¿Por qué siguen votando a Trump? Por el filtro burbuja que desconoces y también te engaña a ti

Donald Trump no ha recibido la paliza que parecía que iba a recibir. Vamos a escándalo diario del presidente de Estados Unidos. Escándalos que tienen en alerta a medio mundo, su país incluído. Y, sin embargo, en las primeras elecciones a las que se enfrenta tras ganar la presidencia, Trump sigue a flote.

¿Por qué?

Porque cada vez estamos radicalizándonos más. A falta de resultados definitivos, lo que se observa en los datos que ya tenemos de las elecciones legislativas en Estados Unidos es que los votantes moderados -los de centro, centro derecha y centro izquierda- que antes eran la gran mayoría de electores, ahora han escorado a los lados. Es decir, que el grueso del electorado está formado por gente mucho más a la izquierda, y mucho más a la derecha, sin posibilidad de diálogo o encuentro.

¿Desde cuándo?

Desde la aparición y auge de las redes sociales. En patios de colegio como Twitter nos vemos “obligados” a defender nuestras posturas, y a base de buscar argumentos que refuercen lo que opinamos -y a base de corregir y/o atacar a los que no piensan como nosotros- nos aferramos aún más a lo que pensábamos.

¿Hay más?

Sí, porque ya casi ni discutimos, ni debatimos, ni escuchamos las opiniones de los demás. Nos hemos encerrado en nuestra burbuja. El filtro burbuja de internet. La red termina mostrándonos sólo lo que queremos ver, la visión del mundo con la que estamos de acuerdo. Y nos oculta todo lo demás: otras opiniones, otros sesgos, otras maneras de ver la vida.

Dejamos de consumir información ponderada -los medios tradicionales- y consumimos, como si fuera la verdad absoluta, nuestra verdad.

Con lo que nos volvemos más radicales en nuestra propia ideología. Más imbéciles. Menos tolerantes hacia la diferencia.

Más ultras. Radicales.

 

¿Es grave?

Se extiende a todos los ámbitos digitales. También cuando buscamos algo en Google. Imaginad que tecleo Barça en el buscador. Es probable que los resultados que me ofrezca Google tengan que ver con el ámbito informativo -por mi trabajo de periodista-. Si la búsqueda la hace un seguidor del Barça le dará otras páginas en las que hacer clic -quizá más sesgadas hacia la idealización del equipo: somos los mejores, eso era penalti, los árbitros conspiran en nuestra contra-. Si quien introduce Barça en Google es un madridista los resultados que obtendrá serán webs que critican al rival -los árbitros favorecen al Barça, etc, etc-.

Estamos empezando a vivir la vida dentro de una “burbuja de filtros”, expresión acuñada por Eli Parisier, que, en “El filtro de la burbuja” (editorial Taurus), nos cuenta cómo estamos viviendo, sin ser conscientes, en universos de información personalizada, burbujas a las que sólo acceden las noticias que coinciden con nuestros intereses y preferencias, lo que limita nuestra exposición a ideas, opiniones y realidades ajenas, y afecta al funcionamiento de la democracia”.

¿Que no es para tanto?

 

La burbuja nos devuelve un mundo que se adapta a nosotros a la perfección. Un lugar en el que habitan nuestras ideas y personajes favoritos. No se trata sólo de la personalización de la publicidad, de que las webs nos muestren ese artículo que acabamos de ver en Amazon o nos insistan en machacarnos con anuncios de talleres porque hemos buscado cuál es la presión de la rueda de nuestro coche, o nos suban la prima del seguro médico porque acabamos de consultar rutas para ir de turismo mochilero este verano.

La burbuja es peligrosa precisamente porque va más allá de la publicidad, y también porque no la vemos. Nos muestra en Facebook las opiniones de los amigos con los que más congeniamos -porque hemos clicado más en sus enlaces-. Nos ofrece en Tinder las parejas que piensan como nosotros. Nos selecciona las noticias con las que estamos de acuerdo. Nos ofrece un restaurante para ir a cenar. Todo siguiendo el rastro de intereses que hemos ido dejando en la web. “Quedamos atrapados en una versión estática y cada vez más limitada de nosotros mismos, en un bucle infinito sobre nosotros mismos”.  Apenas hay margen para aprender, para los encuentros casuales, para otros puntos de vista que nos hagan más sabios y tolerantes.

Y todo esto, en un mundo online en el que cada vez pasamos más horas, y en el que ya no somos nosotros los que vamos a buscar la información a prensa online -que también están comenzando a aplicar esos filtros y a mostrar sus homes diferenciadas para cada usuario- sino que es esa información sesgada la que viene a buscarnos a nosotros a nuestras redes sociales, metiéndose en nuestros móviles y en nuestros ordenadores.

Sin que seamos conscientes de ello.