Es muy probable que tus hijos vean pornografía (aunque no te guste admitirlo)

Mariángela Velásquez
·8 min de lectura
Shocked and surprised boy on the internet with laptop computer concept for amazement, astonishment, making a mistake, stunned and speechless or seeing something he shouldn't see
Las primeras experiencias de los niños con la pornografía en internet ocurre por causalidad entre los 9 y los 10 años. (Getty Images)

Ningún padre querrá leer esto: Si tienes hijos y tienen acceso a internet es muy probable que ya hayan visto pornografía.

La mayoría de nosotros preferiríamos pensar que nuestros niños nunca se toparan con videos obscenos mientras navegan por el vasto océano digital. O que nuestros bloqueos de censura parental serán infalibles y el material inapropiado quedará vetado de los ojos de nuestros pequeños.

Pero la realidad es otra. Atrás quedaron los tiempos en que los adolescentes debían ingeniárselas para conseguir, y luego esconder, una revista con sexo explícito. Ahora tienen horas de videos pornográficos gratuitos al alcance de su manos, en su teléfono inteligente y en su ordenador.

Un informe publicado por la organización Save the Children, publicado en septiembre de 2020, asegura que 7 de cada 10 adolescentes consumen pornografía. Los chicos la ven casi a diario mientras que las chicas una vez a la semana.

Tu adolescente siempre te llevará la delantera y tendrá la curiosidad y la habilidad de encontrar cualquier contenido sin que te enteres. Y si te espabilas, tú tardarás mucho más que él en aprender a bloquearlo.

La brecha tecnológica es insalvable. En 1970, un niño estadounidense comenzaba a ver televisión a diario a los 4 años, mientras que en 2020 un bebé comienza a interactuar pantallas digitales a los 4 meses, según The Journal of Pediatrics Health Care.

La primera generación de pornonativos, que son los millennials nacidos en la década de los ochenta, creció sin que nos diéramos cuenta. Y lo peor es que aún no nos hemos puesto las pilas con una mejor educación sexual y ya comienzan a hacerse mayores sus hijos, los neopornonativos, que son niños que no recuerdan la vida sin la tecnología digital porque nacieron toqueteando un móvil o una tableta.

Un reportaje de El País, que desplegó ese panorama descarnado, explicó que el término pornonativos fue acuñado por Analía Iglesias y Martha Zein en el libro Lo que esconde el agujero. El porno en tiempos obscenos (Catarata).

Los sexólogos asturianos Iván Rotella y Ana Fernández Alonso aseguraron al diario que el porno ha distorsionado la visión del sexo de los niños y adolescentes, "y el inseparable teléfono está redefiniendo todo aquello que sucede antes de llegar a él: su forma de entender la seducción, la intimidad, las relaciones".

Ahora los niños españoles comienzan a ver contenido para adultos entre los 9 y los 10 años, fecha en que hacen la primera comunión y muchos recibe su primer móvil. El Instituto Nacional de Estadística (INE) de España dice que el 26 por ciento de los niños de 10 años tienen un teléfono inteligente, mientras que tres de cada cuatro niños de 12 años ya tienen uno. Casi todos los españoles de 14 años tiene un Smartphone en sus manos.

¿Por qué la pornografía ahora es diferente?

Cuando los expertos que advierten los peligros de la temprana exposición a la pornografía sobre la infancia y la adolescencia no desean volver al puritanismo. El mismo Rotella defendió el consumo de pornografía entre adultos como una práctica sexual sana.

Pero la pornografía online está disponible desde cualquier lugar que tenga conexión a internet, las 24 horas del día, los 7 días a la semana. Los chicos pueden acceder a ella de manera anónima y sin que les cueste un céntimo.

Los pediatras estadounidenses coinciden en que la tecnología ha empeorado la salud sexual de los niños. En el pasado, el contenido de la pornografía tradicional de alguna manera estaba regulado porque habían muchos ojos involucrados en el proceso, desde el editor de una revista, los anunciantes hasta las cadenas de distribución del cine para adultos.

En contenido de la pornografía online no tiene ningún tipo de censura y hay investigaciones que afirman que presentan formas más extremas y violentas de sexualidad que la pornografía tradicional.

La socióloga y experta en estudios para la mujer, Gail Dines, dijo a The Boston Globe que la pandemia ha intensificado el riesgo de que los menores miren este tipo de contenido, aunque sea de manera inintencionada.

La "pandemia dentro de la pandemia" porque los padres no pueden supervisar tanto a los hijos aunque los tengan muy cerca. Si hace 40 años, las madres hacían sus oficios mientras los hijos mientras manejaban bicicleta por la calle, ahora esas mismas madres teletrabajan frente a chicos que están encerrados, con la mirada fija en un ordenador.

Dines dice que los padres están saturados de la proximidad, de tener que guiar su educación online y de haber pasado las vacaciones de verano en confinamiento.

Pero los problemas no comenzaron con el coronavirus. Desde hace varios años, la pornografía ya se había convertido en la principal fuente de educación sexual de la generación tecnológica.

No solo es sólo pierden la inocencia

Las investigaciones del neurocientífico Mateusz Gola sobre los mecanismos cerebrales de motivación, recompensa y condicionamiento en su laboratorio de la Universidad de California en San Diego ha identificado claras diferencias en la actividad cerebral entre los consumidores regulares de pornografía y los que además tienen problemas de conducta.

Los usuarios problemáticos poseen una activación mucho mayor en el centro de recompensa del cerebro que responde al estímulo y motiva la gratificación. Gola explica que se trata de un condicionamiento pavloviano, que se parece a la necesidad de consumir alcohol o drogas en un adicto.

Pero no todos desarrollarán esa dependencia. Gola explica que aunque no son mecanismos idénticos es útil relacionar el hábito a consumir pornografía con el alcohol porque muchas personas beben, muchas beben de manera regular, pero un pequeño porcentaje alcanza el criterio de la adicción.

"El efecto que el porno tiene en el desarrollo cerebral es aún más polémico y menos investigado, por los problemas éticos de exponer a los menores a la pornografía".

Dines asegura que las pesquisas indican que los niños que han sido expuestos de manera continua a la pornografía sin una educación alternativa son más propensos a mostrar conductas de acoso sexual y violencia contra las mujeres, tienen menos empatía a las víctimas de violaciones, obligan a sus parejas emular escenas pornográficas durante el sexo y tiene más dificultades en tener vínculos íntimos sólidos con sus parejas cuando llegan a la adultez.

Los niños pequeños expuestos a la pornografía potencialmente podrían tener más problemas si no reciben una educación sexual que contrarresten esos mensajes.

La psicóloga infanto-juvenil Patricia Díaz Seoane dijo al diario El Mundo que cuando los niños y niñas ven pornografía tienen actitudes poco adecuadas para su edad "pues se exponen a cosas que su pensamiento no puede procesar y se genera una actitud o un modelo de relación inadecuado, o unos aprendizajes incorrectos o quizá un modelo acerca de las relaciones que no es real, pudiendo normalizarlo y considerar que eso es lo que se espera de ellos".

Advirtió que las chicas no están preparadas ni física ni cognitivamente para asumir las consecuencias de las relaciones sexuales. También la pornografía "normaliza" situaciones, prácticas y un lenguaje que no son habituales en el ámbito privado, "en busca de complacer a un varón que exige actos que pueden no ser ni los más cómodos ni los más agradables para las menores".

Una de las revelaciones interesantes de Rosella es que aunque las chicas todavía sienten vergüenza al admitir que miran porno, muchas no tienen reparo en admitir que practican sexting, como se le llama a la práctica de mandar y recibir mensajes e imágenes sexuales.

¿Qué hago si los descubro con las manos en la masa?

Dines recomienda que hay que evitar acorralar los niños si los encuentras mirando pornografía. Así que primero hay que mantener la calma y no pegarles cuatro gritos.

Es importante que los niños y los adolescentes se sientan con la libertad de hablar sobre sexo, sólo que hay que adecuarlo a su nivel de madurez. No es lo mismo hablar con una jovencita de 14 años que con una niña de 8.

No le des un sermón. Organiza tus ideas y dosifica la información que deseas trasmitir. Es mejor mantener conversaciones cortas donde compartas tus valores y tu visión sobre el sexo con tu hijo que un largo discurso que lo aturdirá.

No te sientas culpable por monitorear las redes sociales de tus hijos. Es frecuente que los adolescentes sean presionados para enviar fotos sugestivas o de sus genitales. Si le ocurre a tus hijos debes intervenir a tiempo.

Es una buena idea que establezcas una estación de recarga de móviles fuera de los dormitorios de tus hijos y que fijes una hora específica en la que todos deben entregar sus aparatos.

Da el ejemplo. Escucha a tus hijos y respeta su privacidad. No publiques fotos en tus redes sin su consentimiento.

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