente la opinión pública y mediática se volcó de lleno a señalarla de rompe hogares, el suyo y el de Russell Crowe, quien llevaba más de una década manteniendo una relación intermitente con Danielle Spencer. El actor de Gladiator tampoco lo tuvo fácil. El frenesí mediático fue acusatorio con ambos, señalándolos de infieles y básicamente malas personas, cuando nadie sabía lo que se cocía en la vida real. Y así llegó el fracaso. Ryan y Quaid anunciaron su separación en junio del 2000 y en diciembre se estrenaba la película con críticas negativas y ni siquiera el morbo por ver a Meg y su amante en acción convocó al público a las salas.

Kate & Leopold le siguió un año más tarde, su relación con Russell Crowe se terminó y ella tuvo que empezar a acomodarse a su nueva imagen con papeles alejados de la comedia romántica. Y todo esto cuando acababa de cumplir los 40, convirtiéndose oficialmente en “vieja” para ese Hollywood que solía ser tan duro con las mujeres. Probó suerte con un drama sobre boxeo, el thriller erótico y comedias corales entre mujeres, pero ninguna funcionó.

Además del affaire, hubo otros factores que podrían haber influido a que Hollywood la distanciara de proyectos con opciones de éxito. Al llegar a los 40, la presión estética que predomina sobre las mujeres en la industria del cine la llevó a comenzar a abusar de los retoques faciales y en películas como Prueba de vida comenzaba a notarse la falta de expresión en su rostro. Hoy en día, casi veinte años después, el cambio es más que evidente. Recuerdo que a Nicole Kidman le pasó algo parecido cuando fue vapuleada por la crítica en 2008 al tachar sus expresiones de “congeladas” por haber abusado del botox en Australia. Y lo mismo le sucedió a Renée Zellweger con la diferencia de que ambas frenaron a tiempo recurriendo a retoques un poco más sutiles.

Desconozco si este fue un motivo esencial para que los estudios dejaran de ofrecerle papeles principales en el género que más éxito le daba, pero me atrevo a sugerir que sí. Los retoques extremos y el haber pasado los 40 eran peso suficiente como para relegar a una actriz en el Hollywood de hace dos décadas.

Hollywood puede ser un lugar muy cruel cuando se trata de buscar la perfección externa, sobre todo en las mujeres, y Meg Ryan podría haber sido una de sus víctimas. Lo más triste de todo es que no se merecía semejante declive evidente. Ella tuvo que pagar los platos rotos por culpa de una sociedad, e industria, que por entonces se inclinaba más en criticar la supuesta imperfección de una mujer adúltera que en preocuparse por comprender lo sucedido.

Fue con el paso del tiempo que supimos la verdad: que Russell no rompió su matrimonio, sino que estaba roto desde hacía mucho tiempo. “La historia nunca se contó bien” dijo Meg Ryan el año pasado durante una entrevista en Today, revelando que su matrimonio con Dennis estaba roto tiempo antes de dejarse arropar por los brazos de Russell Crowe. “Dennis no me era fiel desde hacía mucho tiempo, y eso fue muy doloroso” explicó anteriormente en 2008, añadiendo que descubrió más infidelidades después del divorcio.

Russell no rompió el matrimonio. Definitivamente llegó al final, pero no fue su culpa. Yo era un desastre, y lo lastimé también. No podía entrar en otra relación, no era el momento así que me salí” añadió al explicar la ruptura repentina con Russell Crowe. Curiosamente el actor no le guarda ningún rencor y dijo a The Guardian en 2001 que “es una persona hermosa y valiente y me duele la pérdida de su compañía, pero sé que he ganado una amiga”.

Meg Ryan recordó que el mundo la veía como la mala de la película pero ella nunca dejó que dicha imagen la definiera como persona, descubriendo que no tenía ninguna obligación de estar a la altura de las expectativas de la gente. “No soy una víctima. Mi época como mujer rompe hogares fue realmente interesante. Por muy doloroso que fuera, fue increíblemente liberador. Ya no tenía que importarme lo que la gente pensara”.

Descubrió que los tabloides y rumores no capturan lo que sucede en una relación a puertas cerradas y se dio cuenta que si “el divorcio es algo duro”, “el amor también”. Y mientras el éxito dejó de tocar a su puerta, ella se tomó su tiempo para darle otra oportunidad al amor. Fue en 2010 cuando comenzó una relación con el musico John Mellencamp, y a pesar de haberse comprometido en 2018, rompieron la relación en octubre de 2019.

En la actualidad, y tras aparecer esporádicamente en alguna que otra serie, Meg no tiene ningún proyecto en marcha; y si los paparazis logran captarla es paseándose en mascarilla junto a su hija de origen chino adoptada en 2006. Quizás Meg se esté tomando este tiempo para reconducir su carrera y encontrar ese papel deseado que la devuelva al firmamento de las estrellas.

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