Por qué ya no será tan fácil soltar bulos en las redes sociales y quedarse tan tranquilo

Imagen: International Business Times

Parece que el viejo dicho “se coge antes a un mentiroso que a un cojo” no aplica en las redes sociales, que en los últimos años se han convertido en el terreno ideal para dejar correr todo tipo de bulos. Cuanto más grandes e inverosímiles, mejor. Por ejemplo, en noviembre una cuenta falsa del ministro Luis de Guindos tuiteaba el fallecimiento del presidente del BCE, Mario Draghi, y hace pocos días unos traders proponían a México comprar Twitter (unos 12.000 millones de dólares) y cerrarlo en vez de gastar sus reservas para defender la divisa afectada por los tuits de Donald Trump. Era broma.

Quienes difunden y alientan bulos y bromas se van ‘de rositas’, con sus fantasías convertidas en trending topic, miles de nuevos seguidores, comentarios y ‘fama’ digital. Pero las cosas van a cambiar: el Parlamento británico ha decidido perseguirlos ‘de oficio’… y no será el único. La enorme influencia de las redes sociales se ha convertido en un arma tan peligrosa y efectiva que los gigantes de Internet también tendrán que asumir responsabilidades por lo que se hace en ellas.

De momento, el Parlamento británico ha llamado a la plana mayor de Google, Facebook y Twitter a comparecer en la Comisión de Cultura de la Cámara de los Comunes para ponerse a tiro de los diputados. De ahí se espera que pongan en marcha medidas para detectar y prevenir el crecimiento de ‘fake news’ como en la reciente campaña de las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Cada vez que se produce un acontecimiento importante, Internet se llena de fakes, informaciones malintencionadas y vídeos con los que se intenta confundir a los vecinos. Según la Asociación de Internautas, casi nueve de cada diez usuarios españoles de internet ha recibido algún tipo de bulo en su correo y un 6,5% (1,5 millones) afirma haber sido víctima de una estafa en la red. Un 35% recibe más de un bulo al mes por e-mail y el 75%, una oferta de trabajo falsa. Aunque nadie da cifras, el coste de estas mentiras genera daños millonarios en términos económicos y de reputación.

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Hace unos meses la Policía Nacional se vio obligada a emitir un comunicado alertando a los consumidores sobre los bulos más compartidos en las redes sociales y pedir a los ciudadanos que no viralizaran estos bulos a través de las redes y de aplicaciones de mensajería instantánea. Muchos de ellos estaban relacionados con secuestradores de niños, golosinas con drogas o frutas infectadas con el VIH.

La mayoría de los bulos son anónimos, pero citan fuentes fiables para generar confianza y usan como gancho temas que provocan miedo o morbo, o bien una invitación a ganar dinero fácil. El segundo elemento fundamental es incitar a las personas a reenviar el mensaje a listas de amigos con el argumento de que así ayudarán a resolver el problema. En realidad, su objetivo es captar direcciones de correo electrónico y teléfonos y hacerse con un ejército de seguidores a quienes difundir nuevos mensajes, enviarles virus informáticos e incluso comerciar con ello.

De momento Facebook ha puesto en marcha una iniciativa con periodistas y usuarios para evitar la circulación masiva de bulos y noticias falsas e incrementar la calidad de las noticias que se publican. También quiere reforzar sus lazos con los medios de comunicación, aunque aún no ha dicho cómo va a hacerlo.

Según el New York Times hay más de 20 millones de cuentas falsas en Twitter, lo que supone un 8,5% del total. La venta de seguidores falsos se ha convertido en un negocio lucrativo, donde destacan webs como Compra-seguidores.com, InterTwitter, SeoClerks FanMeNow, Fiverr, Subeposiciones.com y Social Presence. Comprar mil seguidores sale por unos 10 euros y 2.000 cuestan unos 17 euros (precio amigo). En este punto, hay que empezar a poner un poco de orden en el negocio.

La Otra Cara de la Moneda

Maribel Rodrigo

Idnet Noticias

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