El precio de la seguridad: habla la corredora bielorrusa refugiada en Polonia Tsimanouskaya

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Aunque la vida de la velocista olímpica bielorrusa Krystsina Tsimanouskaya habría sido más dura en su país, su situación de exilio en Polonia dista mucho de ser perfecta.

La joven de 24 años, que huyó de los Juegos de Tokio después de que las autoridades bielorrusas intentaran obligarla a tomar un vuelo de vuelta a casa, cuenta a Euronews que ahora tiene guardaespaldas a su lado las 24 horas del día.

Tsimanouskaya, que vive con su marido en Polonia después de que ambos obtuvieran visados humanitarios, dice que controlan todos sus movimientos, todo el día.

"No puedo reunirme con mis amigos, porque los guardas no los conocen", dijo Tsimanouskaya a Euronews. "Podemos hacer entrevistas si se planifican con antelación, y puedo ir a entrenar o a nadar.

Dicen que se puede organizar, pero no puedo ir a las tiendas o al parque. Cada vez que quiero salir, tengo que pedir permiso".

Está agradecida por la seguridad adicional -el precio a pagar por sentirse segura-, especialmente después de una experiencia angustiosa en Japón y la muerte de otro disidente bielorruso, Vitali Shishov, en Kiev, de la que su viuda culpó al régimen de Minsk.

Sin embargo, echa de menos partes de su antigua vida, especialmente la libertad.

"Me gustaría volver a la normalidad, visitar la ciudad y disfrutar del verano, pero entiendo que es peligroso", dijo. "Recibí mensajes de personas que decían que si me veían, me destriparían. Sé que ahora es mejor estar a salvo, entiendo que no sería inteligente aparecer delante de mucha gente".

Tormento en Tokio

Tsimanouskaya saltó a los titulares de todo el mundo tras afirmar que los funcionarios bielorrusos en Japón intentaron obligarla a tomar un vuelo de vuelta a Bielorrusia.

El drama, sin embargo, había comenzado por una disputa con su entrenador después de que le dijeran que debía correr el relevo de 4x400 metros, una distancia con la que no estaba familiarizada.

"Cuando me enteré de que tenía que hacer el relevo me puse en contacto con el entrenador principal para preguntar qué había pasado", dijo Tsimanouskaya.

"Vieron mis mensajes pero no respondieron, así que puse un vídeo en Instagram. Entonces me dijeron que me despedirían si no retiraba el vídeo. Tuve una conversación con el entrenador que me dijo que habían recibido una orden de arriba para retirarme de los Juegos Olímpicos. Tuve que decir que estaba lesionadao y volver con mis padres en Bielorrusia sin dar entrevistas. Me insinuaron que iría a la cárcel allí".

Tsimanouskaya dijo que los funcionarios le dieron 40 minutos para hacer las maletas. Después la llevaron al aeropuerto en un coche para tomar un vuelo de vuelta a Bielorrusia.

Por suerte, dijo, Tsimanouskaya pudo ponerse en contacto con la policía japonesa, utilizando la famosa aplicación de traducción de Google para comunicar su situación. Un funcionario bielorruso que sospechaba le preguntó qué pasaba, pero ella se las arregló para decir que había olvidado algo en la villa olímpica y que tenía que volver. Finalmente, la policía la apartó de los funcionarios del equipo bielorruso y regresó a Europa después de que Polonia interviniera para ayudarla. Ahora vive en una casa ofrecida por el Estado polaco, añadió Tsimanouskaya.

Amenazas y agradecimientos

Tsimanouskaya es ahora una celebridad en todo el mundo, especialmente entre la diáspora bielorrusa.

Todos los días recibe mensajes de ánimo y apoyo de personas que, como ella, han huido de las autoridades de Minsk.

"Siempre que quiero rendirme, me basta con leer algunos de estos mensajes para sentirme mejor y más fuerte", declaró a Euronews.

"Mucha gente me dice que me apoya y quiere ayudarme, y he me he enterado de que mucha gente está en mi situación".

Miles de bielorrusos han abandonado el país tras la represión de la disidencia en el último año. Esto se produjo después de las enormes protestas del otoño pasado tras la controvertida reelección del presidente bielorruso Alexandar Lukashenko. Se le anunció como ganador de las elecciones de agosto con un 80% de los votos. Sus críticos afirman que el escrutinio estuvo amañado a su favor.

Pero no todos los mensajes que recibe Tsimanouskaya son positivos. Alrededor de uno de cada cien contiene amenazas o acoso.

"Intento no asimilarlo. Intento no prestarle mucha atención", dice Tsimanouskaya. "Cuando voy a las cuentas de las personas que me amenazan, veo que apoyan a las autoridades. ¿Qué se puede esperar de esa gente?".

¿Cuáles son los planes de futuro de Tsimanouskaya?

Volver a cualquier forma de normalidad va a ser difícil para Tsimanouskaya, sobre todo por la presencia de guardaespaldas.

Pero está decidida a intentarlo. En primer lugar, quiere relanzar su carrera atlética y volver a la pista.

"Quiero continuar con mi carrera", dijo. "Me gustaría que mis planes para estos años se cumplieran. Quiero libertad y seguridad para mi país. Que la gente deje de huir de Bielorrusia. Quiero libertad de expresión. Y quiero volver a Bielorrusia y entrenar allí. Creo que algún día volveré, pero no sé cuándo. Podría ocurrir en un año. En dos años. En cinco años. Nadie sabe lo que va a pasar".

Aunque su situación la ha envuelto en la política de Bielorrusia, no tiene intención de cambiar su trayectoria profesional.

"Siempre daré prioridad al deporte, no me voy a meter en política", dijo. "Quiero seguir en el deporte. No entiendo de política, y no quiero decir nada que pueda perjudicar a mis padres. Intento apoyar a otros deportistas que están pasando por la misma situación, y espero que esto sea una motivación para que hablen. Quizá si hablan, el país podría liberarse más rápido".

No son sólo las estrellas del deporte. Tsimanouskaya también insta a todo el mundo a tener el valor de oponerse a las autoridades de Bielorrusia.

"Comprendo su situación [la del pueblo]. Me gustaría decirles que encuentren la fuerza y el valor para hablar aunque tengan miedo. Puedes ir a la cárcel por decir lo que no debes, pero si trabajamos juntos y nos apoyamos mutuamente, podemos ganar".

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