¿Qué está ocurriendo con el aceite de palma?

Productos procesados en un supermercado. Muchos de ellos contienen “aceites vegetales” sin especificar | Imagen Pixabay

Cada vez somos más los que, cuando deambulamos por los pasillos de un supermercado, nos detenemos durante unos minutos para mirar las etiquetas de los productos y comprobar qué ingredientes llevan y en qué porcentaje están presentes en ese alimento. Si lo haces a menudo te habrás dado cuenta de que una gran cantidad de productos procesados y refinados contienen lo que se denominan “aceites o grasas vegetales”.

Sin embargo, desde 2014 la Unión Europea ha empezado a legislar para que ese concepto confuso y amplio de “aceite vegetal” se especifique en el etiquetado. Es decir, los fabricantes deberán aclarar qué clase de aceite se ha utilizado en cada producto, ya que dentro de esa clasificación tan genérica de aceite vegetal el consumidor no sabe cuál está ingiriendo puesto que se incluyen productos tan diferentes como el aceite de oliva, el de girasol, el de coco, el de colza o el de palma, por citar solo algunos.

El aceite de palma se obtiene mediante el prensado de los frutos de la palma africana (Elaeis guineensis) y es uno de los productos estrella de numerosas industrias, desde la alimentaria hasta la cosmética, pasando por artículos de limpieza o la producción de biodiesel.

Frutos de la Palma de cuyo prensado se obtiene el aceite | Imagen Pixabay

La característica más destacable en el tema que nos ocupa es que el aceite de palma es rico en ácidos grasos saturados, de hecho representan la mitad de su composición. Desde hace ya varios años diversos estudios apuntan a que esta grasa aumenta los niveles de colesterol y además tiende a acumularse en las arterias incrementando el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares. Nuevos estudios también lo relacionan con el incremento del riesgo de diferentes tipos de cáncer.

A pesar de no ser un producto muy saludable lo podemos encontrar en miles y miles de productos. Galletas, salsas, chips, cremas de cacao, pizzas, helados… y sobre todo en un amplio catálogo de alimentos procesados dirigidos principalmente a los niños como bollería, batidos, dulces e incluso productos para bebés.

La polémica dura desde hace ya varios años, pero en las últimas semanas se ha intensificado y ha conseguido trasladar el asunto del excesivo uso de este aceite desde los blogs especializados a las portadas de los principales medios de comunicación.

Cadenas de Supermercados, como Alcampo, que anuncia la retirada de productos propios que contengan aceite de palma, Multinacionales, como Nestlé, que defienden la utilización en el procesado de sus productos… el debate está en marcha y en él se incluyen hasta grupos ecologistas que denuncian que las plantaciones de palma están deforestando vorazmente las selvas de países como Indonesia o Malasia y que se producen serios abusos laborales y explotación infantil.

Plantación de palmas en Asia | imagen Pixabay

La forma en la que se consigue este tipo de aceite tampoco escapa al debate. El año pasado la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria publicó un estudio sobre la forma en la que se procesa el aceite de palma. Este organismo alertó de que cuando se somete a temperaturas superiores a 200 ºC se desprenden sustancias tóxicas que pueden favorecer la aparición de diferentes tipos de cáncer.

Ante estas críticas los fabricantes están tomando dos direcciones: desvincularse de su uso o defenderlo. La célebre crema de cacao, Nutella, emitió un comunicado afirmando que su producto es seguro y que el porcentaje de aceite de palma que utilizan es inocuo.

Los nutricionistas alertan de que el aumento del consumo de productos procesados está llevando también a un incremento del consumo de este tipo de aceite y se quejan de que la legislación sea demasiado laxa ante un aceite que se está imponiendo, por sus bajos costes, ante aceites mucho más saludables.

Y quizá aquí radica una de las claves: El aceite de palma es realmente barato. La industria alimentaria se ha desplazado durante las últimas décadas hacia su utilización gracias a su precio que les permite incrementar beneficios.

La polémica está servida, nunca mejor dicho…

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