Bajo los puentes de Trípoli, el porvenir de los migrantes en suspenso

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Empujados hacia la ruta migratoria por la miseria, centenares de africanos que fracasaron en su intento de cruzar a Europa desde las costas libias se han resignado a permanecer en Trípoli, donde debido a los míseros salarios, los peligros de la travesía han sido reemplazados por la precariedad económica.

Son centenares de jornaleros, provenientes de países del África subsahariana, que pasan las primeras horas de la mañana en los puentes tripolitanos, barridos por los vientos del Mediterráneo.

Equipados con herramientas desgastadas, sentados sobre neumáticos de camiones o en el bordillo de la vereda, observan los autos para correr hacia aquellos que se detienen, con la esperanza de ser contratados por la jornada para un trabajo provisional.

Muchos entre ellos, oriundos de Níger, Sudán o Eritrea, huyeron de sus países a causa de los conflictos, la pobreza y la corrupción, para intentar la peligrosa travesía del Mediterráneo en botes de goma desde Libia, centro de migración ilegal de paso hacia Europa.

Interceptados por los guardacostas libios y devueltos a este país sumido en un caos total desde hace una década, son los nuevos actores del mercado laboral informal.

"Llegué hace seis años para viajar a Europa", comenta Mojtar Mohamed, sudanés de 27 años, de Darfur, región devastada por la guerra. Finalmente, se instaló en un puente de la capital libia.

"Intenté la travesía en 2016, pero nuestra embarcación fue interceptada y me llevaron a un centro de detención" a las afueras de Trípoli, recuerda.

- "Sobreviviente" -

Allí estuvo encarcelado en "condiciones muy difíciles" hasta julio de 2019, cuando un ataque aéreo provocó allí decenas de muertes. La capital era blanco de la ofensiva del lider militar del este libio, el mariscal Jalifa Haftar, que disputaba el poder al gobierno reconocido por la comunidad internacional.

"Soy un sobreviviente", murmura Mojtar, mostrando su carné de refugiado del Alto Comisionado para los Refugiados, que "lo liberó del centro". "Desde entonces he estado trabajando ubicado debajo del puente como peón de mudanzas", explica.

Pero el trabajo falta, todavía más en estos tiempos de pandemia. Al punto que varios jornaleros se quedaron en la miseria total.

"Los días buenos podemos ganar hasta unos 100 dinares (18 euros, unos 22 dólares), pero a veces tenemos algunos sin ingresos", dice con aire desilusionado.

Antes de llegar a Trípoli, "atravesó el Sahara a pie, tardando una semana en llegar desde Darfur hasta las fronteras libias". Actualmente ocupa un "dormitorio diminuto" en un apartamento compartido con otros migrantes, y "aún espera poder irse" algún día.

Detrás de él, una decena de hombres esperan: "no hay mucho trabajo. El covid no ayuda", suspira Brahim, de 39 años, pintor y albañil nigerino.

Los guardacostas abortaron los "tres intentos" de travesía de este artesano, que había pagado a los contrabandistas de humanos para llegar a Italia, 300 km al norte. "Perdí 9.000 dólares ganados con el sudor de mi frente", se lamenta.

- "Traficantes" -

Las partidas ilegales hacia Europa empezaron en tiempos de Muamar Gadafi, quien gobernó Libia 42 años, hasta 2011.

El "Guía" no dudaba en presionar a países europeos, reclamándoles dinero para frenar los flujos migratorios.

Al abrir sus puertas a migrantes en un gesto panafricanista premeditado, el rico país petrolero con apenas siete millones de habitantes también se convirtió en un destino final, algo que por ahora ya no es un objetivo.

Esta migración se interrumpió con el caos pos-revolucionario, que provocó la trata de personas y aumentó los cruces clandestinos.

En la situación actual, "los trabajadores precarios están también a merced de los traficantes", advierte Michaël Neuman, director de estudios de la oenegé Médicos Sin Fronteras (MSF).

"La Libia de Gadafi estaba abierta a la migración, particularmente subsahariana, que alentó. Podría volver a ser, pero aún tienen que darse las condiciones", subraya Neuman, quien en 2020 documentó "las pésimas condiciones de vida en los centros de detención ".

Brahim está dispuesto a quedarse permanentemente en Libia, "si hay trabajo y la situación mejora". Puesto que, insiste, "cuando emigras es principalmente para buscar trabajo".

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