Propósitos de Año Nuevo que solo los mexicanos podemos (o no) cumplir

Foto: Xin Yuewei / Xinhua via Getty Images

“De buenas intenciones está asfaltado el camino del infierno”, reza el dicho que ataca directo a nuestros propósitos de año nuevo.

… Pero a la vez nos reta a emprenderlos.

¿POR QUÉ HAY PROPÓSITOS Y POR QUÉ EN AÑO NUEVO?

El propósito -que es distinto a propuesta y a proposición, aunque coincidan parcialmente en su etimología- es lo que nos mueve a actuar de tal o cual manera con un fin previsto.

Siempre estamos siendo regidos por propósitos.

Los propósitos pueden ser auténticos, cuando se originan en la persona, o falsos, cuando los tenemos porque otro los inculcó en nosotros (para esto hay como nunca una gama de formas -ingeniosas, tecnologizadas, certeras- con las que la maldad penetra a más no poder para hacer que uno haga lo que ella quiere).

…Y nacen propósitos en año nuevo porque siempre se propone uno algo cuando empieza algo: abre una página en blanco, estrena un cuaderno, y no es lo mismo que todos los días. Decimos un “ahora sí” esto o lo otro.

¿HAY PROPÓSITOS DE LA MUJER Y PROPÓSITOS DEL HOMBRE MEXICANOS?

Claro que los hay.

Los hay aunque los textos sobre los propósitos no los incluyen.

Particularmente en México el varón puede proponerse ser fiel, mientras que la mujer no se lo plantea porque, al menos según las estadísticas, ese no es problema para ella.

También es muy mexicano, dado el descuido de nuestra atención preventiva, que el varón diga “ahora sí me voy a checar la próstata”, mientras la mujer: “tengo el propósito de hacerme la mastografía ya regularmente”.

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Es muy mexicano que el varón jure (haga el propósito) de no embriagarse, mejor aún: de no tomar, porque “así se empieza y ya ve cómo termina uno”, etcétera; la mujer, por su parte, también por estudios del nivel de incidencia, no tiene ese punto como vicio a vencer.

Y, así, hay propósitos muy masculinos y muy mexicanos: “ya no voy a ser tan violento: voy a contar hasta 10”; “ya no me voy ‘a poner’ (a confrontar) con el jefe”; “me voy a llevar a mis hijos a (casi) donde vaya“. La mujer por su parte se propone: “ya no me voy a dejar”, y aquí viene una larga lista “al primer golpe, lo dejo”; “le vuelvo a ‘saber’ algo y agarro (tomo) a mis hijas y no vuelve a saber de nosotras”, etcétera.

En esos casos, la posición de la mujer –los propósitos- son radicales, existenciales, implican destinos. Quizá en ese radicalismo estribe lo poco que se llevan a cabo.

No olvidar que los propósitos siempre serán considerados buenos aunque sean malos: “este año ya me propuse que si vuelvo a ver mi compadre acercándose tanto a mi ‘vieja’, le lanzo el machetazo”. Aquí, el compadre ofendido no ve lo malo del ataque que planea porque se impone lo bueno de apartar al compadre abusivo.

NO DEBERÍAN ESTAR SUJETOS A QUE SEA AÑO NUEVO

Pero suponiendo que –como hemos visto- los propósitos sean auténticos, que no nos hayan sido inculcados por otros a la mala, si nos hacen superarnos –como personas o porque así saldríamos de algo desfavorable- ¡deberíamos procurarlos todos los días!: no tienen por qué depender de la entrada del año. Además, son pocas las cosas que sí dependen del cambio anual.

Depende del cambio anual el pago del impuesto predial, por ejemplo. Si se paga temprana o anticipadamente se gana un descuento. Ese es un verdadero propósito de año nuevo: realizar algo que es bueno y que solo tiene lugar en el nuevo año (cualquier parecido o semejanza con publicidad del gobierno será mera coincidencia; de veras).

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¿POR QUÉ NO SE CUMPLEN?

No se cumplen porque para ello se necesita que seamos gente “cumplida”. Punto. Si tenemos el hábito de cumplir, que se relaciona mucho con cubrir (nuestros compromisos, nuestras verdaderas necesidades –las básicas y las superiores-, nuestras tareas), haremos realidad nuestros propósitos.

…Menos, no.

¿Y cómo podemos volvernos “cumplidos”? Cumple el que tiene ese hábito; y un hábito se alcanza a través de la repetición sin falta de un acto. Dicho acto es bueno por definición, si no sería un vicio. Un hábito nos mejora, un vicio nos empeora; un hábito libera, un vicio esclaviza.

ALTEZA DE ALGUNOS PROPÓSITOS

Todo aquello que sirva a nuestra legítima -y no egoísta- superación, que nos libere, puede estar en la lista de nuestros propósitos: comer sano es un digno (y urgente) propósito, hacer ejercicio físico es bueno, muy bueno, labramos un mejor porvenir cuando lo practicamos, pero hacer ejercicio espiritual (ya sea meditación, contemplación, con alguna disciplina específica o por religión) es de mayor alteza, es más alto, más noble, y nos beneficia más profundamente.

¿Y qué tal si nos proponemos las tres: dieta, ejercicio físico y práctica espiritual?

¡Ánimo entonces con esos propósitos!