¿Qué está pasando en el Sinaí, donde se ha producido el peor atentado de la historia de Egipto?

Javier Taeño

“Durante 20 minutos nos dispararon. No escuchábamos nada más que los sonidos de los disparos. Todos corrían, algunos intentando escapar, otros buscando a sus hijos. Ningún niño o anciano se salvó. Cuando terminaron los tiros, uno de ellos dijo: “esto es lo que les pasa a los que se oponen a los muyahidín””. Es el testimonio que recoge Mada Msr de Magdy Rizk, uno de los pocos supervivientes del peor atentado en la historia de Egipto con más de 300 víctimas mortales.

Ocurrió el pasado 24 de noviembre en Bir al-Abed, al norte del Sinaí, una región muy inestable desde hace años en la que el Ejército egipcio está en guerra con los grupos insurgentes. En esta península, que estuvo bajo control israelí durante más de una década tras la Guerra de los Seis Días, se da una situación curiosa.

Los familiares de las víctimas
Los familiares de las víctimas (REUTERS).

Mientras que el sur es uno de los principales centros turísticos de la región, con multitud de resorts de lujo que reciben cientos de miles de visitantes extranjeros al año, el norte ha sufrido tradicionalmente el olvido de la Administración central. Muchas aldeas no tienen ni electricidad ni agua y la lista de agravios con respecto al Gobierno central es larga.

Allí la población es principalmente beduina y, tras años de centralismo, de desprecio hacia la cultura y las tradiciones de la región y de escaso desarrollo, se ha ido radicalizando. Ya en los últimos años de Mubarak surgieron organizaciones como Ansar Baital-Maqdis, que tenía como objetivo la lucha contra Israel.

Pero fue cuando llegó Al Sisi al poder, tras un golpe de estado en 2013, cuando el enfrentamiento se convirtió en un gran conflicto. Por un lado, el Gobierno le declaró la guerra a estos grupos con una serie de medidas (ocupación militar, asesinatos extrajudiciales y aislamiento) que empeoraron considerablemente la situación de los habitantes. El acceso a la región está prohibido a todos los ciudadanos extranjeros, así como a la prensa nacional e internacional, por lo que la opacidad se ha convertido en el día a día del Sinaí. La única forma de saber qué ocurre es lo que cuentan las autoridades militares, por lo que no hay forma de contrastar la información.

Por el otro lado, en contraste, estas organizaciones se radicalizaron gracias a la llegada de yihadistas experimentados y empezaron a aplicar una estrategia de insurgencia muy efectiva. Debido a la orografía del terreno, muy montañoso y con muchos kilómetros de desierto, el Ejército egipcio ha sufrido muchas bajas en los últimos años. En el 2014, Ansar Baital Maqdis juró fidelidad al Estado Islámico y se convirtió en Wilayat Sina. Un grupo que ha sido capaz de cometer grandes atentados. Antes del de la mezquita de Bir al-Abed fueron también capaces de derribar un avión ruso que transportaba más de 200 turistas, así como perpetrar numerosas emboscadas contra los militares.

Los zapatos de las víctimas
Los zapatos de las víctimas (AP).

La situación es cíclica desde hace tiempo. A cada atentado de los terroristas responde el Gobierno con represión militar en forma de bombardeos sobre la región. Así, la población civil se encuentra cercada en un conflicto en el que está expuesta tanto a los atentados de uno como a las réplicas del otro, en medio de un bloqueo informativo y de un toque de queda que provoca cortes continuos en el suministro.

Para algunos analistas, esta estrategia se ha revelado como un fracaso, pero el Gobierno egipcio sigue apostando por esta vía en lugar de elaborar políticas de desarrollo en la región. Según datos del Banco Mundial el Gobierno de Sisi gasta un 1,7% del PIB en gasto militar, una cifra muy por encima de la España (1,2%), Alemania (1,2%) o Italia (1,5%).

Mientras tanto son los ciudadanos como Magdy Rizk los que sufren las consecuencias de un conflicto que parece perpetuo y que no tiene visos de terminar pronto. Miles de personas siguen enterrando a sus muertos.

Javier Taeño (@javiertaeno)