El pulso entre Tokio y Seúl empieza a pasar factura a Japón

El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, envió este jueves un mensaje conciliador a Japón para acabar con sus rencillas comerciales e históricas. EFE/EPA/YONHAP/Archivo

Tokio, 15 ago (EFE).- Las disputas históricas entre Tokio y Seúl han degenerado en un pulso de medidas comerciales punitivas y réplicas, cuyo último episodio es un boicot de los surcoreanos contra el país vecino que comienza a pasar factura a Japón.

Las relaciones entre ambos países nunca han sido fáciles debido sobre todo a la ocupación nipona de la península coreana entre 1910 y 1945, pero en los últimos meses la situación ha derivado en una escalada de confrontación diplomática y comercial en la que ninguno de los dos parece dispuesto a dar marcha atrás.

A raíz de las sentencias de la justicia surcoreana que ordenaban a empresas niponas a pagar compensaciones por esclavizar a trabajadores durante la II Guerra Mundial, Tokio decidió endurecer sus condiciones comerciales para el país vecino, y Seúl respondió con contramedidas similares.

Y desde que en julio el Ejecutivo nipón anunció sus primeras restricciones que perjudican especialmente al sector tecnológico -pilar de la economía surcoreana-, se han sucedido las protestas ciudadanas contra Japón y los llamamientos a boicotear todo tipo de productos del país vecino y a abstenerse de viajar allí.

De un lado está el Gobierno del liberal Moon Jae-in, quien ha apoyado varias iniciativas para que Japón rinda cuentas por su pasado colonialista, y del otro el Ejecutivo del conservador Shinzo Abe, quien da por zanjados esos temas y es conocido por su agenda revisionista.

"Abe parece estar exasperado con Moon y su insistencia por volver a cuestiones del pasado... Pero emplear represalias comerciales en una disputa sobre historia es algo muy peligroso y de lo que se puede arrepentir", dice a Efe Jeff Kingston, director de Estudios de Asia de la Universidad Temple de Japón.

Por ahora, la llegada a Japón de turistas surcoreanos -que suponen un cuarto del total de visitantes y el segundo grupo que más gasta en el país- cayó entre enero y junio cerca de un 4 % interanual, el primer descenso en cinco años, según los últimos datos de la Agencia nipona de Turismo.

Otras estadísticas del Ministerio surcoreano de Transporte muestran una descenso notable en la ocupación de vuelos entre la península y el archipiélago durante el último mes.

Esto preocupa en regiones niponas altamente dependientes del turismo como Kyushu (sudoeste) o Hokkaido (norte), adonde operadores surcoreanos han recortado o incluso suspendido sus conexiones por barco y avión, y en un momento en que Tokio trata de promover esta industria para reactivar la renqueante economía nacional.

A ello se suma el creciente movimiento de boicot contra productos nipones como los vehículos, la cerveza o los cosméticos, una iniciativa que respaldan entre el 60 y el 80 % de los surcoreanos, según diversas encuestas, y a la que también se han unido varios sindicatos y asociaciones empresariales.

El mes pasado, las exportaciones de automóviles japoneses a Corea del Sur se hundieron un 17,2 % respecto al mes anterior y un 34,1 % interanual, según datos del servicio de aduanas surcoreano.

Por su parte, las ventas de materiales nipones dirigidos a la industria surcoreana de semiconductores cayeron en julio un 42,6 %, en este caso debido a las restricciones comerciales que Tokio comenzó a aplicar al sector en dicho mes y que desde finales de agosto se ampliarán al 97 % de sus exportaciones al país vecino.

Un informe reciente del grupo financiero Goldman Sachs señalaba que esas limitaciones "no suponen un riesgo" para el crecimiento anual previsto de la economía nipona, aunque sí pueden dar lugar a una "alta volatilidad" en el período entre julio y diciembre.

Las reyertas entre estos países se dan, además, en el imprevisible contexto de guerra comercial entre Estados Unidos y China, cuyas sacudidas vienen notando tanto Tokio como Seúl.

El daño puede ir más allá de lo económico y salpicar la imagen global de Japón, puesto que "sus represalias comerciales socavan su credibilidad como adalid del libre comercio en Asia-Pacífico" y le sitúan "cerca del Trumpismo", advierte el antes citado Kingston en alusión a las políticas del presidente estadounidense.

"Esta situación perjudica tanto a Tokio como a Seúl. Ambos han optado por escalar el problema con jugadas que quizás les suponen ganar cierto apoyo a nivel doméstico, pero que van claramente contra sus intereses generales", concluye el académico.

En Japón, una encuesta publicada esta semana por el diario conservador Sankei reflejaba que dos tercios de los nipones apoyaban las restricciones comerciales sobre Seúl, mientras que un 60 % también mostraba "preocupación" por el impacto en las relaciones bilaterales.

La incógnita es cuál de los dos gobiernos cederá primero en un pulso que parece el peor momento en las relaciones bilaterales desde el acuerdo firmado en 1965 para normalizar lazos y enterrar las disputas históricas, o si el conflicto terminará por expandirse a las alianzas de seguridad y defensa, como temen algunos expertos.

Antonio Hermosín Gandul