Un puñado de kazajos desafían a Pekín reclamando a sus parientes presos

Christopher RICKLETON
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Cuando cada mañana sale a manifestarse por su marido atrapado en Xinjiang, Gulnur Kosdaulet toma un modesto taxi colectivo que pasa ante su granja en la estepa kazaja, rodeada de montañas.

Una hora y media después se encuentra frente al consulado chino en Almaty, la capital económica de Kazajistán. Desde hace un mes, un pequeño grupo de manifestantes, mujeres sobre todo, se reúnen sin falta a diario allí.

"Kazajistán y China son amigos. Manifestamos para que ambos gobiernos encuentren un acuerdo y nos devuelvan a nuestros seres queridos", explica Kosdaulet.

Su marido, un veterinario de 47 años, lleva más de tres años detenido. Ahora fue puesto en libertad pero con su pasaporte confiscado, por lo que no puede retornar a Kazajistán. Al menos, la pareja puede comunicarse por teléfono.

Un día de concentración, otra mujer rompe a llorar cerca suyo tras haber coreado en voz alta "¡Bostandyq!", "libertad" en kazajo.

"Busco a mi esposo Jarkynbek. Desapareció hace cuatro años", cuenta la mujer, Tursyngul Nurakai, mostrando dos fotos. "Y éste es mi sobrino Kenjebek, estuvo diez años encarcelado".

En Xinjiang (noroeste), las autoridades chinas son acusadas de encarcelar masivamente a distintos grupos étnicos, sobre todo a musulmanes uigures, pero también a kazajos, en su lucha contra el "extremismo".

En enero, el exsecretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, calificó a estas persecuciones de "genocidio".

Y en este mes, decenas de expertos aseguraron en un informe para el Newslines Institute, con sede en Washington, que Pekín viola en Xinjiang una convención de la ONU para la represión de genocidios.

El ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, calificó de "absurdas" estas acusaciones. Pekín afirma que estos sitios de detención son centros de formación para frustrar la violencia, en una región que en 2009 registró disturbios contra las autoridades.

Gulnur Kosdaulet jamás imaginó verse envuelta en algo así. Pero desde 2017 su marido y padre de sus tres hijos, Akbar, ciudadano chino, no ha regresado de Xinjiang adonde fue para un funeral.

- Miles de kazajos detenidos en China -

Sin esta situación, Kosdaulet indicó que se habría mantenido "tranquila" en su finca y "nunca pensó en política, ni un segundo".

Kazajistán, que cuenta con miles de familiares de su población detenidos, se ha vuelto una plataforma para activistas que protestan por estos abusos, lo que incomoda a las autoridades que quieren mantener buenas relaciones con su vecino.

La policía controla de cerca las manifestaciones diarias ante el consulado chino y pide los manifestantes que se dispersen, con mensajes a través de megáfonos diciendo que la manifestación es ilegal.

Para Baibolat Kunbolat, la policía intenta "acallar" las consignas coreadas por los manifestantes.

El mes pasado, este hombre de 40 años, que brega por la liberación de su hermano, fue el primer manifestante en ser condenado a una breve pena de prisión de 12 días.

La mayoría de los concentrados han pedido oficialmente al gobierno que ejerza presión sobre Pekín. A finales de 2018, la diplomacia kazaja anunció que China había autorizado el retorno a Kazajistán de 2.000 personas.

Desde entonces, los informes sobre penas de prisión impuestas a kazajos que han permanecido en China son cada vez más frecuentes. Y los familiares acusan a las autoridades kazajas de no hacer esfuerzos para ayudarlos.

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