Por qué tiene que preocuparte que el Mediterráneo sea cada vez más tropical

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Turistas bañándose en una cala en Mallorca. (Photo: picture alliance via Getty Images)
Turistas bañándose en una cala en Mallorca. (Photo: picture alliance via Getty Images)

Turistas bañándose en una cala en Mallorca. (Photo: picture alliance via Getty Images)

El Mediterráneo está más caliente que nunca. Las últimas olas de calor han provocado que la media de la temperatura del agua alcance la cifra récord de 30 grados, superando así la de otras latitudes más tropicales, como el Mar Caribe. Este fenómeno ya preocupa a los expertos que avisan de consecuencias graves para el ecosistema y las poblaciones del litoral.

La tropicalización del Mediterráneo está provocando cifras hasta ahora inusuales. La temperatura normal en la zona es de entre 26 y 27 grados, que puede subir hasta los 28 en años cálidos o bajar a 26 en años fríos. Pero los 30 grados registrados estos días en las boyas de Puertos del Estado (con sensores a tres metros de profundidad) o las mediciones de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en capas más superficiales, es algo que nunca antes había ocurrido.

Según ha detallado Rubén del Campo, portavoz de AEMET, la temperatura del agua del Mediterráneo ha estado en los últimos días entre tres y cuatro grados superiores a la media en esta época y en la zona que va desde la Región de Murcia hasta el archipiélago. Un poco más fría se encuentra la zona norte de Cataluña y el Mar de Alborán con temperaturas entre 26 y 28 grados, tres y tres grados y medio más que en años anteriores.

El escenario, en cualquier caso, podría empeorar en los próximos días. “Para comienzos de la semana que viene todavía puede haber un pico y se pueden superar los 30 grados en zonas de mar abierto y subir algún grado más en las zonas costeras”, pronostica Del Campo siguiendo las predicciones del centro europeo y que vendría a superar en cuatro grados la temperatura habitual.

“El agua es un gran termorregulador y le cuesta mucho tanto calentarse como enfriarse. Por eso en la costa el invierno es más llevadero y lo mismo ocurre en el verano, pero este año el calentamiento se ha acelerado”, apunta.

Según el experto, este calor en el Mediterráneo provoca también que las noches sean más tórridas, es decir, más húmedas y que no bajen de 25 grados, algo que es poco habitual en la zona, pero que ya se está registrando en ciudades como Barcelona y Almería. “La masa de aire no se enfría de noche y hace que las madrugadas sean muy calurosas y de bochorno”, añade. También señala como otra consecuencia climática de este fenómeno que las brisas diurnas son menos eficientes y soplan con menos intensidad.

Picos de calor en el Mediterráneo. (Photo: SOCIB)
Picos de calor en el Mediterráneo. (Photo: SOCIB)

Picos de calor en el Mediterráneo. (Photo: SOCIB)

Terminado el verano, el agua tiende a enfriarse. Sin embargo, los pronósticos vaticinan unos meses de septiembre y octubre más cálidos y más secos de lo normal por lo que desde la AEMET reconocen que “no es descabellado pensar” que mantendrá cifras de récord.

En ese caso existen dos posibilidades: que no llueva nada si persiste el anticiclón pese a que el mar esté ‘hirviendo’, como ya ocurrió en 2017, o que lleguen las borrascas y haya gotas frías más violentas incluso de lo habitual.

“Hace cinco años, con temperaturas similares a este, no hubo gotas frías por muy caliente que estuviese el mar porque lo importante son los condicionantes atmosféricos”, recuerda.

Por otro lado, en caso de que se marche el anticiclón, las lluvias no tienen por qué desatarse de forma intensa porque, según Del Campo, no es necesario un mar anómalamente cálido para desatar estas fuertes lluvias. No obstante, aclara que sí favorece a estas situaciones más explosivas porque al final “es como tener mayor combustible”.

Lo que también pueden llegar a aparecer, tal y como apunta Roberto Granda, geógrafo y meteorólogo de eltiempo.es, son los conocidos como Medicanes (huracanes mediterráneos) que son sistemas más propios de zonas tropicales. “Hace dos años, en septiembre de 2020, tuvimos uno muy intenso, Ianos, que afectó a Italia y Grecia, entre otros”, recuerda.

Según el experto, los Medicanes aún están siendo estudiados, pero es evidente que un mar más caliente favorece a su desarrollo.

El verdadero problema del Mediterráneo

Al margen del incremento puntual de la temperatura, lo que más preocupa a los científicos es la tendencia subyacente registrada en los últimos años que indica que cada vez las temperaturas del mar son más altas. Hasta ahora, cada siglo la temperatura de la superficie del Mediterráneo subía un grado, pero todo apunta a que la tendencia puede acelerarse y terminar el siglo con dos o tres grados más de lo esperado.

Manolo Vargas, físico del Instituto Español de Oceanografía (IEO), explica que a través de la monitorización del agua que realizan desde hace décadas detectan que esta situación es más grave y que está “clarísimamente al alza”. “Cada año se registra un pequeño incremento de temperatura de centésimas pero que al final del siglo XXI se habrían acumulado entre dos y tres grados más de calor, lo que implica un cambio más grave porque es permanente”, advierte.

Según Vargas, esto se debe al cambio climático que provoca que se retenga mayor cantidad de calor en la atmósfera que es absorbido en un 90% por los mares del planeta. Y el Mediterráneo no es una excepción.

Pero la crisis climática no solo afecta a la temperatura. Vargas también explica que se ha multiplicado el ritmo al que crece el nivel del mar y que ahora ya registran más de tres milímetros por año.

Además, el Mediterráneo se está haciendo cada vez más salado porque con el calor aumenta la evaporación y por tanto aumenta la salinidad y disminuyen los aportes de agua dulce al mar. Aunque en principio, según aclara, esto no parece tener un efecto grave en el Mediterráneo que, a diferencia de otros mares, no está perdiendo fertilidad. “De momento, el aumento de la salinidad mantiene que el agua sea más pesada y favorezca a que los nutrientes del fondo marino se mezclen con el agua de la superficie y mantengan el proceso de fotosíntesis en las microalgas”, aclara, aunque no descarta que esta situación pueda revertirse con los años.

La mortalidad masiva: la nueva normalidad

La situación mantiene en alerta también a los expertos y ambientalistas porque supone todo un revés para el ecosistema. Tal y como señala Eneko Ayerbe, de Ecologistas en Acción, la vida marina se ve afectada en su totalidad, pero principalmente las especies que se consideran estructurantes como la Posidonia oceánica, los corales y las esponjas que sufren altos índices de mortalidad. “Lo que afecte a estos organismos mayoritarios altera a todo el ecosistema porque en ellos buscan alimento y cobijo otras especies”, explica.

Además indica que este fenómeno ya se ha constatado en un estudio publicado recientemente por el IEO en el que se demuestra que los episodios de calor registrados entre 2015 y 2019 elevaron la temperatura del agua hasta los 26 grados en algunas áreas, lo que provocó una mortalidad masiva en más de 50 especies. Entre ellas figuran las praderas de Posidonia, consideradas junto con las microalgas el pulmón del mar, o las poblaciones de corales.

Poseidonia. (Photo: picture alliance via Getty Images)
Poseidonia. (Photo: picture alliance via Getty Images)

Poseidonia. (Photo: picture alliance via Getty Images)

A este respecto, Ayerbe desconoce cuál será la duración de este fenómeno aunque subraya que la frecuencia de olas de calor está siendo “anormal” y por tanto se espera que sea cada vez “más a menudo”. Por ello no descarta la movilidad de especies hacia aguas más frías en las zonas más profundas así como la llegada de especies nuevas u otras invasoras como el alga asiática o el cangrejo azul, este último ya presente en la costa de Melilla.

Revertir el proceso es imposible. Por eso Ayerbe considera importante frenar la situación y evitar que aumente y se acelere. “El camino está claro, tenemos que cambiar nuestra forma de vivir y realizar una transición ecológica que además tiene que ser justa y tratar de mitigar los efectos que hay sobre la diversidad a nivel general y local con planes de acción para las especies y haciendo una gestión pesquera que tenga en cuenta esta variable”, añade.

Considera que la próxima Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27) que se celebra en noviembre en El Cairo (Egipto) será un punto importante para aprovechar el debate y tomar medidas de acción. Más aún teniendo en cuenta que la sede es en un país mediterráneo. Por el momento, Ayerbe desconoce si se va a tratar este tema con carácter específico pero considera “que debería”.

El caso del Mar Menor

Si el Mediterráneo vive una situación crítica, el Mar Menor no se queda atrás por ser un espacio recogido y con menos profundidad. La última semana la zona registró la temperatura media más alta de la serie histórica con 31,25 grados.

Aún así, desde Ecologistas en Acción recuerdan que el mayor problema del Mar Menor es la contaminación por nitratos procedentes de la agricultura y que se puede agravar si se producen fuertes tormentas de cara al otoño que arrastren todas esas sustancias tóxicas y fertilizantes hacia sus aguas.

Además apuntan que el calor favorece que crezcan más vegetales marinos y que al estar más caliente el agua hace que se desplomen los niveles de oxígeno, también conocido como anoxia, y por tanto un nuevo episodio de mortandad masiva de peces.

¿Más calor, más medusas?

No es del todo cierto. Aunque sí que es verdad que la temperatura del agua es uno de los factores que influye en la aparición de estos organismos, pero no es el único.

Marta Almarcha, meteoróloga de eltiempo.es explica que las altas temperaturas alteran el ciclo de reproducción de las medusas y lo acelera. “En mares con temperaturas más elevadas, encuentran las condiciones óptimas para su reproducción”, añade.

Pero no solo las temperaturas favorecen la presencia de más medusas, sino también, la sobrepesca que reduce el número de depredadores de estos organismos.

Otros factores como el viento o las corrientes marinas, que desplazan a estos invertebrados, son clave para que haya más o menos medusas en las costas. Así como las lluvias de la primavera que al desembocar por los ríos al mar ayudan a que se cree un barrera que les impida llegar a las playas.

“Es muy difícil prever la cantidad de medusas que habrá este verano aunque las condiciones sean óptimas para su proliferación. No obstante, mantener el agua del Mediterráneo más cálida y durante más tiempo implica que la presencia de estas especies pueda ser más frecuente a lo largo del año”, concluye.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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