“El precio del silencio es inaceptable": las cartas que el activista ruso Vladimir Kara-Murza envió a la BBC desde prisión

Vladimir Kara-Murza
Vladimir Kara-Murza es un férreo detractor del presidente ruso, Vladimir Putin.

Cuando Vladimir Kara-Murza anunció que regresaría a Moscú a principios de este año, su esposa Evgenia conocía el riesgo, pero no trató de detenerlo.

Rusia había invadido Ucrania. Miles de manifestantes habían sido arrestados y calificar la invasión como una guerra se había convertido en un crimen. Aún así, el activista insistió en volver a Rusia.

Vladimir es un férreo detractor del presidente ruso Vladimir Putin y un crítico abierto de las atrocidades cometidas por el ejército de su país.

Está preso y acusado de traición. A Evgenia no se le ha permitido hablar con él desde abril.

Sin embargo, en una serie de cartas que me envió desde el Centro de Detención No. 5, Vladimir dice que no se arrepiente porque "el precio del silencio es inaceptable".

Oponerse a Putin era peligroso incluso antes de la invasión, pero desde entonces se ha intensificado la represión contra la disidencia. Casi todos los críticos destacados han sido arrestados o han abandonado el país.

Vladimir ha sido víctima dos veces de un misterioso envenenamiento, y ahora el trato hacia él es especialmente duro.

Aunque los cargos en su contra se deben exclusivamente a su oposición a la guerra y a Putin, su abogado calcula que podría pasar 24 años tras las rejas.

"Todos entendemos el riesgo de la actividad de la oposición en Rusia. Pero no podía quedarme callado ante lo que está pasando, porque el silencio es una forma de complicidad", explica en una carta enviada desde su celda.

Sintió que tampoco podía quedarse en el extranjero. "No pensé que tenía derecho a continuar con mi actividad política, a llamar a otras personas a la acción, si estaba sentado a salvo en otro lugar".

"Podría matarlo"

Evgenia supo del arresto de su esposo gracias a una llamada de su abogado, quien había rastreado el teléfono del activista, como lo hacía siempre que su cliente y amigo estaba en la ciudad.

El pasado 11 de abril, el teléfono se detuvo en una comisaría policial de Moscú.

Finalmente, a Vladimir se le permitió llamar a su esposa, que vive en Estados Unidos con sus hijos por seguridad. Apenas tuvo tiempo para decir: "¡No te preocupes!".

Evgenia sonríe ante lo absurdo de esa instrucción.

Ambos eran niños durante la Perestroika y crecieron durante el despertar democrático de Rusia, después del colapso soviético. Vladimir estudió Historia en Cambridge, y simultáneamente comenzó una carrera en la política rusa como asesor del joven reformador Boris Nemtsov.

Esta es la temporada más larga en la que han permanecido separados desde que se casaron el día de San Valentín en 2004.

El activista dice que lo más difícil es no ver a su familia. "Pienso en ellos cada minuto de cada día y no puedo imaginar lo que están pasando", asegura.

"Amo y odio a este hombre por su increíble integridad", me dijo Evgenia en un viaje reciente a Londres.

"Tenía que estar allí con esa gente que salió a la calle y fue arrestada", refiriéndose a los muchos rusos detenidos por oponerse a la guerra.

"Él quería demostrar que no debes tener miedo ante ese mal y lo respeto y admiro profundamente por eso. ¡Y podría matarlo!".

Evgenia Kara-Murza
A Evgenia no se le ha permitido hablar con su esposo desde que fue encarcelado.

Vladimir fue detenido inicialmente por desobedecer a un agente de policía, pero una vez bajo custodia comenzaron a llover cargos graves en su contra.

El activista fue acusado primero de "difundir información falsa" sobre el ejército y el "alto liderazgo" de Rusia.

Desde que comenzó la guerra, el grupo de derechos OVD-Info ha registrado más de 100 procesamientos en virtud de la llamada ley de "noticias falsas": un concejal local, Alexei Gorinov, fue sentenciado a siete años en julio y el activista Ilya Yashin pronto irá a juicio después de referirse al asesinato de civiles en Bucha.

Los cargos

El caso de Vladimir se basa en un discurso que dio en Arizona. Aseguró que Rusia estaba cometiendo crímenes de guerra en Ucrania con bombas de racimo en áreas residenciales y "el bombardeo de escuelas y hospitales de maternidad".

Todo se ha documentado de forma independiente, pero según la hoja de cargos que he visto, los investigadores rusos consideran que sus declaraciones son falsas porque el Ministerio de Defensa "no permite el uso de medios prohibidos... para hacer la guerra" e insiste en que la población civil de Ucrania "no es un objetivo".

Los hechos sobre el terreno son ignorados.

Otro cargo se deriva de un evento para presos políticos donde el activista se refirió a lo que los investigadores denominan "políticas supuestamente represivas" de Rusia.

Luego, el mes pasado fue acusado de traición al Estado.

Sobre esa acusación, el activista respondió en su última carta: "El Kremlin quiere retratar a los oponentes de Putin como traidores. Los verdaderos traidores son aquellos que están destruyendo el bienestar, la reputación y el futuro de nuestro país por el bien de su poder personal, no aquellos que están hablando en contra".

Persecución política

El cargo de traición se basa en tres discursos en el extranjero, incluido uno en el que Vladimir dijo que en Rusia se perseguía a los opositores políticos.

Los investigadores sostienen que hablaba en nombre de la Fundación Rusia Libre, con sede en Estados Unidos y que está prohibida en Rusia, donde puede calificarse como traición cualquier "consultoría" o "asistencia" a una organización extranjera considerada como una amenaza para la seguridad nacional.

"¿Traición del Estado por discursos públicos? Eso es simplemente absurdo. Es simplemente una persecución por la libertad de expresión. Por la opinión. No por ningún crimen real", argumenta por teléfono desde Moscú Vadim Prokhorov, el abogado de Vladimir.

Prokhorov dice que el activista no tenía ningún vínculo con la fundación en este momento.

"Este es un caso político. Están tratando de estigmatizar a la oposición rusa civilizada y absolutamente normal".

Carta de VKM
Vladimir ha escrito a la BBC desde su celda.

El propio Vladimir señala que la última persona acusada de traición por ejercer la oposición política fue el escritor ganador del Premio Nobel Alexander Solzhenitsyn en 1974. "Todo lo que puedo decir es que me siento honrado de estar en tal compañía".

"Esa lucha es más grande que sus miedos"

A Evgenia le resulta más difícil mantener la calma.

Esta no es la primera vez que tiene miedo por su marido. Estuvo a punto de morir dos veces en Moscú, y nunca se ha identificado la causa de su envenenamiento.

En 2015, cuando colapsó por primera vez y entró en coma, le dijeron a Evgenia que tenía 5% de posibilidades de sobrevivir.

Ella lo cuidó hasta que recuperó la salud, ayudándolo a aprender a funcionar de nuevo, incluso a sostener una cuchara. Luego insistía en trabajar en su computadora portátil desde el sofá, a pesar de que lo asaltaban malestares cada media hora.

"En el momento en que pudo caminar, hizo las maletas y se fue a Rusia. Esa lucha es más grande que sus miedos".

Para Evgenia, eso ha significado siete años durmiendo junto al teléfono, "con miedo de recibir esa llamada de él o de otra persona porque ya no puede hablar".

Dejó de persuadir a su esposo para que no fuera a Moscú hace mucho tiempo: su única protesta fue negarse a ayudarlo a empacar sus maletas. Pero antes de su última visita, después de que comenzara la guerra, Evgenia lo acompañó primero a Francia.

"Quería que el viaje fuera hermoso", recuerda conteniendo las lágrimas al recordar los largos paseos por las calles de París, hablando sin parar. "En el fondo, sabía lo que venía".

El lugar de Nemtsov

Desde el arresto de Vladimir, Evgenia ha asumido su causa: hablar sobre la guerra en Ucrania, la represión política en Rusia, y el caso de su esposo.

El lunes, Evgenia inauguró el Boris Nemtsov Place en Londres, resultado de una larga campaña de Vladimir para honrar a su mentor y amigo.

En 2015, el destacado político de la oposición recibió un disparo cerca del Kremlin, en un asesinato por encargo cuyo responsable no ha sido capturado.

Boris Nemtsov (izquierda) fue amigo y mentor de Vladimir (derecha)
Boris Nemtsov (izquierda) fue amigo y mentor de Vladimir (derecha).

"La idea es que todos los autos que lleguen a la puerta grande vean la placa de Boris Nemtsov", explica Evgenia. Su esposo espera que una Rusia diferente algún día se sienta orgullosa de ese nombre.

Durante varios años, el político trabajó en estrecha colaboración con Vladimir para presionar a los gobiernos occidentales para que sancionaran a altos funcionarios rusos por violaciones de derechos humanos. Su éxito enfureció a una élite política que disfrutaba viajar al extranjero y canalizar fondos allí.

Una vez en Moscú, Vladimir me dijo que había llegado a la conclusión de que esas sanciones son la razón por la que tanto él como Nemtsov fueron atacados.

La lucha de Evgenia

Sustituir a su esposo le está costando un alto precio a Evgenia, pero también la mantiene en pie.

"Estoy haciendo lo que tengo que hacer para que pueda ser devuelto a los niños y esta horrible guerra se detenga y este régimen asesino pueda ser llevado ante la justicia".

Vladimir tampoco se queda callado.

Sus largas cartas escritas a mano en prisión revelan sus convicciones de que Rusia no está condenada a la autocracia y que no todos sus habitantes son devotos de Putin con el cerebro lavado.

Señala la gran cantidad de cartas que recibe de simpatizantes que critican abiertamente la invasión de Ucrania y el Kremlin, y de quienes todavía protestan públicamente, a pesar del riesgo. Insta a Occidente a no aislar a esa parte de la sociedad rusa que "quiere un futuro diferente para nuestro país".

También advierte que la guerra de Ucrania no se detendrá mientras Vladimir Putin permanezca en el poder.

"Para Putin, el compromiso es un signo de debilidad y una invitación a una mayor agresión", afirma. "Si se le permite salir de la guerra para salvar las apariencias, en uno o dos años tendremos otra".

Vladimir me dice que está lidiando con el encarcelamiento con una mezcla de ejercicio y oración, libros y cartas. Como historiador, tiene un interés particular en los disidentes de la era soviética y ha estado leyendo más sobre ellos mientras espera el juicio.

"Su brindis favorito en ese entonces era: '¡Por el éxito de nuestra causa desesperada!'", escribe. "Pero como sabemos, no fue tan desesperado después de todo".

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