La hostelería de Madrid es el polvorín de las elecciones: las cifras reales detrás del arma electoral

Agencia EFE
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El sector de la hostelería ha cobrado protagonismo en Madrid en la pandemia y será un factor clave en las elecciones autonómicas, ya que pese a que su aportación al producto interior bruto es menor respecto a otras comunidades autónomas, la posibilidad de mantener los negocios abiertos con determinadas restricciones ha supuesto un respiro para empresarios y clientes.

Desde el inicio de la crisis sanitaria, la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ha expresado por activa y por pasiva su respaldo al sector, que ha disfrutado en Madrid de una flexibilidad notablemente superior a la del resto de autonomías durante toda la desescalada.

Aunque las restricciones han ido variando, en líneas generales la Comunidad ha permitido a los establecimientos abrir todo lo posible con determinadas restricciones, mientras que varios ayuntamientos, como el de la capital, han dado facilidades para instalar o ampliar terrazas en aceras y calzadas.

De este modo, pese a que persisten la prohibición al consumo en barra y las limitaciones de aforos y de comensales por mesa (4 en terrazas y 6 en interior actualmente), se ha conseguido mantener la actividad en buena parte de los establecimientos.

La clientela ha tenido que adaptarse a las nuevas normas, como el cierre de los bares y restaurantes actualmente a las once de la noche, coincidiendo con el toque de queda, lo que ha cambiado costumbres en los horarios de las cenas, aunque el reparto de comida a domicilio está permitido hasta la medianoche.

LA CRISIS EN CIFRAS

La hostelería madrileña ha paliado el golpe del coronavirus, pero en ningún caso ha eliminado sus efectos.

La crisis se ha llevado por delante cerca de 6.000 negocios del sector, al pasar de 30.800 a 25.000, según explica a Efe el director general de la Asociación Empresarial de Hostelería de Madrid (AEHM), Juan José Blardony.

Se han perdido además unos 35.000 empleos, el 18 %, a los que se suman otros 15.000 trabajadores que están en situación de expediente de regulación temporal de empleo (ERTE).

La facturación global del sector en 2020 fue un 50 % inferior a la de 2019, lo que ha rebajado al 4,6 % su peso en el producto interior bruto (PIB) de la Comunidad de Madrid, cuando históricamente, apunta Blardony, se ha situado en torno al 5 %.

La situación ha sido especialmente dramática para los locales de ocio nocturno, los salones de bodas y banquetes o el sector del catering, así como para aquellos establecimientos "relacionados con la cultura" o que no han tenido la opción de colocar una terraza.

Los datos son malos, pero mejores que los que arroja el balance nacional, con el cierre definitivo de prácticamente un tercio de los locales (85.000) y la pérdida del 23 % de los empleos (aproximadamente 300.000), mientras que en las regiones con más dependencia del turismo la caída de la facturación ha alcanzado incluso el 80 %.

Aún así, la hostelería supone en la actualidad el 6,2 % del PIB nacional, con la mayoría de las comunidades autónomas por delante de Madrid en porcentaje de riqueza, pero por detrás en cuanto a las facilidades para mantener los negocios abiertos.

MADRID COMO OASIS

Pese a que la Comunidad no ha dado ni una sola ayuda directa a la hostelería, al contrario que otras autonomías, entre el gremio está muy extendida la percepción de que estar en Madrid ha sido un balón de oxígeno.

El presidente de la patronal nacional, José Luis Yzuel, lo dejaba claro en un congreso celebrado la semana pasada: "Madrid no ha dado ni una sola ayuda, ni una peseta. En casi todos los territorios nos han dado alguna propina, pero aún así Madrid ha sido un oasis, han limitado mucho menos (...) Los hosteleros de la región no piden ayudas: lo que quieren es trabajar, trabajar y trabajar".

"Madrid ha tomado pocas medidas realmente, pero la que ha tomado nos ha salvado la vida", apunta a Efe el fundador del grupo Lamucca, Álex Marín, quien afirma que estarían "muy jodidos" de haber sufrido restricciones más duras.

Para los grupos que operan a gran escala y mantienen intereses en varias regiones, la diferencia resulta más obvia: por ejemplo, el CEO de Beer&Food (con marcas como Gambrinus o Tony Roma's), Sergio Rivas, explicaba recientemente en un foro virtual que su negocio se ha contraído un 80 % en Cataluña y un 20 % en Madrid.

"Muy poca gente se atreve a decir que los que seguimos vivos es porque tenemos nuestro negocio en Madrid", señalaba Rivas.

Todo ello no quita para que se hayan echado en falta acciones adicionales, que ahora quedarán en el debe del Gobierno resultante tras los comicios.

El director de la asociación de hosteleros de Madrid, por ejemplo, pide apostar "por la promoción efectiva del turismo" y por la formación, "más proactiva y enraizada en las necesidades de las empresas".

AYUSO 'FENÓMENO FAN'

La popularidad de la presidenta madrileña en el mundo de la restauración ha trascendido los límites de la región, y el lema de "queremos una Ayuso" se ha dejado oír en lugares como Castilla y León, Castilla-La Mancha o Cantabria, algunas de las regiones donde los hosteleros se han echado a la calle para protestar por las limitaciones a la apertura.

A su vez, Ayuso se ha entregado sin reservas al rol de benefactora de la hostelería, hasta el punto de presentar el "ir de cañas" como la quintaesencia de aquello que ha venido a denominar "la vida a la madrileña".

El resultado de esta simbiosis puede verse a pie de calle, sobre todo en tierras fértiles para los bares como el centro turístico de la ciudad, donde proliferan los carteles de apoyo con el rostro de la presidenta y eslóganes como '#YoConAyuso' o 'Ayuso somos todos. ¡Gracias por cuidarnos!'. Incluso hay quien ha incluido en su menú platos que rinden homenaje a la dirigente del PP.

El pasado fin de semana, el PP difundía un vídeo revelador: un coche con los colores y cartelería del partido y Ayuso, equipado con megáfonos, recorría la calle Ponzano entre un estruendo de aplausos y vítores de los clientes, y algún que otro camarero, que atestaban las terrazas.

"Es humano que, si ves que un responsable político te está ayudando a mantener tus empleos, a mantener la continuidad de tu negocio (...) en comparación con otras comunidades autónomas donde no ha habido estas posibilidades, haya una mayor afectividad hacia ese responsable", apunta Blardony.

Marín agrega: "El empresario para triunfar necesita jugársela, y creo que en este aspecto empatizas mucho con alguien que parece que haya luchado contra viento y marea para mantenernos vivos. Y es normal que empatice el sector y que se demuestre esta simpatía, porque al menos con nosotros se ha portado bien, eso es innegable".

Ante las críticas de quienes consideran que el 'régimen Ayuso' ha dado patente de corso a un 'turismo de borrachera' con epicentro en los bares, Marín replica: "La hostelería precisamente no es donde se ha vivido todo este desfase. Yo lo he visto en parques, lo he visto en pisos alquilados, pero en restaurantes, yo creo que por lo que nos jugamos, en general se han respetado mucho las medidas".

De cara al 4M, Marín sólo espera que se mantenga "esta flexibilidad y esta comprensión", y le preocuparía "que entrase algún otro tipo de dirigente" que cambie la situación actual.

Por su parte, Blardony señala que lo que le preocupa son las medidas que adopte el nuevo Gobierno tras las elecciones, y asegura que "no es una cuestión de colores".

"Creo que todos los partidos están de acuerdo en que tenemos que mantener el empleo y en que la hostelería es un sector que, más allá de esa representación y ese peso económico, influye en muchísimos sectores que están alrededor (...) trasciende y da bienestar y ocio a la ciudadanía", concluye.

Juan Vargas

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