Por qué nos empeñamos en tener propósitos de Año Nuevo aunque los rompamos una y otra vez

Mariángela Velásquez
·5 min de lectura
Empty asphalt road and New year 2021 concept. Driving on an empty road in the mountains to upcoming 2021 and leaving behind old 2020. Concept for success and passing time.
Fijarnos metas al inicio de un año calendario nos facilita su consecución. (Getty Images

Si comenzaste el Año Nuevo sin una lista clara de propósitos no estás solo. La mitad de mis objetivos del año pasado, como llevar a mis hijas a conocer a su nona en Italia, quedaron anulados por una conmoción mundial que estaba completamente fuera de mi control. Y no me había animado a rehacerla.

Pero decenas de personalidades y motivadores insisten en que si deseamos tener un año más satisfactorio debemos jerarquizar las metas en las que concentraremos nuestros mejores esfuerzos. Me he encontrado con los consejos más variados, desde la sugerencia de prestarle más atención a la masturbación para mejorar nuestra vida sexual hasta reducar los hábitos personales más básicos como mirar menos televisión, acostarnos más temprano y ahorrar.

Y aunque todas las recomendaciones suenan razonables, le pregunté a la psicóloga española Isabel Ávila Nieto por qué tenemos el impulso de iniciar un nuevo capítulo de nuestras vidas cuando comienza un año. ¿Qué nos lleva a hacer dietas, ejercicios y planes que seguramente olvidaremos en unas cuantas semanas?

Ávila Nieto dejó claro que no se trata de un impulso porque al llamarlo así damos por hecho que es algo interno.

Fijarnos metas de año nuevo "no es intrínseco del ser humano, ni sucede en todas las culturas ni ha sucedido en todos los tiempos... Si fuera un impulso humano, lo tendríamos todos, independientemente del momento o lugar en el que hayamos nacido".

La psicóloga recordó que otras culturas tribales, como los maoríes de Nueva Zelandia o en las tribus amazónicas, no tienen ese tipo de prácticas. "Ellos viven la vida de una manera muy diferente".

Constructo social

Los propósitos de Año Nuevo son "un constructo social, marcado en una sociedad del hacer, del consumir, del tener, del conseguir. Son propósitos que nos ponemos porque tenemos que hacer cosas para sentir que nuestra vida está teniendo sentido. Y que vale la pena vivirla", dijo la experta en conducta humana.

¿Qué hay entonces detrás de estos propósitos? ¿Cuál es la explicación psicológica de esta conducta?

Se trata de una historia de aprendizaje. Es un proceso en el que nuestra historia vital, dependiendo del contexto al que pertenecemos, nos ha ido conformando como personas. Y esa configuración incluye nuestra forma de pensar, de sentir y de comportarnos.

Las sociedades y culturales occidentales están basadas en el tener y en conseguir. "El hacer es único camino para la validación de la vida humana".

Para ser validados, reconocidos y queridos debemos conseguir objetivos. Entonces nos ponemos en acción para estar más sanas, más delgadas, tener más dinero (o al menos aparentarlo), tener una casa más grande, o más o menos hijos, dependiendo del contexto cultural.

La sociedad nos ha enseñado que esa lista de logros nos llevará a la felicidad y que dará sentido a nuestras vidas.

Las redes sociales y los episodios de nuestras vidas que publicamos en ellas tienen que ver con estos aprendizajes sociales, a lo que creemos que es la felicidad y a nuestra pertenencia de grupo.

Así esperamos el momento en que "podamos publicar las fotos en Instagram con desayunos increíbles como los demás, con tostadas con aguacate ecológico, o ir a la playa o hace no sé qué cosas".

Pragmatismo

Ávila Nieto agregó que, además de la socialización, existen otros motivos más pragmáticos a la costumbre de fijarnos metas cuando comienza un año.

"Los humanos funcionamos mejor en períodos de tiempo que tienen que ver con algo establecido de manera social o natural. En este caso tenemos las dos cosas. Está establecido que el año comienza el 1 de enero, pero temporalmente estamos hablando de un año, 365 días, que es algo absolutamente natural".

Hemos aprendido que los finales de año (o de curso escolar) son un buen momento para reflexionar sobre qué ha sucedido, qué quiero que suceda, que cosas no he alcanzado este año.

No es lo mismo que nos hagamos las objetivos el 5 de marzo. El hacerlo en estas fechas nos facilita la consecución, nos permite discriminar cuánto tiempo tenemos para realizarlos.

Una tercera razón de las resoluciones es el reforzamiento social. En España, por ejemplo, muchos salen del trabajo a beber alcohol con los amigos porque es una actividad que está reforzada por la sociedad, en especial, por la industria publicitaria.

El bombardeo de informaciones en los medios sobre los propósitos de Año Nuevo forman parte de ese reforzamiento social.

La sociedad es la que va moldeando qué cosas debemos y podemos hacer y cuándo. "Todos funcionamos así. Se señala cuál es el comportamiento que se espera de nosotros ahora y es lo que hacemos. Vamos por ello".

Luego de analizar las palabras de Ávila Nieto concluí que no me creo inmune a la necesidad de ser validada por los otros. Y aunque a veces lo quisiera no crecí en una tribu yanomami de Brasil o mi Venezuela natal, sino que vivo y trabajo en Madrid. Así que es posible que, aunque no lo admita, pronto tenga una lista de propósitos para el 2021 que recién ha comenzado.

Espero que sea una lista corta y flexible. Que pueda ir reconfigurando de acuerdo a los desafíos que encuentre en el camino y que tome en cuenta todos mis pequeños éxitos, aunque sean imperceptibles para los otros.

Espero que mi 2021 se convierta en el año de los logros intangibles.

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