El puñetazo de Watts a Jagger y otras anécdotas de puro 'rock and roll' de los Rolling Stones

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Keith Richards, Charlie Watts, Ron Wood, Mick Jagger, y Bill Wyman durante la gira Black and Blue en 1977. (Photo: BettmannBettmann Archive)
Keith Richards, Charlie Watts, Ron Wood, Mick Jagger, y Bill Wyman durante la gira Black and Blue en 1977. (Photo: BettmannBettmann Archive)

Como dicen en su mítica Jumpin’ Jack Flash, se podría decir que los Rolling Stones han nacido en “un huracán de fuego cruzado”. Su estilo de vida es auténtico rock and roll y su música les ha hecho llegar al altar de la historia del rock. Sus satánicas majestades han marcado un antes y un después en el legado de la música popular y sus más de 50 años sobre los escenarios los avalan. Sin embargo, a pesar de que lo que sus fans pudieran pensar, no son eternos. Charlie Watts, batería de la banda ha fallecido este martes a los 80 años.

“Charlie fue un amado esposo, padre y abuelo, y como miembro de los Rolling Stones es uno de los baterías más grandes de su generación”, han señalado en el comunicado.

Tanto Watts como el resto de la banda han superado una infinidad de adversidades, anécdotas e incluso han propiciado sus propias leyendas urbanas. Estas son algunas de las que los hacen únicos:

El día que Charlie Watts le dio un puñetazo a Mick Jagger

A pesar de que la formación ha ido cambiando a lo largo de los años, la sintonía entre Jagger, Watts y Richards ha hecho que los tres se hayan mantenido como un todo más de cerca de medio siglo. Sin embargo, también han tenido sus rifirrafes, hasta el punto de agredirse.

Watts, de carácter más reservado y tranquilo, chocó con la apabullante personalidad de Jagger en 1984. Según se cuenta en el libro Vida, la autobiografía de Keith Richards (Libros Cúpula, 2010), el enfrentamiento tuvo lugar en Países Bajos en un impasse del conjunto en el que debatían sobre su posible separación.

Tal y como cuenta el guitarrista de la banda, él y Jagger volvían de una noche de fiesta a las 5 de la mañana y decidieron llamar a la habitación de Watts. “Le dije: ‘No le llames, no a esta hora’. Pero lo hizo, y le dijo: ‘¿Dónde está mi baterista?’. No hubo respuesta, y colgó el teléfono”, cuenta Richards.

A los 20 minutos, Watts se presentó en la habitación en la que estaban el cantante y el batería perfectamente vestido con traje de chaqueta y perfume.

“Abrí la puerta y él ni siquiera me miró, pasó directamente a mi lado, se plantó ante Mick y dijo: ‘Nunca me vuelvas a llamar tu baterista’. Luego lo agarró por las solapas de la chaqueta y le dio un gancho de derecha”, relata Richards.

Según recuerda el guitarrista, tuvieron que intervenir para que la pelea no fuera a más ya que hasta 12 horas después, Watts quería golpearlo de nuevo.

Cuando Richards y Jagger estuvieron a punto de perderlo todo por las drogas

En el documental Crossfire Hurricane, Jagger cuenta que Richards y él estuvieron a punto de acabar en la cárcel por las drogas y ver truncado el futuro del grupo.

En mayo de 1967, un periodista dio un chivatazo de que en la casa de Redlands (Sussex, Reino Unido) de Keith Richards había sustancias estupefacientes. Allí estaban entonces él y Jagger en pleno subidón de LSD. Ambos fueron arrestados y se les sentenció pena de cárcel, cada uno en un centro penitenciario. Sin embargo, por aquel entonces ya eran “estrellas de rock” así que pasaron apenas 24 horas entre rejas.

Richards volvió a tener otro susto en 1977 cuando fue pillado con heroína en Canadá. Tras esto decidió desintoxicarse por el bien del grupo. “Los Rolling Stones me salvaron”, asegura en el documental.

Keith Richards y Mick Jagger en un concierto en el Madison Square Garden en 1969. (Photo: Michael Ochs Archives)
Keith Richards y Mick Jagger en un concierto en el Madison Square Garden en 1969. (Photo: Michael Ochs Archives)

El día que Richards se esnifó las cenizas de su padre

Esta anécdota divaga entre la realidad y la leyenda urbana. Él mismo lo confesó en la revista NME en 2007 cuando respondió a la pregunta de qué era lo más raro que se había esnifado.

″Él fue incinerado y no pude resistir hacerme un tirito (dosis para esnifar) con él. A mi padre no le habría molestado, no le importaba una mierda. Me sentó bien, todavía estoy vivo”, dijo entonces. Meses después, en otra entrevista en Daily Mail aseguró que les había pedido a sus hijos que hicieran lo mismo con él.

En su biografía Vida, Richards admitió que estas declaraciones eran una broma, pero no llegó a negarlo. “Como perro viejo que soy, dije que [la declaración a NME] y se sacó de contexto. Ni lo negué ni lo admití. La verdad del asunto es que después de tener las cenizas de mi padre en una urna negra durante seis años, porque no tuve fuerzas para esparcirla a los vientos, finalmente planté un robusto roble inglés para esparcirlo alrededor. Y cuando quité la tapa, un hilo de las cenizas se volaron y cayó en la mesa. No podía simplemente limpiarlo, así que pasé mi dedo por encima y me esnifé el residuo. Cenizas a cenizas, de padre a hijo”, detalló en el texto.

Esta no es la única leyenda que corre con respecto al guitarrista, del que también se bromea sobre su caída del cocotero en 2006 y su supuesta transfusión sanguínea anual para limpiar las sustancias estupefacientes.

Cuando lo intentaron en el cine...y no salió bien

Tanto Richards como Jagger han protagonizado numerosas cintas en la gran pantalla. Eso sí, su experiencia no ha sido del todo buena.

Jagger se estrenó en 1969 en la cinta Ned Kelly grabada en Australia. En la grabación, según cuenta, “tenía que disparar a un montón de policías” y la pistola de fogueo que utilizaba se averió y disparó contra sus dedos índice y corazón. Sin embargo, no hay mal que por bien no venga, y aprovechó la recuperación de la lesión para componer Brown Sugar.

“Estaba intentando rehabilitar mi mano y tenía una guitarra eléctrica nueva”, señaló. “Estaba tocando en medio de la nada y acabé escribiendo este tema”, añadió.

En 2006 fue Richards, quien sembró la polémica en un rodaje, concretamente el de Piratas del Caribe III, donde daba vida al padre de Jack Sparrow (Johnny Depp). Llegó tan borracho que no se tenía en pie y el director Gore Verbinsky tuvo que ayudarle a mantenerse. Como era de esperar, fue expulsado del rodaje, tras lo cual el guitarrista llegó a gritar: “Si querían a un angelito de la caridad, contrataron a la persona equivocada”.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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