La prisión, una barrera franqueable para que palestinos sean padres

Claire GOUNON
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Con su hijo recién nacido en brazos en su casa en Gaza, Iman al Qudra sabe que pasarán años antes de que conozca a su padre, un palestino preso en Israel y quien le hizo llegar clandestinamente su esperma para una fecundación in vitro.

El pequeño Mujahid, que conserva aún su arrugada piel de bebé, es el fruto de un largo y épico viaje desde la prisión israelí, donde su padre Mohammad está detenido desde 2014, hasta Gaza, enclave palestino bajo bloqueo israelí.

En primer lugar, tuvo que convencer a otro preso para que sacara el pequeño frasco con su semen cuando salió de la cárcel de Neguev (sur de Israel). Luego, engañar a la seguridad penitenciaria escondiéndolo, así como a las fuerzas que controlan el paso fronterizo con Gaza.

Y, finalmente, una vez estas etapas superadas, esperar que la fecundación in vitro funcione, explica Iman al Qudra a la AFP.

Tras tres intentos, la mujer se quedó embarazada en 2020, cinco años después de haber visto a su marido por última vez, ya que sus peticiones de visita fueron rechazadas por "motivos de seguridad", apunta.

"Tenía miedo de ser demasiado mayor cuando saliera de prisión", explica la madre de 30 años, rodeada de sus tres hijas concebidas antes del encarcelamiento. "Y quería un niño", agrega, algo que la fecundación in vitro le permitió.

Detrás de la concepción está el doctor Abdelkarim al Hindawi, quien en un centro médico de la ciudad de Gaza ya consiguió fecundar in vitro a mujeres de presos.

- "Barril de un bolígrafo" -

"A menudo, el esperma llega escondido en el barril de un bolígrafo, que el preso entrega durante las visitas o a un compañero que ha sido liberado", explica el doctor a la AFP.

"Pero, a veces, el esperma llega demasiado tarde. Tras 12 horas, ya no es utilizable. Por eso, hay que criogenizarlo en cuanto llega", agrega en referencia a la conservación a temperaturas muy bajas.

En su centro médico, las mujeres de los presos son tratadas como el resto de pacientes y deben abonar 2.000 dólares, un monto enorme en Gaza donde la tasa de pobreza supera el 50%.

"Mi marido está en prisión, pero la vida continúa", dice Iman en su casa en Jan Yunes (sur de Gaza), donde las paredes de pintura desconchada están cubiertas con retratos de su marido, cuyo aspecto juvenil contrasta con el uniforme militar y el arma que sostiene en sus manos.

Las fuerzas israelíes detuvieron a este miembro del brazo armado del Hamás, movimiento islamista que gobierna el enclave, durante la última guerra en 2014 y fue condenado a 11 años de prisión, explica.

- "Esperanza" -

Salaheddine y Muhannad pudieron reunirse solo una vez con su padre, durante una visita en prisión, cuando el primero tenía cinco años y el segundo, dos semanas. Son los primeros bebés probeta de un palestino preso en Israel.

"Estoy muy orgullosa de ser la primera, ya que tenemos derecho a tener hijos. He dado esperanza a muchas mujeres", señala su madre Dalal Zibn, oriunda del norte de la Cisjordania ocupada, otro territorio palestino.

Su marido Amar cumple cadena perpetua desde 1997 por planear ataques antiisraelíes para el Hamás, organización armada que Israel considera "terrorista".

Fue Amar quien pensó en la fecundación in vitro. "Al principio, no entendía el concepto, pero me convenció y los médicos me tranquilizaron", explica la mujer de unos cuarenta años.

Como Iman, Dalal solo tuvo hijas antes que su marido acabara detrás de los barrotes. Y, vistas las pocas perspectivas de una liberación, quiso someterse a esta técnica en 2012 para tener un niño.

El Club de los Prisioneros Palestinos estima que 96 bebés han nacido de padres encarcelados en Israel. Muchos de ellos tras una fecundación in vitro en el centro Razan de Naplusa, en el norte de Cisjordania.

Este centro solo acepta mujeres más bien mayores, cuyos maridos cumplen largas penas de prisión, explica la doctora Ghosson Badran. Para las mujeres de presos, es gratuito.

Pero, ¿cómo asegurarse de que el esperma es el del marido preso?

- "Rumores" -

"Nosotros pedimos a dos adultos de la familia del marido y a dos adultos de la familia de la esposa que vengan cuando recibimos la muestra para validar su llegada", explica Badran en el laboratorio, donde hay un mapa con todas las prisiones israelíes.

"No pedimos detalles sobre cómo llega la muestra aquí", agrega, con una música coránica de fondo que suena en YouTube.

Aunque muchas pacientes consideran la fecundación in vitro como una "victoria" contra Israel, el equipo médico intenta mantenerse "fuera de la política", subraya Badran.

En Gaza, el doctor Al Hindawi tampoco pregunta, ya que "no es [su] trabajo". Este sistema se basa en la confianza, ya que, de todas formas, las pruebas de ADN no existen en Gaza, apunta.

Del lado israelí, los presos no están considerados como los padres de los menores, quienes, por tanto, no suelen tener derecho a visitarlos.

Sobre estas fecundaciones in vitro de mujeres de presos, las autoridades penitenciarias aseguran no tener informaciones o pruebas, únicamente "rumores".

En Naplusa, el joven Muhannad solo espera la liberación de su padre.

"Cuando salga de prisión, ¡quiero hacer miles de cosas con él!", exclama. "Besarlo y, sobre todo, ir a comprar juguetes con él, como el resto de niños".

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