Un profesor denuncia con detalles un entramado de corrupción para no darle un trabajo y favorecer a un cargo del PSOE

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Este martes, el periodista Antonio Villarreal, publicaba en El Confidencial, un caso de ‘dedocracia' en la Universidad Complutense de Madrid con la denuncia de irregularidades en el proceso de adjudicación de una plaza en beneficio de un cargo del PSOE. Un día más tarde, el principal perjudicado por este proceso, el profesor de Periodismo Miguel Álvarez Peralta, ha publicado un extenso hilo en Twitter, además de una crónica en primera persona en Infolibre, en la que cuenta, con todo lujo de detalles, las irregularidades y trabas con las que ha tropezado en el camino para un puesto en la Universidad Complutense (Madrid).

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Comienza su hilo Álvarez Peralta explicando el motivo del mismo. “Ayer salió esta noticia sobre un caso de corrupción en el que soy el principal afectado. He decidido aportar la info que conozco. Acompañadme en este thriller de presiones para retirarme de un concurso público, puntuaciones imposibles, entrevistas amañadas y documentos robados”, arranca antes de pasar a presentarse como profesor en Cuenta desde 2012 en la Universidad de Castilla La Mancha, donde está contento con personal, equipo y alumnado. “Estoy a gusto”, afirma, “pero tengo dos padres de más de 70 años y un bebé que cuidar en Madrid, me gustaría volver algún día a la UCM”.

Respondiendo a su intención de volver, ha concursado en nueve plazas en Madrid quedando, explica, segundo en la mayoría aún teniendo mejor currículum “porque ganó el candidato interno de cada departamento”. La última de ellas, la que ha saltado a los medios. “Hasta aquí, todo ‘normal’. Pero se me ocurrió echar una reservada a un alto cargo del PSOE”, comenta. Y ahí es donde ha vivido ese thriller que detalla y que comenzó con Fernando Quirós, jefe del departamento, escribiéndole para pedirle que se retirase. “Me pedía que me retirase porque era para su compañera de Departamento, @JuanaEscabias, Secretaria de Cultura de @PSOE_M”. 

Le dijo que “ella no puede competir con un Contratado Doctor, además das el perfil. La necesita como comer porque la han echado de la escuela municipal de teatro. Si no te retiras, vas a ganar. La solución es no concurrir. Haz lo que creas oportuno y por favor borra esta conversación”, ha escrito en su hilo. Álvarez Peralta no quiso esperar, como le sugerían, porque le ha pasado otras veces eso de que le sugieran que no se presente y siguió adelante con su candidatura al concurso. “Y aquí empieza la pesadilla: un pulso kafkiano contra la institución. Una tensa partida de ajedrez”, sentencia.

Primero, la puntuaciones: “Ella tiene solo 1 año de docencia. Yo 12, en universidades públicas españolas y en asignaturas relacionadas con el perfil. Le ponen 10 veces más puntos que a mí: a ella la máxima (2.0) y a mí la mínima (0.2) (…)”. En el apartado de investigación, “aún peor. Presenté 26 publicaciones. He participado en 12 proyectos I+D+i oficiales. Mi CV es público. Ella presenta solamente reseñas de teatro, ediciones de obras ajenas, actas de congresos, pequeños ensayos en revistas no científicas y producción divulgativa”. El resultado el mismo “casi máxima y mínima”.

Y, pese a todo eso, él seguía por encima en el “cómputo global por dos décimas, debido a que en otros campos como ‘formación’ o ‘estancias en el extranjero’ ella tenía tan poco que no había de dónde rascar. Por eso, de 12 admitidos a concurso, solo ella y yo pasamos a la segunda y última fase: la entrevista personal. Donde se cuecen las grandes remontadas en las plazas ‘con bicho’, que son muchas, en ese departamento. Ya hubo casos célebres en el pasado”.

Esta se hace en sesión pública, la grabó y la califica como “un ‘sin dios’ en muchos sentidos”. En el transcurso de la misma pasó de todo. El presidente del tribunal, el profesor Jorge Lozano, alabó su currículum y pensó que eso era bueno para él, pero no, porque las alabanzas eran para concluir que tenía “demasiado CV para esa plaza y por eso no me iban a admitir”. Una apreciación que no existe en ese caso y que, con su asentimiento, confirmaba allí mismo Héctor Fouce, secretario del tribunal.

A eso hay que sumar que uno de los miembros del tribunal, Joaquín Sotelo, llegó tarde, cuando el aspirante había terminado de exponer y responder a las preguntas. Se lo había perdido todo, aún así, le evaluó. Se quejó y el Rectorado le dio la razón. “El Profesor Joaquín Sotelo ha sido cesado e inhabilitado como miembro de ese tribunal”, explica Álvarez Peralta. Acabado su turno, no le permitieron quedarse, pese a que era una sesión pública, en la exposición de su rival alegando protocolo Covid. Se quedó en una clase al lado con la puerta abierta. A ella le dieron más puntuación y la plaza era suya.

Reclamó ante el Rectorado, que aceptó y le dejaron acceder a los expedientes para poder documentar su denuncia. “Efectivamente, @JuanaEscabias no presentaba docencia ni investigación para competir en CV, menos aún para sacar hasta tres y diez veces más puntuación. Todo era un despropósito. Sus certificados estaban muy ordenados, eso sí, con su índice y números de página... todo en su sitio. Todo, salvo un certificado. Justo el que yo iba buscando. Había desaparecido”, cuenta. Lo reclamó y se lo enviaron. A ella le daban 10 puntos más por docencia en una escuela municipal de teatro que a él por docencia superior.

Lo que sí encontró en la carpeta fue, cuenta un papel firmado por el “secretario del tribunal evaluador y codirector del Grupo de Investigación del que yo formo parte desde 2010” por el que atestiguaba que ella era parte del grupo e incluirlo así como mérito. “Problema: ni yo ni ningún miembro del grupo la conocíamos aún, no estaba en el grupo de correo, ni de WhatsApp, jamás había aportado nada al grupo, ni asistido a ninguna de las reuniones o seminarios. Así lo han corroborado varios miembros del grupo por escrito”, explica el perjudicado.

Con toda esta información recopilada, reclamó de nuevo y el Rectorado le dio la razón en que le habían evaluado mal y que había que empezar de nuevo. Había que formar un nuevo tribunal por el cese de uno de los miembros y el fallecimiento de otro. La comisión, dice, se negó a convocar a los suplentes y “sesionaron de urgencia y en secreto con los mismos tres miembros de la otra vez: Héctor Fouce Rodríguez, Elvira Calvo Gutiérrez y Raquel Caerols Mateo. Y nadie más”.

Lo que ocurrió es que “repitiendo los miembros, repitieron las mismas puntuaciones. O casi. Variaron lo mínimo posible, tan solo una décima. Y eso porque el formulario no admite centésimas. Y así íbamos a entrevista por segunda vez. Recusé al tribunal por la enemistad manifestada en todo el proceso: negativa a incluir suplentes, permitir evaluar a miembros ausentes, echarme de la entrevista, certificados emitidos ad-hoc por miembros del tribunal. No se admitió”.

Quien sí ha admitido el caso a trámite es la Inspección de Servicios. “Está en espera de la resolución final para actuar. He de admitir que no albergo grandes esperanzas. Y así termina la 1ª temporada de este thriller kafkiano. Hay que esperar nuevos capítulos para ver si la entrevista da el resultado previsible o hay sorpresas. Veremos si el caso se resuelve en el ámbito universitario, contencioso, penal, o si llega al Supremo o a Estrasburgo”, concluye.

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