Putin anuncia una "movilización militar parcial" y acusa a Occidente de querer destruir Rusia

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Vladimir Putin ha dado un golpe sobre la mesa. La guerra en Ucrania se ha estancado -pensaba finiquitarla en 48 horas cuando lanzó la invasión, el pasado 24 de febrero- y Kiev logra reconquistar territorios a pasos agigantados, día a día. Por eso, esta mañana, en su primer discurso desde aquella noche fatídica, ha anunciado una “movilización militar parcial”, de la que aún se desconocen números. Es lo más cerca que está de una declaración formal de guerra, aunque no ha nombrado esta palabra y por eso no está claro si ha cambiado la actual denominación de “operación militar especial”.

Sólo los reservistas, principalmente los que tengan más experiencia y en puestos muy concretos, serán llamados a filas, según ha detallado la agencia rusa de noticias TASS. El Ministerio de Defensa ruso ha precisado después que la movilización anunciada por Putin afectará a 300.000 reservistas, que deberán recibir formación como primer paso. Es tomar a personas que ahora tienen un trabajo civil, recordarles lo que un día supieron y mandarlos a la guerra, aunque no necesariamente al frente.

La primera oleada de movilizaciones comprenderá soldados de hasta 35 años y y suboficiales de hasta 45, según ha especificado el presidente del Comité de Defensa de la Duma Estatal, Andréi Kartapolov, quien explicó en una declaración pública que, además de tropas, el Ministerio de Defensa demanda en estos momentos especialistas “como operadores de vehículos aéreos no tripulados y expertos en inteligencia”.

La medida, que entra hoy en vigor gracias al decreto que ha firmado hoy mismo, está justificada por “defender” la soberanía nacional y su integridad territorial. Básicamente, necesita un revulsivo que le ayude a contener la sangría. Rusia sigue dominando un 20% de suelo ucraniano, pero sus fuerzas se han debilitado, ha perdido territorios importantes sobre todo en el noroeste, arrastra problemas logísticos, de mando, de manos, y pone ahora más fuerza, a la espera de un invierno duro en esta guerra larga, donde Ucrania resiste y, ahora, avanza, gracias entre otras cosas a la efectividad de la ayuda que llega del exterior.

La “operación militar preventiva”, como la ha llamado hoy, era débil en su etiqueta y lo ha sido sobre el terreno. Esto es una guerra y necesita seguir echando carbón a la locomotora, y ayer logró el respaldo del Parlamento para dar este paso. La Cámara Baja había aprobado una serie de enmiendas al Código Penal para endurecer las penas de cárcel (hasta diez años) por actos cometidos en periodo de guerra, incluida la rendición, la deserción y los saqueos.

El proyecto, que incluye los conceptos “movilización”, “ley marcial” y “periodo de guerra”, anteriormente no mencionados en el Código Penal ruso, será revisado este miércoles por el Consejo de la Federación -la Cámara Alta rusa- de cara a su aprobación y envío al presidente para su ratificación. Lo que por ahora no está prevista es una movilización general, dijo ayer el presidente del Comité de Defensa de la Duma de Estado, Andrei Kartapolov. De hecho, el anuncio de Putin no supone ir a por todas, sino dar un paso intermedio, lo que evidencia que aún hay dudas en el Kremlin sobre cómo llevar esta guerra.

Putin, en un mensaje televisado a la nación, grabado y que se esperaba para anoche, ha acusado también a Occidente de usar a Ucrania como “carne de cañón” y de querer “debilitar, dividir y destruir” a Rusia, de usar un “chantaje nuclear”. “Ellos (los occidentales) dicen abiertamente que en 1991 pudieron desmembrar la Unión Soviética y que ahora ha llegado el turno de Rusia”, ha enfatizado. “Se trata no solo de los ataques alentados por Occidente contra la central nuclear de Zaporiyia, que pueden provocar una catástrofe atómica, sino también de la declaraciones de alto cargos de la OTAN acerca de la posibilidad en emplear contra Rusia armas de destrucción masiva”, explicó. Ha añadido que estuvo a punto de pactar con Kiev para poner fin a la ofensiva, pero que Occidente lo impidió.

Grandilocuente, avisa: “Aquellos que intentan chantajearnos con el arma nuclear deben saber que la rosa de los vientos puede volverse en dirección a ellos”.

Aquellos que intentan chantajearnos con el arma nuclear deben saber que la rosa de los vientos puede volverse en dirección a ellos

Frente a eso, ha garantizado que empleará todos los medios que Rusia tiene que defender al Donbás. “A nuestra gente”, ha dicho, pese a que es un territorio legalmente ucraniano. También ha ordenado un aumento de la financiación para impulsar la producción de armas en el país.

Está por ver cómo sienta esta decisión en la población, donde hasta ahora había jóvenes que se negaban a ir al frente porque podían hacerlo, porque no había una guerra declarada, pero ahora se podrían imponer algunas sanciones a esos reservistas que se nieguen a ir. Y está la calle, puramente, la sensación de que al otro lado de la frontera lo que hay es una carnicería para los suyos, que hacen falta más uniformados porque no llegan, pese al triunfalismo de la propaganda oficial, lo que puede acrecentar las críticas, cada día más vivas, que han llegado incluso a estamentos políticos.

El ministro de Defensa de Rusia, Serguéi Shoigú, reconoció esta misma mañana la muerte de 5.937 soldados desde el inicio de la campaña militar en Ucrania, que el sábado supera la barrera de los siete meses. Sólo recientemente ha empezado Moscú a dar estos datos, vetada como estaba su comunicación desde marzo para no asustar a la población. Fuentes de Inteligencias independientes elevan la cifra, al menos, hasta los 25.000 rusos muertos. En declaraciones a la televisión pública rusa, el ministro estimó en 61.207 las bajas mortales en las filas del Ejército ucraniano, indica EFE.

Terreno ruso

Sus palabras completan una jugada potente, desvelada ayer, cuando prorrusos ucranianos convocaron referendos de integración con Rusia para contrarrestar la contraofensiva ucraniana que ha puesto en entredicho el éxito de la campaña militar rusa. En primer lugar, los órganos consultivos de Donetsk y Lugansk se dirigieron el lunes a sus líderes para que convoquen “con urgencia” dichos plebiscitos para garantizar la seguridad de sus territorios, y ya ayer les secundaron las administraciones prorrusas de las regiones meridionales de Jersón y Zaporiyia.

Los nuevos referendos están previstos por la vía rápida, para el 23-27 de septiembre, y se suman a la consulta que en 2014 supuso la anexión a Rusia de la república autónoma de Crimea, parte de Ucrania y cuyos resultados no han sido reconocidos por la comunidad internacional.

El pasado 21 de febrero, Putin, como antesala de la guerra, ya reconoció la independencia de estas dos provincias y mandó de seguido a su ejército “para mantener la paz”.

Este paso político es grave. Si se declara territorio ruso esa zona de Ucrania, Moscú puede quejarse de que se está atacando su territorio y, por tanto, usar los medios que estime oportunos para defenderlo. Y, sí, la amenaza nuclear sobrevuela estas estas horas de incertidumbre.

En cualquier caso, estos movimientos de Putin dejan claro lo que ya avanzó hace días: que las oportunidades para un diálogo que acabe con la contienda son, hoy por hoy, nulas.

El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, había mandado un mensaje a la ONU, siendo como es el único mandatario que no podrá participar presencialmente en la Asamblea General de este año, pero sus asesores lo han retirado, esperando al mensaje de esta mañana de Putin, y ahora se esperan sus palabras, su reacción tras esta movilización parcial.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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