Posturas divididas en Letonia respecto a conservar los monumentos soviéticos o destruirlos

Algunos consideran que destruir monumentos es una mala tradición. Otros no quieren saber nada más de esos monumentos. Entretanto, hay quien piensa que, derribándolos, se termina con la historia.

Así, como explica el periodista de Euronews, Julián López Gómez, en su reportaje, los monumentos de la época soviética siguen generando un intenso debate en Letonia, a pesar de una reciente ley que, desde hace unos meses, permite el desmantelamiento sistemático de muchos de ellos.

Dada la situación geopolítica e inquieta por el expansionismo de su vecino ruso, Letonia adoptó la ley tras la invasión de Ucrania. El texto obliga a los ayuntamientos a desmantelar estatuas, monolitos, mausoleos… todo tipo de monumento que glorifique el régimen soviético, salvo los erigidos en cementerios, con restos humanos o catalogados como de relevancia cultural; en ese caso permanecerán protegidos.

La situación no es sencilla y, hoy día, cerca de la frontera con Bielorrusia y Rusia, las cosas no son tan sencillas.

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Principal monumento soviético erigido en la ciudad de Daugavpils, en Letonia. - Euronews-WITNESS

La ciudad de Daugavpils cuenta con tres grandes monumentos soviéticos y una amplia mayoría étnica rusa. Considerado propagandístico por expertos gubernamentales, uno de los ‘tributos’ a soldados soviéticos de la Segunda Guerra Mundial debe ser demolido. Una decisión que divide a la población, y a la que se oponen muchas de las personas de origen ruso. Para esos ciudadanos, se trata de sus recuerdos, y deberían quedarse donde están.

"Un soldado es un soldado. La guerra pone las cosas muy claras. Lo que pasó, pasó. El monumento fue erigido como un símbolo de agradecimiento a alguien. Si volvemos a escarbar en la historia… ¿A quién pertenecía este territorio? Habrá muchas discusiones, es un debate interminable. En mi opinión, derribando monumentos borramos la historia", declara Igor Prelatov, concejal en el Ayuntamiento de Daugavpils.

Parte de la historia buena o mala, hay quien aboga por que sirvan para enseñar a los más jóvenes todas las cosas positivas y negativas del pasado de tiempos pasados.

Lo que más molesta a algunos ciudadanos no es la presencia de los diferentes monumentos, sino la forma en que estos son explotados por diferentes grupos y organizaciones políticas.

Pintarlos de nuevo o transformarlos en objetos de arte, son algunas de las ideas que se les ocurren a quienes no quieren que se destruyan, pero sí aspiran a que terminar con el pasado político e histórico con el que se identifican.

"Cuanto antes los eliminemos, mejor. Evaluar cuál de estos monumentos glorifica la ocupación soviética mucho, cuál no tanto... es algo grotesco. El poder soviético vino aquí voluntariamente y dejó estas huellas, diciendo: ´aquí estamos´. Por eso, tienen que ser desmantelados", señala Aivars Broks, director de una escuela musical de Daugavpils.

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Imagen del interior del Museo de la Ocupación de Letonia. - Euronews-WITNESS

El caso de Riga es particular. El monumento a la Segunda Guerra Mundial, más grande del país, se había convertido en centro de reunión para nostálgicos de la Letonia soviética y para ultranacionalistas prorrusos. Hoy, las autoridades no quieren más símbolos de totalitarismo, especialmente tras la invasión rusa de Ucrania, me dice su alcalde.

"La primera idea fue buscarle otro nombre o acomodarlo a una interpretación diferente. Lo que pasó tras esta iniciativa es que la gente comenzó a donar dinero para derribarlo. Las donaciones terminaron por cubrir todos los costes de su derribo", explica Martins Stakis, alcalde de Riga.

Algunos de los monumentos considerados culturales o históricos podrían acabar en el Museo de la Ocupación de Letonia, donde una exposición permanente documenta los dominios nazi y soviético del país.

La situación es muy compleja en la nación báltica. Hay quien aspira a terminar con todo tipo de símbolo de un pasado soviético, quien pretende conservar algunos monumentos que cuentan con una historia muy precisa y personal, y quien, finalmente, cree que, en tanto que ejemplos de arte totalitario, podrían ser reunidos en un sitio y presentados a la gente, con su debida contextualización.