Portugal, el milagro económico del país que desafió la austeridad

LA NACION

LISBOA.- Se reían de él. António Costa, un socialista de carrera que había perdido las elecciones, se lanzó a formar un gobierno en Portugal en alianza con la izquierda radical. Lo bautizaron con sorna la geringonça. Algo así como un "engendro", destinado al desastre en un país que venía de la quiebra y sufría los estragos de un ajuste monumental.

Pero como en las leyes de Murphy, pero al revés, casi todo lo que podía salir mal salió sorprendentemente bien. Al cumplir Costa dos años en el poder, Portugal vive un renacer económico que desafía el mandato de la austeridad que rigió en Europa desde la crisis del euro.

Un manifestante ondea una bandera portuguesa el 2 de marzo de 2013 en el centro de Lisboa. (AFP | Patricia de Melo Moreira)

Lejos de la ruina pronosticada, el país crecerá este año el 2,8%, el desempleo cayó a 8,5% -la mitad que el pico histórico registrado en 2013- y el rojo de las cuentas públicas cierra 2017 en 1,4%, el mínimo en 40 años, lo que le permitió salir de la lista negra europea de Estados con déficit excesivo.

El ministro de Finanzas, Mário Centeno, aplicó la receta de una revolución tranquila. Al mantener el gasto público congelado, aprovechó el repunte de la actividad y un boom impresionante del turismo para ejecutar medidas sociales pactadas con la izquierda: revirtió los recortes de salarios públicos y jubilaciones, subió el sueldo mínimo de 485 a 557 euros, bajó el IVA y paralizó privatizaciones.

A Centeno, que en 2015 lo trataban como un apestado en Bruselas, ahora le dicen "el Cristiano Ronaldo" de las finanzas europeas. Y ha sido nombrado recientemente jefe del Eurogrupo, el órgano que vigila el destino de la moneda común. "Nos enfrentamos a una desconfianza enorme y se equivocaron. La austeridad tal como se aplicó en Europa fue errada y parcial", opina el premier Costa, aunque se esfuerza por evitar estridencias.

¿Milagro o suerte? Analistas políticos y económicos prefieren hablar de un aprovechamiento astuto del cambio de ciclo en Europa.

"El gobierno percibió que podía hacer una política distinta, en un país que vivía una explosión fenomenal del turismo, de la inversión inmobiliaria extranjera y de las exportaciones. Esa coyuntura le permitió cumplir con Bruselas y a la vez honrar los acuerdos sociales con sus socios parlamentarios", explica el sociólogo e historiador António Costa Pinto, profesor del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa.

Nunca visto en el país

Jamás en la política portuguesa había funcionado un pacto entre las izquierdas. En un momento en que los socialistas sufren en Europa, parecía inviable el experimento: cómo podía sobrevivir Costa atado a la ortodoxia del Partido Comunista (PCP) y al Bloco de Esquerda (BE), un frente de izquierda urbana a menudo comparado con Podemos.

"La izquierda se moderó hacia una posición posibilista -señala Costa Pinto-. Ellos entendieron que cuatro años más de un gobierno de centroderecha iban a liberalizar mucho más la sociedad y amenazarían algunas de sus posiciones históricas, como los sindicatos".

El pacto -legislativo, pero no de gobierno- frustró al anterior primer ministro, Pedro Passos Coelho, ganador sin mayoría de las elecciones de 2015. Él era quien había administrado desde 2011 el rescate de 78.000 millones de euros que la UE le concedió a Portugal, a cambio de un estricto programa de ajuste.

Passos Coelho estaba convencido de que Portugal había llegado al borde de la ruina por haber hecho las cosas muy mal. Al revés que los griegos, iba más allá que el FMI con sus políticas. El recorte de salarios públicos llegó al 25%.

Adiós a la austeridad

"La austeridad siempre es un concepto relativo. Pero no hay ninguna duda de que si Passos Coelho hubiera formado gobierno en 2015 la receta habría sido de más ajuste. Lo que ha hecho el actual Ejecutivo es no introducir medidas adicionales de austeridad y decrecer lo que se había hecho en el pasado", indica el historiador económico Pedro Lains.

Destaca como factores decisivos la gestión del crecimiento y la paz social que aportaron los sindicatos, dominados por los comunistas. Y sobre todo el furor del turismo. Las cifras impactan: desde hace seis años la llegada de visitantes crece a un promedio de 10%. En 2017 fueron 12 millones (en un país de 10).

Lisboa es la ciudad de moda en Europa; un polo de diseño, bohemia e innovación que cohabita con ese aire de suave decadencia que siempre fue su marca registrada. Vive, de hecho, una crisis de abundancia: sus calles empinadas están desbordadas por el turismo masivo y una burbuja en los precios de propiedades que expulsa a los vecinos de los barrios céntricos. Rusos, chinos y brasileños disparan el éxito de un sistema de visados de residencia para inversores extranjeros. "La crisis provocó cambios terribles en Portugal. Fuga de cerebros entre los jóvenes, quiebra de empresas y una enorme angustia social. El desánimo emocional fue inmenso", relata Patrícia Lisa, experta en políticas públicas e investigadora del Real Instituto Elcano.

El factor psicológico

Una de las claves de la recuperación radica en la decisión política de levantar la moral de la gente. En eso, jugó un papel clave el presidente de la república, Marcelo Rebelo de Souza, del opositor PSD (centroderecha), que asumió 2016 y bate récords de popularidad.

"Costa y Rebelo, pese a ser de partidos rivales, formaron una entente fundamental en esto de sacar a los portugueses de la depresión", dice Lisa. En los casi dos años que llevan conviviendo en el poder la autoestima portuguesa se alimentó incluso por factores inesperados: la selección de fútbol ganó la Eurocopa; António Guterres asumió la secretaría general de la ONU; un cantante local ganó el concurso Eurovisión. Se alineaban los planetas.

La era de optimismo se interrumpió con los trágicos incendios forestales que entre agosto y octubre dejaron más de 100 muertos. Salió a la luz la fractura entre un país urbano que progresa y un interior superado por las carencias.

La pésima gestión del desastre por parte del gobierno agrietó la relación entre Costa y Rebelo. Por primera vez el líder socialista quedó a la defensiva. Los críticos dicen que la magia puede agotarse. "El gobierno impulsó una suerte de austeridad socialmente aceptable -opina el economista João César das Neves, profesor de la Universidad Católica de Lisboa-. Compró paz social, pero interrumpió las reformas estructurales. Todo puede complicarse en el futuro".

La deuda pública sigue siendo de las más altas en Europa (130% del PBI), el crecimiento tiende a moderarse y los índices sociales, pese a todo, recién alcanzan los niveles previos a la crisis.

Pero aun en horas difíciles Costa reafirmó su poder. Primero, con un triunfo en las elecciones municipales de octubre. Después, al superar una moción de censura por su actuación en los incendios. Y la semana pasada, con la aprobación del presupuesto de la mano de sus aliados de la izquierda. Que critican y presionan, pero siguen votando con el gobierno.

El "engendro" que sorprendió a Europa todavía resiste.

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