De la predicción de comer con pastillas a la realidad de la carne artificial

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Madrid, 19 sep (EFE).- A finales del siglo XIX y principios del XX se imaginaba la alimentación del año 2000 basada en pastillas que aportaran las calorías necesarias, pero a esa predicción fallida se han impuesto, entre otras, la realidad de carnes sintéticas o los huevos que no han sido puestos por animales.

Así se ha puesto de manifiesto en Food Meets Science, el encuentro que ha reunido este lunes en Madrid -previo a la gala de The Best Chef Awards, en la que mañana se proclamará a los mejores de 2022- a cocineros internacionales para hablar de cómo la alianza con la ciencia está cambiando nuestra forma de comer para disminuir la repercusión de la alimentación en el planeta.

PREDICCIONES FALLIDAS VERSUS REALIDAD

Entre ellos, Andoni Luis Aduriz, del biestrellado Mugaritz (Guipúzcoa), quien ha recordado reportajes y una famosa colección de cromos del XIX o el libro de Jacob Rosin & Max Eastman "The Road to Abundance" (1953), en los que se planteaba que el ser humano se alimentaría en el siglo XXI con pastillas y se fantaseaba con banquetes más dignos de una farmacéutica que de un restaurante.

No se ha llegado a eso, pero sí a la alternativa a los huevos de ovíparos que ofrece Zero Egg, la réplica de carne de crustáceos a través de células madre de Shiok Meats, los aceites y grasas animales mediante la fermentación de residuos vegetales de Farmsow o las "carnes" de ternera, pollo y cerdo a base de plantas de Novameat.

"Es nuestro presente casi futurista", ha expuesto Aduriz, para quien la comida del futuro tendrá "dosis de cultura, de historia y de memoria y no eludirá la parte social, el placer, la sostenibilidad y la salud", porque ante "el complicadísimo momento por el cambio climático y los aumentos de población, va a hacer falta toda la creatividad humana para reducir los efectos de la alimentación en el planeta".

CARNE DE LABORATORIO

La principal tendencia para disminuir ese efecto en la Tierra es la carne artificial, que ha abanderado en estas jornadas el israelí Shay Hayman, director culinario de Redefine Meat, compañía que emula distintos cortes de ternera y cordero, así como hamburguesas y salchichas mediante impresión 3D.

"Es nuestra forma de cambiar el mundo", ha afirmado Hayman, quien ha detallado que sus productos van dirigidos especialmente "a los carnívoros", por lo que cuidan que tanto la textura como el sabor se asemejen al máximo a la carne animal.

El cocinero ha defendido que "es la nueva carne y es necesaria para hacer del mundo un mejor sitio para nosotros y las siguientes generaciones" porque "no tenemos un planeta B".

DESPERDICIOS COMO ALIMENTOS

En un mundo en el que se pasa hambre, desperdiciar anualmente un tercio de la comida que se produce es un despropósito a ojos de compañías como Custom Culinary, que transforma peladuras de verduras, cáscaras de plátano y de naranja o las hojas externas de la col para producir crujientes aperitivos, sazonadores líquidos y en polvo, salsas, siropes o galletas dulces y saladas.

Según los datos expuestos por John Feeney, su director culinario para Europa y África, los hogares son responsables de que el 50 % de la comida acabe en la basura, la mayoría frutas y verduras, por lo que ha recomendado prestar atención a lo que se compra -a ser posible directamente a los productores y sin despreciar los alimentos "feos"-, ordenar y almacenar de forma adecuada, servir raciones apropiadas y reutilizar o compostar lo que sobre.

Massimo Bottura, del triestrellado y varias veces coronado Mejor Restaurante del Mundo Osteria Francescana (Módena, Italia), ha puesto como ejemplo del "poder de la comida" su iniciativa de refectorios, comedores sociales repartidos en varias ciudades del mundo con los que no sólo alimenta a necesitados, sino que combate el desperdicio alimentario.

Capaz de elaborar una pasta carbonara en la que el "guanciale" (panceta) se sustituye por piel de plátano, sus refectorios han servido desde 2015 2,5 millones de comidas, han salvado 955 toneladas de comida y han implicado a 100.000 cocineros, aprendices y voluntarios.

Pilar Salas

(c) Agencia EFE