Por qué se recupera Wall Street cuando todo pinta tan mal: el extraño optimismo del mercado

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Un broker se ríeUn comerciante se ríe antes de la campana de cierre en de la Bolsa de Valores de Nueva York, en Wall Street (Foto: JOHANNES EISELE/AFP via Getty Images)
Un broker se ríeUn comerciante se ríe antes de la campana de cierre en de la Bolsa de Valores de Nueva York, en Wall Street (Foto: JOHANNES EISELE/AFP via Getty Images)

En las últimas semanas, coincidiendo con el inicio del segundo trimestre, los mercados de acciones se han tomado un respiro y, en su mayor parte, se ha alejado de los peores días en pérdidas de marzo. A la hora de cerrar esta nota el índice Dow Jones lleva un mes en positivo y el S&P 500 ha ido recuperándose de su corrección. Incluso el indicador tecnológico Nasdaq ha recuperado posiciones tras su pero momento.

Todo ello ocurre mientras se acumulan señales que indican que la economía real está acechada por distintos riesgos y desafíos a nivel nacional e internacional.

La inflación está al alza y el crecimiento a la baja. Además la inconclusa situación con la COVID aún sigue dominando la sociedad y la economía de China, lo que indica que seguirá habiendo cuellos de botella en buena parte del comercio internacional. A todo ello hay que sumarle los efectos de la terrible guerra en Ucrania y las sanciones a Rusia.

Es algo que no pasa desapercibido en el mercado de bonos del Tesoro estadounidense, que a diferencia del de acciones, sigue en fuertes pérdidas con rendimientos al alza e invirtiendo la curva de tipos, una señal imperfecta de riesgo de recesión.

No es un escenario, el de la recesión, que estén contemplando directamente los economistas aunque lo que sí está en las previsiones es una fuerte rebaja del crecimiento económico global en un entorno plagado de riesgos.

¿Qué está impulsando las subidas en bolsa?

En una reciente comunicación a inversores Lisa Shalett, jefa de inversión y gestión de patrimonio de Morgan Staley explicaba que la reciente fortaleza en los mercados de acciones “puede no ser otra cosa que un rally en el bear market, animado por un fuerte optimismo y un exceso de liquidez”.

Shalett cree que los mercados están apostando por el éxito de la Reserva Federal a la hora de “llevar a la economía a un aterrizaje suave” con una subida de tasas de interés que reduzca la inflación con un mínimo de daño al crecimiento.

La analista considera que muchos inversores no están valorando la subida de tasas que prepara una Fed cuyo presidente ha dicho que nada le iba a impedir ir de 50 puntos básicos en 50 en el alza ni las complejidades que emanan del conflicto en Europa del Este entre otras circunstancias adversas.

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Un cartel de Wall Street se ve en el distrito financiero de Nueva York, EE. UU., 8 de noviembre de 2021. REUTERS/Brendan McDermid
Un cartel de Wall Street se ve en el distrito financiero de Nueva York, EE. UU., 8 de noviembre de 2021. (Foto: REUTERS/Brendan McDermid)

Con respecto a la guerra y las sanciones a Rusia, el economista jefe del FMI, , ha afirmado que si se sancionara el sector energético de Rusia el PIB global se contraería un 2% más.

Todos estas realidades han llevado al Comité Global de Inversión de Morgan Stanley a tomar distancia con este optimismo entre los inversores de acciones y leer las señales de cautelas que manda el mercado de bonos.

¿Dónde están las preocupaciones?

En la posibilidad de que la subida de tasas sea rápida y se acabe el año con estas al 2.5% y en 2023 al 3.5%. Una acción a la que se une la rebaja del balance de la Fed en $95,000 millones al mes— por encima de lo que esperaba el mercado—, posiblemente a partir de junio. Una maniobra complicada para un deseado “aterrizaje suave” que normalmente ha pesado en los mercados.

Desde Morgan Stanley se cree que las subidas de tasas no van a ser temporales, que serán más elevadas de lo que esperan los inversores y habrá un impacto “en esas reales y valoraciones como resultado”.

Para este banco de inversión, las empresas de alta capitalización y crecimiento que han dominado los índices pasivos pueden encontrarse afectados por cambios entre los que se encuentran los mayores costes para las empresas (laborales, logísticos, energéticos y de costes de materias primas), la transición del consumo de bienes (aupado durante las restricciones de movilidad durante la COVID)al de servicios, el menor crecimiento económico, la política zero COVID en China y la posible recesión en Europa como efecto de la guerra.

A medida que las condiciones financieras se endurecen y la economía reduce su crecimiento Shalett cree que las ganancias en índices pasivos no van a ser sustanciales y los inversores deben estar atentos a las revisiones de resultados de las empresas para verificar quien es o no inmune a la nueva realidad.

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