El potente gesto de fortaleza de Lula con los gobernadores de Brasil en el lugar del asalto

Luiz Inacio Lula da Silva, anoche en la destrozada sala del Congreso en Brasilia.
Luiz Inacio Lula da Silva, anoche en la destrozada sala del Congreso en Brasilia.

Luiz Inacio Lula da Silva, anoche en la destrozada sala del Congreso en Brasilia.

El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, ha lanzado esta pasada noche un mensaje de unidad y fortaleza, de defensa de la democracia, que va más allá de las palabras. Se ha reunido con los 27 gobernadores del país y, juntos, han visitado el complejo de Brasilia donde los asaltantes atacaron el pasado domingo, en un intento de golpe de estado de ultraderecha que afectó a las sedes del Congreso, la Presidencia y el Tribunal Supremo.

Todos a una, han caminado por las rampas y escaleras que hace pocas horas estaban llenas de hordas de defensores de Jair Bolsonaro, han revisado el salón de plenos donde los asientos han sido arrancados, han mirado a través de los cristales reventados a pedradas y balazos, han examinado las obras de arte destrozadas. Aunque el gobernador de Brasilia ha sido suspendido tras el ataque, por su supuesta connivencia e inacción policial, los demás, sean del color político que sean, han estado junto al nuevo presidente reelecto. También acudió al acto la presidenta del Supremo, Rosa Weber.

Un gesto para calmar las aguas, que respalda a la vez al mandatario, y demuestra que, más allá de que haya división en el país, el ataque a las instituciones y los poderes es obra de no más del 20 o 25% de ese 49% de brasileños que votaron a Bolsonaro. Derecha radical peligrosa, con tentáculos en el ejército y la policía, pero no todos los electores de Bolsonaro. Varios bolsonaristas, de hecho, tomaron la palabra para defender la democracia, que Brasil recuperó en 1985 tras dos décadas de dictadura, añorada por los manifestantes.

Lula da Silva, con la presidenta del Supremo, Rosa Weber, y los gobernadores, durante su inspección.
Lula da Silva, con la presidenta del Supremo, Rosa Weber, y los gobernadores, durante su inspección.

Lula da Silva, con la presidenta del Supremo, Rosa Weber, y los gobernadores, durante su inspección.

Lula, con los gobernadores, en el palacio presidencial de Planalto, que también fue atacado el domingo.
Lula, con los gobernadores, en el palacio presidencial de Planalto, que también fue atacado el domingo.

Lula, con los gobernadores, en el palacio presidencial de Planalto, que también fue atacado el domingo.

Cero negociación

Lula dijo a los 27 gobernadores que los invasores “golpistas” no tenían ningún tipo de agenda negociadora o de reivindicaciones. “Lo que pasó estaba previsto. Las personas en las calles y frente a los cuarteles no tenían agenda ni reivindicaciones”, declaró Lula durante la reunión posterior al paseo.

Para el presidente, los miles de simpatizantes del expresidente Bolsonaro que destruyeron las sedes del Congreso, la Presidencia y la Corte Suprema solo querían “negar el resultado del proceso electoral, intentando demostrar que hay fallas, inexistentes, en las urnas”. “El resultado electoral fue respetado por una buena parte de la sociedad. Las veces que perdí (en elecciones) volvía para casa a prepararme ya para el próximo pleito electoral”, aseveró.

Los bolsonaristas radicales estaban acampados desde hace dos meses frente a los cuarteles de varias ciudades pidiendo una intervención militar con un golpe de Estado contra Lula, quien el 30 de octubre venció a Bolsonaro en la segunda vuelta electoral. “Del golpe era la única cosa que se escuchaba hablar” en los campamentos, desmontados este lunes por los organismos de seguridad después de una decisión de la Corte Suprema, apuntó Lula.

Según el mandatario, el nuevo Gobierno, que asumió el pasado 1 de enero, tenía “diez ministros para negociación” con los manifestantes. Pero, cuestionó, “estaban frente a los cuarteles ¿reivindicando qué? ¿Aumento de salario, más libertades, vivienda, retoma de la producción agrícola? No, solo el golpe”.

Según el jefe de Estado, las más de 1.200 personas detenidas durante el asalto a los tres poderes el domingo y en los campamentos levantados este lunes “van a permanecer presas”, aunque admitió que “posiblemente son victimas” y “masas de maniobra de mandantes”. “Vamos a encontrar a quien financió y costeó. Yo soy especialista en campamentos y en huelgas y es imposible estar dos meses sin tener financiación para garantizarles el pan de cada día, No vamos a ser autoritarios, pero vamos a investigar”, manifestó el exlíder sindical.

En la reunión, el gobernador de Sao Paulo y exministro de Bolsonaro, Tarcísio de Freitas, instó por la “pacificación” para que la “democracia brasileña se vuelva todavía más fuerte” con “gestos de todos los poderes” y de los gobernadores. Otro escudero de Bolsonaro, el presidente de la Cámara de Diputados, Arthur Lira, dijo en la reunión que “las instituciones no van a parar” y que se tomarán medidas contra “ese grupo que intentó dejar la democracia agachada”.

Ya la presidenta del Corte Suprema, Rosa Weber, manifestó a los gobernadores que la depredación en el interior del Palacio de Justicia la “entristeció de manera enorme”, pero que ese “lugar histórico”, lleno de “simbología”, será “reconstruido”.

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