Preguntas y respuestas sobre las migraciones para no caer en el uso populista

No estaban todos y las ausencias eran notables, pero una amplia representación internacional (165 estados de los 193 que integran la ONU) han acudido a Marrakech (Marruecos) para firmar el primer pacto sobre migración, un acuerdo que contiene 23 objetivos no vinculantes y no compromete jurídicamente a ningún gobierno, una situación que hace dudar de su efectividad ya desde el primer momento.

A pesar de esas condiciones, Estados Unidos, Australia, Polonia o Chile entre otros se han descolgado de un evento que pretendía fijar las bases sobre la movilidad internacional de las personas, especialmente fomentando la cooperación entre los estados y luchando contra la inmigración irregular y sus efectos negativos. Con frecuencia en las sociedades occidentales se criminaliza y se discute el papel de los inmigrantes, ignorando sus circunstancias personales y las razones que les han llevado a dejar atrás sus raíces, su familia y su hogar y buscarse la vida en un lugar lejano.

Angela Merkel habla en la cumbre de Marrakech. (AP Photo/Mosa’ab Elshamy)

¿Por qué se migra?

No existe un solo motivo para convertirse en migrante, sino que son distintas razones en función de las personas y sus situaciones. La primera distinción que hay que hacer es entre refugiados y migrantes económicos.

Para ACNUR, los primeros son aquellos que atraviesan una frontera internacional tratando de salvar su vida o preservar su libertad, ya que provienen de un país en conflicto o en el que corren serio peligro. Serían en este sentido ejemplos paradigmáticos Siria o Yemen, donde dos guerras civiles han hecho que millones de personas tengan que huir de sus hogares para salvar la vida.

Respecto a los migrantes económicos, la agencia de Naciones Unidas señala que son esas personas que buscan una mejora en sus condiciones de vida por conveniencia personal. Por decirlo de una manera simplificada y con muchos matices, los primeros se ven obligados a huir de su país de origen, mientras que los segundos lo hacen de forma voluntaria.

También, en los últimos años se han popularizado las migraciones climáticas. ACNUR calcula que 64 millones de personas se han visto obligadas a desplazarse por culpa del cambio climático y la cifra va a seguir aumentando. Las sequías, el avance de la desertificación, la falta de cosechas o las lluvias torrenciales provocan que mucha gente tenga que abandonar sus lugares de origen.

¿Por qué las migraciones son algo común en nuestros tiempos?

A lo largo de la historia los movimientos migratorios han sido constantes, pero en la época actual son más numerosos porque se están dando todos los fenómenos a la vez y porque los transportes son más accesibles en un mundo globalizado como en el que vivimos. Se siguen produciendo guerras y conflictos armados (además de Siria y Yemen se puede hablar de países como Irak, Afganistán, Ucrania, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Sudán del Sur…), hay Gobiernos que reprimen a sus ciudadanos (Eritrea, Sudán, Venezuela…) y hay gente incapaz de sobrevivir con sus recursos (736 millones de personas en la extrema pobreza según el Banco Mundial). Además hay muchos otros factores que empujan a las sociedades a moverse (persecución por sexo, por raza, razones laborales, estudios…).

Una familia de inmigrantes en Tijuana (REUTERS/Carlos Garcia Rawlins).

¿Quiénes son los migrantes?

Cualquiera. Pese a que a mucha gente solo le venga a la cabeza los africanos o los árabes, lo cierto es que migrante es cualquiera que abandone su país, así que también son los españoles que estudian o trabajan en el extranjero. En definitiva son personas que buscan un lugar en el que asentarse y empezar una nueva vida.

¿Por qué se ve a los migrantes como amenaza?

Los miedos de las sociedades suelen ser grandes respecto al foráneo y las acusaciones (normalmente sin datos que las demuestren) suelen apuntar a que los extranjeros vienen a quitar el trabajo a los nacionales, a beneficiarse de ayudas y que no se integran. ¿Es verdad? No, y hay numerosos estudios que lo respaldan.

Uno de 2011 de La Caixa mostró que los inmigrantes aportan mucho más al estado español de lo que reciben. De hecho, gracias a sus contribuciones han retrasado en cinco años la entrada en déficit del sistema de pensiones. Su incidencia en el gasto sanitario es mínima. Una realidad respaldada por el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia que asegura que la llegada de inmigrantes al continente es positiva en variables como el PIB, los impuestos o el empleo.

Marine Le Pen, la política ultraderechista francesa (REUTERS/Eric Vidal).

¿Por qué usa el populismo las migraciones como arma propagandística?

Francia, Hungría, República Checa, Polonia, Italia… y ahora España. La lista de países que han caído ante el auge populista de la extrema derecha es larga y sigue incorporando miembros. El populismo usa las migraciones como arma propagandística porque le da réditos políticos (votos).

Se trata de agitar el miedo ante el diferente con el objetivo de asustar a una población que teme perder su trabajo y que su vida cambie para mal con la llegada de extranjeros. Estos partidos aprovechan sus mensajes de odio para culpar a los inmigrantes de todos los problemas (paro, pobreza, delincuencia…) que hay en un país (es el chivo expiatorio), soltando una ristra de datos que no se corresponden con la realidad y que las sociedades no cuestionan (las tan comentadas fake news).

Además, falta rigor por parte de los medios en la transmisión de informaciones. Continuamente usan palabras como avalancha para referirse a la llegada de inmigrantes, pero la realidad es que en 2018 ha habido menos llegadas por mar que en años anteriores. Además, en los siete primeros meses del año solo se acogió a 13.384 personas en España, una cantidad irrisoria. Para hacernos una idea, solo representarían un sexto de todo el aforo del Santiago Bernabéu.