¿Qué está pasando en Portugal? Los verdaderos motivos por los que ha caído su gobierno

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Portugal se ve abocada a unas elecciones anticipadas por la ruptura de la izquierda. Tras seis años de respaldo al Gobierno del socialista António Costa, comunistas y bloquistas de izquierdas le han retirado su apoyo y han escenificado un divorcio al votar en contra de los presupuestos para 2022.

Tras una legislatura completa y dos años de la segunda, iniciada con las elecciones de 2019, el acuerdo de izquierdas ha hecho aguas y ha dado paso a una crisis política. El Parlamento ha tumbado las cuentas por 117 votos a 108, con 5 abstenciones, y el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, disolverá la Cámara de manera inminente.

António Costa, primer ministro portugués tras constatarse que habrá nuevas elecciones en Portugal. (Photo by PATRICIA DE MELO MOREIRA/AFP via Getty Images)
António Costa, primer ministro portugués tras constatarse que habrá nuevas elecciones en Portugal. (Photo by PATRICIA DE MELO MOREIRA/AFP via Getty Images)

El Bloque de Izquierda (BE), con 19 escaños, y el Partido Comunista (PCP), con 12, votaron en contra de los presupuestos presentados por Costa, lo que supone el fin del Gobierno sostenido por estas fuerzas políticas desde hace más de un lustro. 

Pero, ¿cuáles son las causas de esta ruptura de la izquierda tras seis años de sintonía y en un momento que invitaría al optimismo, dados los excelentes datos de vacunación y el inicio de la recuperación económica?

- Los socialistas acapararon el éxito

Costa convenció a comunistas y bloquistas de izquierdas para que le apoyaran a finales de 2015. El entonces ganador de las elecciones, el Partido Popular Demócrata o Partido Social Demócrata (PSD), de centroderecha, no tenía mayoría para gobernar y vio cómo le arrebataban el poder los socialistas, que formaron un Gobierno en solitario a través de la firma de un pacto con la restante izquierda para que les apoyaran en el Parlamento.

Sin embargo, en 2019 el primer ministro mejoró sus resultados electorales y se quedó a escasos 8 escaños de la mayoría absoluta, lo que le empujó a inaugurar una nueva etapa de gobierno, caracterizada por los acuerdos puntuales.

Así, decidió no firmar ningún pacto por escrito con sus socios de izquierdas e ir negociando cada proyecto de ley con las formaciones políticas afines de manera individual. Esto le proporcionó más autonomía política, pero también más inestabilidad, lo que al final se ha tornado en una crisis de gobierno que empuja al país a nuevas elecciones. 

- Irrelevancia de los partidos de izquierda

El apoyo al gobierno de António Costa llevó a las dos formaciones a su izquierda, el Partido Comunista y el Bloque de Izquierda, a homogeneizarse y perder relevancia frente al Partido Socialista. Éste último acaparó el protagonismo y el éxito de las medidas que revirtieron aquellas impuestas durante los años del rescate y la troika, al inicio de la pasada década.

Así, de manera creciente, los votantes de izquierdas fueron aglutinándose en torno a la formación de Costa, de manera que los partidos de izquierdas han caído en intención de voto paralelamente al ascenso de los socialistas. 

Los socialistas han condenado a la irrelevancia a sus aliados a la izquierda. (Politico.eu)
Los socialistas han condenado a la irrelevancia a sus aliados a la izquierda. (Politico.eu)

Una tendencia que no ha dejado de repetirse. Concretamente, en el último año y medio, el Partido Socialista ha aumentado su confianza ante los electores desde un 35% en febrero de 2020 hasta un 39% actual. Mientras, paralelamente, el Bloque de Izquierdas (BE) ha perdido cinco puntos, pasando del 10% de apoyo al 5% en el mismo periodo.

Por su parte, el Partido Comunista, habría perdido en el mismo periodo, según las encuestas, entre uno y dos puntos porcentuales, desde el 7% de 2020. Así, la homogeneización de estos partidos más pequeños y su disolución política con los socialistas podría acabar empujándolos a la irrelevancia e, incluso, desaparición, algo que posiblemente ha encendido todas las alarmas.

- Exceso de confianza de Costa

Con la mejora de los resultados en las elecciones de 2019, Costa se vio con el poder suficiente para prescindir de un pacto de coalición. Su apuesta pasaba por acuerdos puntuales pero en ningún momento dio prioridad a mantener un clima de entendimiento entre sus socios.

De forma esporádica, ha buscado acuerdos con una u otra formación en función de sus intereses y las circunstancias, dado que solo necesitaba a uno de los dos partidos para alcanzar la mayoría.

Así, estas formaciones han acabado votando en varias ocasiones junto a la derecha frente a medidas del Gobierno por sentirse ignorados, no formar parte ni ser consultados sobre los pasos del Ejecutivo.

Todo ello, ha fraguado durante meses un malestar cada vez mayor en el espectro ideológico a la izquierda de Costa, quien no ha querido o no ha sabido ver la importancia de esas pequeñas formaciones como muletas de su Gobierno. 

- Cambio de ciclo político

Portugal fue uno de los países intervenidos por la troika a principios de la década pasada, en mitad de la crisis del euro, lo que llevó a la sociedad portuguesa a llevar a cabo múltiples sacrificios.

En 2011, el país tuvo que pedir un rescate de 78.000 millones de euros a la troika del FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo y este tridente institucional impuso durísimas condiciones de austeridad fiscal, que el gobierno conservador de entonces intentó hacer cumplir.

La recuperación económica y la vacunación por coronavirus abren una nueva etapa en Portugal. (Photo by Jorge Mantilla/NurPhoto via Getty Images)
La recuperación económica y la vacunación por coronavirus abren una nueva etapa en Portugal. (Photo by Jorge Mantilla/NurPhoto via Getty Images)

Todo ello llevó al despido de miles de empleados, un recorte de salarios e, incluso, se impusieron medidas draconianas como la cancelación de muchos días festivos.

Así, en 2015 el electorado rechazó la austeridad y puso en el poder a los socialistas, con el apoyo de comunistas y el bloque de otros partidos de extrema izquierda. Pero la crisis económica y la austeridad ya quedaron muy atrás para los portugueses y la tácita coalición de izquierdas llega muy desgastada al inicio de esta nueva década.

El rechazo a la derecha y a sus recortes ya no son un buen elemento aglutinador. Habrá que ver si la oposición a la extrema derecha de Chega, que solo tuvo un diputado en 2019 pero ahora podría llegar al 9%, según las encuestas, puede servir de pegamento para que la izquierda se mantenga en el poder.

De momento, las encuestas sitúan al Partido Socialista con una intención de voto del 39% frente al 27% de su principal rival, el partido de centroderecha PSD. Pero el eco de la pérdida de ayuntamientos importantes, como el de Lisboa, por los socialistas es un fantasma que les perseguirá en las próximas semanas.

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