A toda prisa reconstruyen en Sudán campo para refugiados etíopes

Abdelmoneim ABU IDRIS ALI
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En un enorme descampado cubierto por hierba reseca por el sol, trabajadores sudaneses cavan zanjas para levantar chozas que albergarán a unos 25.000 refugiados etíopes que huyeron de la guerra en la vecina región de Tigray.

Ante el gran flujo de expatriados, las autoridades sudanesas decidieron la respertura sel campamento de Um Raquba (este), a unos 80 km de la frontera con Etiopía. Clausurado hace 20 años, este campamento había servido entonces para acoger a numerosos etíopes que huían de la hambruna en su país.

Pero, desde entonces sólo quedaron dos edificios sólidos en pie, una vieja escuela que perdió el techo y un dispensario en pésimo estado.

Rodeado de dunas de arena y algunos campos semi-abandonados, el campo se encuentra aislado, puesto que la primera aldea habitada está a diez km de distancia.

Abdel Basset Abdel Ghani, director del lugar, no sabe a quién acudir dada la urgencia de los problemas surgidos. Incluso para él, que participa por segunda vez en la construcción del campo.

"En 1985, debuté en la Comisión sudanesa para los refugiados y ahora vuelvo a hacer aquel mismo trabajo como responsable. En aquella época acogimos a los etíopes que huían del hambre y ahora a los que huyen de la guerra", resume.

- Trabajar "sin tregua" -

Entre 1983 y 1984, Etiopía padeció una de las peores hambrunas del siglo XX, lo que obligó a centenares de miles de personas a abandonar su país. Ésta fue consecuencia de una enorme sequía que tuvo como telón de fondo un enfrentamiento bélico entre la dictadura de Mengistu Haile Mariam y las guerrillas de la región etíope de Tigray.

"Lo más urgente ahora es construir cobijos. Nuestra idea es crear tres sectores que puedan acoger a unas 8.000 personas cada uno. Utilizaremos el terreno del viejo campo y, si podemos, lo expandiremos a terrenos aledaños", señaló Ghani el domingo.

En el lugar, decenas de trabajadores se pusieron manos a la obra.

Algunos cavan en la tierra para instalar tuberías de agua, otros realizan el trazado para los cimientos de oficinas en madera ubicadas a la entrada del campamento, donde se instalarán los funcionarios encargados de registrar las entradas y administrar el sitio. Otros se han lanzado a la construir chozas, también de madera, donde se hospedarán las familias.

"La electricidad se acaba de instalar hoy y llevará al menos entre siete y diez días, trabajando sin tregua, para que todo esté en su lugar", destacó Adam Mohamad, uno de los obreros.

Frente a esta emergencia, las autoridades no esperaron a que finalice la construcción del campamento. El sábado, fueron trasladadas hacia allí 1.105 personas, y el domingo eran esperadas otras 1.300.

- "No hay nada" -

De acuerdo a las autoridades sudanesas, casi 25.000 etíopes se han refugiado en el país una semana después de que su primer ministro, Abiy Ahmed, el 4 de noviembre, enviara al ejército federal al asalto de la región separatista de Tigray.

En el campo de Um Raquba, la Media Luna Roja erigió una carpa para instalar su dispensario, Unicef, por su parte, tanques de agua. La comida, compuesta básicamente de sorgo y lentejas, es provista por el Programa Mundial de Alimentos (PAM) y distribuida por empleados de la Comisión sudanesa para los refugiados.

Éstos ya se aglutinan bajo la sombra de los pocos árboles que hay para protegerse de un sol abrasador.

"Estoy sentado en el piso junto a mis tres hijas pequeñas. Creíamos que las autoridades nos habían trasladado aquí porque había albergues, pero no hay nada, y nos dijeron que esperásemos", afirma Gabriel Hayli, de 37 años.

No es el único que está desilusionado.

Dahli Burhan, de 32 años, tiene miedo. "Los sudaneses están haciendo mucho por nosotros y lo agradezco, pero nos encontramos demasiado cerca de la frontera y el lugar muy aislado. Es muy peligroso si la guerra se extiendese", dice con gran preocupación.

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