"No puedo vivir sin ingresos", dice Osama tras ser expulsado de Ceuta

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Desesperado por la falta de futuro en su país, Osama, un marroquí de 17 años, está dispuesto a aprovechar "la primera oportunidad" que se le presente para ir al enclave español de Ceuta, donde pasó unas horas el martes como miles de sus compatriotas, antes de ser expulsado.

"Vuelvo esta misma noche. Amo a mi país, pero no puedo vivir en él sin ingresos", suelta este joven sin escolarizar, poco después de pisar de nuevo territorio marroquí.

Osama no se mueve de allí con la esperanza de que los controles vuelvan a relajarse en el lado marroquí de la frontera. Su objetivo: volver a Ceuta. No es el único. Junto a él hay muchos candidatos a la emigración que se precipitan a la frontera desde el lunes.

Osama camina hacia el centro de Castillejos (Fnideq en árabe) con un grupo de hombres y mujeres con niños. Van en medio de una multitud de personas expulsadas de Ceuta por los guardias fronterizos españoles. Hay gente de todas las edades.

Van escoltados por las fuerzas de seguridad marroquíes que el martes por la mañana se desplegaron a lo largo de la valla que separa España de Marruecos para frenar la marea humana hacia la frontera. El lunes permanecieron pasivas durante horas.

Desde el lunes por la mañana unas 8.000 personas, según el último recuento del ministerio del Interior español, consiguieron cruzar la frontera de forma ilegal y aproximadamente la mitad de los inmigrantes clandestinos fueron expulsados, independientemente de su edad y pese a su posible derecho a la protección internacional.

Algunos llegaron por mar, nadando, y otros colándose por la valla que separa el territorio marroquí del enclave español.

- "No tengo miedo" -

Ante la miseria y la falta de futuro, muchos jóvenes marroquíes, algunos de ellos eufóricos, dicen que están dispuestos a cualquier cosa para intentar, o volver a intentar, entrar en el minúsculo territorio europeo en el norte del Magreb.

Osama, "asfixiado por los gases lacrimógenos" lanzados contra la franja de arena que conduce a Ceuta, está "hambriento" y ha pasado una noche sin dormir, total para nada. "No tengo miedo de volver", asegura.

Quiere seguir "el ejemplo" de un amigo que se fue clandestinamente a Europa donde "ahora vive muy bien", según él, porque "por lo menos tiene acceso a la atención médica si está enfermo".

"La situación es insostenible", declara Badr, un joven peluquero desempleado desde la crisis sanitaria. A él también lo expulsaron el martes por la mañana.

Su único consuelo: "fuimos bien recibidos por los habitantes de Ceuta que nos dieron de comer", asegura este joven de 26 años originario de Tetuán (norte) que luce con orgullo los zapatos nuevos que le dieron durante su breve estancia.

Las desigualdades sociales son profundas ya de por sí en Marruecos pero han aumentado desde el comienzo de la crisis sanitaria: la situación de los más pobres empeora y los más adinerados se enriquecen, según datos del Alto Comisionado de Planificación (HCP), encargado de las estadísticas, y la oenegé Transparencia Internacional.

- "He perdido la esperanza" -

Para algunos, la búsqueda desesperada de un futuro mejor terminó muy mal, como el caso de un hombre que murió ahogado mientras intentaba llegar a Ceuta, según las autoridades españolas.

Sanae, de 31 años, quería cruzar a nado con su hija de 7 años. A pocos metros de Ceuta "mi hija casi se ahoga", contó esta viuda que perdió su empleo de limpiadora por la crisis sanitaria.

"Nunca imaginé que una madre pudiera lanzarse al mar", comenta Badr mientras la escucha.

Algunos vienen de Casablanca, la capital económica del reino, a más de 400 km al sur, y han terminado el recorrido a pie, según varios testimonios recogidos por la AFP.

Abdeslam, de 24 años, recorrió 300 km desde Salé, una localidad situada cerca de la capital, Rabat, pero dio marcha atrás el martes por la mañana: "Perdí toda esperanza en este país pero vi que las autoridades expulsaban a todo el mundo", confiesa.

La afluencia hacia Ceuta también atrajo a migrantes en tránsito desde África Occidental o de Oriente Medio. Hashem, un yemení de 26 años llegó a Marruecos a pie desde Níger hace unos seis meses.

El martes por la noche, un centenar de los migrantes expulsados se juntaron en una plaza, dispuestos a volver a la frontera. No muy lejos había taxis colectivos para los que finalmente decidieran volver a casa.

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